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Francisco: el diablo crea una “guerra sucia” para dividir a la Iglesia

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El diablo trata de destruir a la Iglesia con las divisiones y con el dinero, con una «guerra sucia» en la que siembra «celos, ambiciones, ideas, pero para dividir», o siembre «codicia». Lo volvió a decir Papa Francisco en la Misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta. Afirmó, partiendo del regaño de San Pablo a los Corintios por sus discusiones, que con tal de dividir, el diablo trata de atacar la que es la raíz de la unidad, es decir la celebración eucarística.

Jorge Mario Bergoglio dijo que «el diablo tiene dos armas muy poderosas para destruir a la Iglesia: las divisiones y el dinero», un concepto que había expresado hace pocos días en la audiencia que concedió a los obispos que participaron en un seminario que se llevó a cabo en Roma organizado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (Propaganda Fide). Esto, dijo el Papa, según lo que indicó la Radio Vaticana, ha sucedido desde el inicio: «Divisiones ideológicas, teológicas, que laceraban a la Iglesia. El diablo siembra celos, ambiciones, ideas, ¡pero para dividir! O siembra codicia». y, como sucede tras una guerra, «todo está destruido. Y el diablo se va contento. Y nosotros, ingenuos, seguimos su juego. La de las divisiones es una guerra sucia – repitió una vez más el Papa –, es como un terrorismo», como el terrorismo de los chismes en las comunidades, el de la lengua que mata, «arroja la bomba, destruye y yo permanezco».

«Y las divisiones en la Iglesia no dejan que el Reino de Dios crezca, no dejan que el Señor se haga ver bien, como Él es. Las divisiones hacen que se vea esta parte, esta otra parte en contra ésta y contra de… ¡Siempre contra! No hay aceite de la unidad, el bálsamo de la unidad. Pero el diablo va más allá, no sólo en la comunidad cristiana, va precisamente a la raíz de la unidad cristiana. Y esto es lo que sucede aquí, en la ciudad de Corinto, a los corintios. Pablo los reprende —explicó Bergoglio— porque las divisiones llegan justamente, precisamente a la raíz de la unidad, es decir, a la celebración eucarística».

En el caso de los Corintios, se hacen divisiones entre los ricos y los pobres justamente durante la celebración eucarística. Jesús, subrayó el Papa, «ha rezado al Padre por la unidad. Pero el diablo trata de destruir hasta ahí». «Yo les pido —exhortó— que hagan todo lo posible para no destruir a la Iglesia con las divisiones, ya sean ideológicas, que de codicia o de ambición, o de celos. Y sobre todo, recen para custodiar la fuente, la raíz propia de la unidad de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo y del que nosotros – todos los días – celebramos el sacrificio en la Eucaristía».

San Pablo habló de las divisiones entre los Corintios, hace 2000 años, pero «esto puede decirlo Pablo hoy a todos nosotros, a la Iglesia de hoy. ‘¡Hermanos, en esto, no puedo alabarlos, porque se reúnen no para lo mejor, sino para lo peor!’. La Iglesia reunida toda para lo peor, para las divisiones: ¡para lo peor! ¡Para ensuciar el Cuerpo de Cristo en la celebración eucarística! Y el mismo Pablo nos dice, en otro pasaje: ‘Quien come y bebe el Cuerpo y Sangre de Cristo indignamente, come y bebe la propia condena’. Pidamos al Señor la unidad de la Iglesia, que no haya divisiones. Y la unidad también en la raíz de la Iglesia, que es precisamente el sacrificio de Cristo, que cada día celebramos».

En la celebración estuvo presente también Mons. Arturo Antonio Szymanski Ramírez, arzobispo emérito de San Luis de Potosí (México), que cumplirá 95 años el próximo mes de enero. Al comienzo de la homilía el Papa lo citó, recordando que participó en el Concilio Vaticano II y que hoy ayuda en la parroquia. El Pontífice lo recibió en audiencia el pasado 9 de setiembre.

Además, a partir de hoy y hasta el próximo miércoles, Papa Francisco preside una nueva reunión del Consejo de los nueve cardenales que le ayudan en el gobierno de la Iglesia universal y en la reforma de la Curia, en llamado «C9». 

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