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Criminal: Un rato entretenido para una idea casi original

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El nombre de Jericó para el protagonismo es una declaración de intenciones: muchos muros van a caer

“Criminal” es una película que está entre lo bueno y lo regular. La idea de la trama como tal no es nueva: vamos a coger los recuerdos de un hombre muerto e implantarlos en otro. Las películas futurísticas como Blade Runner y Johnny Mnemonic participaban de esa misma idea: implantes de recuerdos. Pero en “Criminal” la historia está rodada como si pudiese hacerse en el momento presente. Así que la película busca realismo… y lo encuentra. Lo encuentra en la buena actuación de un sobrado Kevin Costner, en el que, como se suele decir, recae todo el peso de la película.

La novedad de la idea es: vamos a coger a un agente de la CIA, bueno, listo y honrado, y tras su muerte y porque necesitamos sus recuerdos (lo matan en los 5 primeros minutos de la cinta) se los vamos a traspasar a un convicto, que, primero, es convicto y se va a dejar hacer eso, y segundo, resulta que parte de los lóbulos cerebrales no los ha desarrollado por una lesión infantil.

Hasta ahí de lo más normal, ¿cuál es la novedad? Que ese convicto, Jericó (Kevin Costner), es alguien sin sentimientos ni emociones precisamente por dicha lesión. Así que vamos a ver una película en la que la trama “profunda” reside en el aprendizaje en 48 horas de todo tipo de emociones por parte de un delincuente violento, especialmente aquellas referidas al cuidado, al amor y al cariño.

Es ahí donde Costner logra sacar lo mejor de sí. En el inglés original, su voz está rota y rasgada, lo que da mayor profundidad al personaje. No deja de ser interesante la pregunta ¿pueden los recuerdos cambiar a alguien?, ¿hacerle ver algo bueno donde antes no veía nada? Es una metanoia, un cambio de pensar y vivir. El nombre de Jericó para ese convicto es una declaración de intenciones. Y la película va a seguir ese proceso.

Sin embargo, y a la vez, “Criminal” es una como tal una película de acción. Y da lo que promete: tiros, peleas, y algunas escenas de persecuciones de coches bastante buenas. La idea de “recordar una identidad” y el tipo de acción que se da, tiene pinceladas del primer Jason Bourne.

Así que quien busque acción no se va sentir defraudado: está bien inserta, está bien hecha y tiene sentido. Pero tiene sentido porque está entramada y justificada en el guión. Esos recuerdos pueden salvar el mundo de una catástrofe mundial. Lo mejor son sin duda los primeros 45 minutos de la película, que son una gran y buena introducción de personajes e historia. Porque tras el implante, Costner escapa (minuto diez, no desvelamos nada) y a partir de ahí el gran villano que quiere esos recuerdos, la CIA que quiere recuperarlos y algunos más, van en su busca.

Costner se enfrentará a dilemas morales insospechados, pues está viendo en su interior una vida que no es suya y que resulta ser una confrontación constante con lo que él ha sido y vivido (más o menos la segunda parte de la película). Y ahí empieza a decaer la jugada. Cierto buenísmo, algún toque demasiado ñoño y una que otra escena poco bien solucionada (Costner conocerá a la mujer del fallecido y a su hija y casi “nos hacemos un lío de guión”), hacen que lo que podía ser una buena película se convierta en una película de bien-regular. El villano está interpretado por Jordi Mollà, y no lo hace mal del todo, pero en el cinco pelado.

El reparto es de primer orden. Tommy Lee Jones como el doctor que realiza la operación, Gary Oldam como jefe de la CIA, Ryan Reynolds como el agente fallecido de la CIA y Gal Galdot como su difunta esposa. Quizás los mejores sean Lee Jones y Reynolds.

Dato curioso es que la película está filmada en Gran Bretaña y casi toda la acción es londinense. La producción es británico-americana y ese toque (Brexit aparte) “europeo” se agradece: en manos de un productor hollywodiense esto habría sido un desastre.

No sé si es de “ir al cine a verla”, pero es de “verla” para pasar un rato, y ese buen rato está bastante asegurado. Cierto que la película promete más de lo que al final da, pero da algo, que ya es mucho en estos días.

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