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Bendice Papa instituto del diálogo interreligioso avalado por la OEA

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Urge condenar la violencia y el terrorismo. Deben hacerlo todas las religiones, juntas y rotundamente. Pero se necesita una alternativa real a las “acciones abominables” de los fundamentalistas. La única opción es el diálogo, sincero y respetuoso. Y también una acción coordinada en temas de interés común, como la defensa del medio ambiente. Por eso Francisco bendijo hoy un nuevo Instituto de Diálogo Interreligioso de las Américas, un organismo avalado por la OEA. A sus impulsores los animó a salir de las fronteras de la región y llevar su mensaje a todo el mundo. La mañana de este jueves, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico del Vaticano, el Papa recibió en audiencia a los 105 participantes en el encuentro “América en diálogo. Nuestra Casa Común”. Procedentes de 18 países distintos, pertenecen a las tres religiones monoteístas principales: judíos, musulmanes y cristianos. Entre ellos se contaron integrantes de supremas cortes de justicia de diversos países (Argentina, Chile, México), ministros, funcionarios e incluso la vicepresidente de Honduras, Lorena Herrera. Sin importar el protocolo, ni el rango de los invitados, al llegar al salón el Papa tuvo un gesto. Primero abrazó a sus amigos: el rabino Daniel Goldman, el sacerdote Guillermo Marcó y el exponente musulmán Omar Abboud. Con ellos empezó todo. Allá por el año 2005, cuando ellos le propusieron al entonces cardenal de Buenos Aires firmar una declaración contra el fundamentalismo junto a asociaciones judías e islámicas. Aquello fue el inicio del original Instituto del Diálogo Interreligioso. En su discurso, el líder católico delineó los trazos de sus expectativas sobre el diálogo y puso en guardia contra los peligros. “Constatamos con dolor que, a veces, el nombre de la religión es usado para cometer atrocidades y, en consecuencia, las religiones son señaladas como responsables del mal que nos rodea. Es necesario (.) tomar distancias de todo lo que busca envenenar los ánimos, dividir y destruir la convivencia; hace falta mostrar los valores positivos inherentes a nuestras tradiciones religiosas para lograr un sólido aporte de esperanza”, señaló. Y siguió: “Es necesario que compartamos los dolores como también las esperanzas, para poder caminar juntos, cuidando el uno del otro, y también de la creación, en defensa y promoción del bien común. Qué bueno sería dejar el mundo mejor que como lo encontramos. Es lindo eso, en un diálogo habido hace un par de años, un entusiasta del cuidado de la casa común decía: tenemos que dejar para nuestros hijos un mundo mejor. Y ¿habrá hijos para eso?, contestó el otro”. Justamente el cuidado del medio ambiente, bajo la inspiración de la encíclica “Laudato Sii”, fue el tema que inspiró el primer encuentro interreligioso de estos 7 y 8 de septiembre. Un asunto para nada teológico. El Papa mismo, en su discurso, dio las claves para comprender el por qué del tópico abordado. Entre otras cosas explicó que “el creyente”, sea de la religión que sea, debe ser “un defensor de la creación y de la vida”, al mismo tiempo que “no puede permanecer mudo o de brazos cruzados ante tantos derechos aniquilados impunemente”. “El mundo constantemente nos observa a nosotros, los creyentes, para comprobar cuál es 

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