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Pío XII, un héroe en la lucha contra Hitler, según el National Geographic

Jared Enos-cc
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Un documental investiga sobre la implicación del Papa Pacellí en una de las conspiraciones para matar al dictador

Las escenas del comienzo de Pope vs. Hitler (el papa contra Hitler), un nuevo docudrama del canal National Geographic, yuxtapone a dos jóvenes católicos que reciben la eucaristía en la Europa previa a la Primera Guerra Mundial. Se retrata a un joven Adolf Hitler como indiferente y resentido cuando el obispo lo confirma, mientras que Eugenio Pacelli es investido durante un rito de ordenación.

Aunque el actor que hace el papel del primero se puede confundir con prácticamente cualquier adolescente de hoy en día, uno se pregunta qué provocó que este joven católico autriaco se convirtiera en uno de los monstruos morales de la historia, un hombre que juró “machacar a la Iglesia como a un sapo”.

Durante dos horas, el guionista y director Chris Cassel conduce al espectador hacia un viaje trepidante entre la Alemania de Hitler y la Roma de Pacelli, en un análisis de la hasta ahora parte secreta de la historia de la Segunda Guerra Mundial: la de Pacelli, como papa Pío XII, muy involucrado en una conspiración para asesinar a Adolf Hitler cuando estaba claro que un tiranicidio podría evitar el Holocausto y la destrucción de Europa.

Un secreto hasta que el historiador Mark Riebling expuso la hipótesis en su libro La iglesia de los espías, de 2015. El libro de Riebling, fruto de 18 años de investigación, fue la inspiración para el especial de National Geographic, según contó Cassel al público el jueves por la noche en Nueva York.

Los espectadores no verán aquí una “apaleamiento” a Pío, como se ha visto en otras ocasiones durante las últimas cinco décadas, donde, en el peor de los casos, han catalogado al papa en el periodo de guerra como simpatizante de los nazis o como un débil, un conformista intimidado que guardó silencio a pesar de la persecución a los judíos.

En su lugar, la pregunta que cierra los 120 minutos de mezcla de espionaje dramatizado del Vaticano con entrevistas con académicos es: “¿Hubiese sido correcto que el líder de la Iglesia Católica cometiese un asesinato, incluso si fuese el asesino de una persona tan malvada?”.

Sin embargo, asesinato no es la palabra correcta, pues la esperada conspiración no hubiese sido la muerte de un inocente, sino en línea con la teoría de la guerra justa. La película hace un guiño a Santo Tomás de Aquino, quien escribió sobre la justificación del tiranicidio.

Pero el padre George W. Rutler, autor de Spiritual Combat 1942-1943 (Combate espiritual: 1942-1943), remarcaba que el tiranicidio debía ser una acción de la gente, no un capricho personal.

“No creo que el papa tuviese ninguna culpa”, afirmaba el padre Rutler durante una mesa redonda tras una proyección del largometraje en el centro Sheen Center for Thought & Culture en Bajo Manhattan. “Simplemente creo que estaba esperando a que se realizara esta acción de la forma más directa y adecuada”.

La conspiración del Vaticano no tuvo éxito, por supuesto, y Hitler falleció (con sus propias manos) solo cuando vio que Alemania iba a ser derrotada.

Pero el papa no fue el único que intentó acabar con el Führer. Según Cassel, existieron unas 40 conspiraciones para acabar con el dictador. Las más conocidas se han incluido en la película, como el atentado del 20 de julio de 1944 con Claus von Stauffenberg, un católico arrepentido, a la cabeza.

Cassel, que es católico, afirmó que el número real de atentados contra la vida de Hitler contrasta con el estereotipo alemán de los años 30 y 40 de “esclavos descerebrados de Hitler”. Existía, dijo, “una clandestinidad cristiana bastante fuerte en Alemania”.

“Hitler nunca acabó con la fe ni con el espíritu libre de estas personas”, dijo. “El alemán decente existía”.

El documental ofrece una oportunidad a los críticos de Pío para expresar sus opiniones, pero deja definitivamente una buena impresión del papa Pacellí.

De hecho, uno de los ponentes en el Sheen Center, Gary Krupp, presidente de la fundación Pave the Way, admitió que la deportación de judíos desde Roma el 18 de octubre de 1943 podría haber sido mucho peor si Pío no hubiese intervenido.

“El papa Pío XII envió a su sobrino para que tuviera un encuentro con el gobernador general de Roma y le amenazó con hablar vehementemente en contra de la detención de judíos en Roma y el movimiento nazi”, dijo Krupp, quien afirmó que ha estado destapando documentos de los archivos del Vaticano en apoyo al último papa. La fundación de Krupps trabaja para mejorar las relaciones entre religiones.

El gobernador general nazi, dijo, sabía que si no hubiese parado las detenciones y Pío hubiese cumplido su amenaza, “podría haber provocado revueltas en toda la Europa católica”. Por tanto, los 11.000 judíos que quedaban en Roma fueron perdonados.

Riebling puntualizó que una de las preocupaciones que hizo que Pío se mantuviese con gran discreción fue la posibilidad de una división en la Iglesia.

“Si hubiese obligado a los católicos alemanes a elegir entre el papa y Hitler, muchos de ellos habrían elegido a Hitler, no necesariamente porque era un genocida, sino porque era alemán”, afirmó Riebling.

“No fue silencioso”, insistió Krupp. “Cualquier persona con un ordenador puede ver los archivos entre los años 1939 y 1958 del New York Times y buscar ‘Pío XII y judíos’: verán cientos de artículos, y ni uno negativo”.

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