Aleteia

¿Podrías “cargar” tu mente en un superordenador después de morir?

© Ken Ammi
Comparte

El transhumanismo, un movimiento cultural e intelectual de escala mundial que busca transformar la condición humana actual mediante la aplicación de tecnologías

El transhumanismo, para explicarlo brevísimamente, es un movimiento cultural e intelectual de escala mundial que busca transformar la condición humana actual mediante la aplicación de tecnologías para superar limitaciones propiamente humanas. En cierto sentido, se trata de una especie de revival del positivismo del siglo XIX, que procuraría dotar a los seres humanos de una existencia libre de sufrimiento, dolor, esfuerzo que, en última instancia, superaría incluso la barrera de la muerte (física o psíquica) mediante el uso de tecnologías que estarían ahora desarrollándose, o que están aún por desarrollar.

Una de las maneras en las que el transhumanismo plantea la posibilidad de la superación de la muerte es la llamada “copia cerebral”: la posibilidad de transferir toda la información almacenada en la mente de un ser humano, convertida en datos digitales, a un disco duro conectado a un súper ordenador.

Esta transformación, aseguran las voces del transhumanismo, nos permitirían “vivir en un mundo de experiencias virtuales infinitas y, de hecho, alcanzar la inmortalidad (siempre y cuando alguien se acuerde de hacer copias de seguridad y nadie nos desconecte”, como bien señala Richard Jones en un artículo publicado en El País. Si suena a ciencia ficción, es porque en efecto hay mucho de ello en el movimiento transhumanista.

Sin embargo, la idea de la “copia cerebral” no sólo es imposible por razones puramente técnicas (cabría preguntarse cómo recopilar la información que circula entre los billones de conexiones de las aproximadamente 85.000 millones de neuronas que tiene el cerebro, con las capacidades de los ordenadores de hoy, y eso si es que entendemos la mente sólo como un epifenómeno de la corteza cerebral) sino, además, por algunas otras variables tanto más fundamentales como, por ejemplo, la suposición de que la mente humana puede reducirse a bits de información digitalizable.

De hecho, la pretensión de reducir la mente humana a un fenómeno cerebral implica suponer, además, que de lograr hacer una copia del cerebro, podríamos entonces comprender la manera en la que la “información mental” recorrería los “circuitos neuronales”. El detalle está en que la metáfora que supone que el cerebro es un circuito es sólo eso: una metáfora, y bastante inexacta, que se resiste a la sencilla lógica binaria de los unos y ceros. El cerebro, lejos de ser un diseño “digital”, obedece a procesos mucho más complejos, producto de un diseño, digamos, “natural”.

Para leer el texto completo de Jones, en El País, puede hacer clic aquí.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.