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Beck Weathers, la “muerte” en el Everest que salvó su vida

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Una de las mayores tragedias en el Everest cambió radicalmente su vida

Beck Weathers es un hombre milagro. Estuvo muerto en el Everest, pero la providencia quiso darle una segunda oportunidad. Sobrevivió a una de las mayores tragedias de la historia en el Everest, cuando en 1996 fallecieron nueve personas. La historia de esa expedición y de sus supervivientes será recordada por la película: «Everest».

“Recuerdo vagamente haber muerto el 10 de mayo, cuando el frío me anestesió y fui desvaneciéndome poco a poco, sin saber entonces que iba a experimentar mi primera muerte. Al día siguiente, a última hora de la tarde, cuando el sol ya descendía hacia el horizonte, regresé de la muerte y abrí los ojos”, muestra Beck Weathers al comienzo de su libro “Dado por muerto”.

El diario español El Pais le ha entrevistado y en esa entrevista destaca que perdió muchas cosas: un brazo, los dedos de su mano izquierda y su nariz, pero sin embargo ganó algo importante recuperó a su familia y enderezó una vida errática.

“Lo más duro cuando regresé a casa fue conservar mi matrimonio que, básicamente, se había deshecho. Siempre he querido a Peach, mi esposa, y la sigo queriendo (inmensamente) pero una de las grandes verdades es que simplemente querer a alguien no es suficiente”, explica Beck Weathers.

Cuando sucedió lo del Everest, era su matrimonio lo que estaba a punto de morir.

“Tienes que estar ahí cuando lo necesite, y eso es probablemente lo que peor se me daba, así que tuve que convencer a Peach de que, pasara lo que pasara en el resto de nuestras vidas, en el futuro estaría siempre ahí para ella y los niños y que serían mi prioridad número uno para el resto de mi vida. Tuve que asegurarme de que entendía que lo decía en serio para volver a conseguir su confianza. Eso fue lo más duro”.

En su entrevista muestra cuáles son las razones que llevan a escalar el Everest y confiesa que la escalada para él, “fue un intento de afrontar la depresión que llevaba sufriendo más de veinte años”.

Explica que su enfermedad, la depresión, le convirtió en un ser infeliz con una afición egoista: “Te vas solo a escalar y dejas a tu familia con un gran estrés”. “Si no aprendes nada después de haber muerto, es que algo mal estás haciendo”, añade: “Los cambios físicos a los que fui sometido, la perdida de ciertas partes de mi cuerpo, fueron lo que cambiaron mi perspectiva, y me di cuenta de que si no cambiaba me quedaría solo. Perdería a mi mujer y a mis hijos, a los que tanto quiero. Esto habría sido devastador.”

En la desgarradora entrevista confiesa que incluso pensó en el suicidio antes de su dramática situación en el Everest. Luego todo fue diferente: “Pensé que por la depresión y por pensado en suicidarme, no me importaría morir, pero cuando llegó ese momento, me di cuenta de que no estaba preparado”.

Su experiencia en el Everest no la muestra como traumática, sino como purificadora: Para mí fue algo que pasó y que cambió mi existencia. Pero en general me la cambió a mejor y tendría que decir que volvería sin pensármelo dos veces porque gané mucho más de lo que perdí, aun sabiendo cuánto dolor y sufrimiento nos causó a mi familia y a mí. A la larga, esta tragedia salvó mi vida familiar y me ha dado una perspectiva de la vida y una paz que antes no tenía”.

Puedes leer aquí la entrevista íntegra

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