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“Es Santa Teresa, pero seguiremos llamándola Madre”

Vatican Insider - publicado el 04/09/16

El Papa le reconoce el mérito de haber elevado su voz frente a los «poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos». La Madre Teresa, patrona del voluntariado. «Dondequiera que haya una mano extendida que pide ayuda para ponerse en pie, allí debe estar nuestra presencia y la presencia de la Iglesia que sostiene y da esperanza». Servir a los últimos sin esperar un gracias. «Creo que, tal vez, tendremos algunas dificultades para llamarla “Santa Teresa”. Su santidad es tan cercana a nosotros, tan tierna y fecunda, que espontáneamente seguiremos llamándola “Madre Teresa”», afirmó el Papa que ha convertido la misericordia en el programa de su Pontificado.

La Madre Teresa, recordó Bergoglio, «a lo largo de toda su existencia, fue una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se comprometió en la defensa de la vida proclamando incesantemente que “el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre”». Se inclinó sobre las personas desfallecidas, abandonadas en las calles, reconociendo la dignidad que Dios les dio. Palabras que suenan casi a un “manifiesto” del Año Santo de la misericordia. «No hay alternativa a la caridad: quienes se ponen al servicio de los hermanos, aunque no lo sepan, son quienes aman a Dios».

La Madre Teresa de Calcuta, la monja de los pobres, ya es santa. El Papa pronunció la formula de canonización e inscribió en el «registro» de los santos a la religiosa albanesa Gonxha Agnes Bojaxhiu (1910-1997). Papa Bergoglio pronunció la fórmula en latín e inmediatamente después se escuchó un enorme aplauso de los fieles. Sus reliquias fueron colocadas al lado del altar. «La misericordia fue para la Madre Teresa la “sal” que daba sabor a cada una de sus obras y la “luz” que aclaraba las tinieblas de todos los que ya no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y su sufrimiento», precisó Francisco. «Su misión en las periferias de las ciudades y en las periferias existenciales —explicó— permanece en nuestros días como testimonio elocuente de la cercanía de Dios hacia los más pobres entre los pobres. Hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea su modelo de santidad».

«Que esta incansable trabajadora de la misericordia —pidió Francisco— nos ayude a comprender cada vez más que nuestro único criterio de acción es el amor gratuito, libre de toda ideología y de todo vínculo y derramado sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza o religión. Madre Teresa amaba decir: “Tal vez no hablo su idioma, pero puedo sonreír”. Llevemos en el corazón su sonrisa y entreguémosla a todos los que encontremos en nuestro camino, especialmente a los que sufren. Abriremos así horizontes de alegría y esperanza a toda esa humanidad desanimada y necesitada de comprensión y ternura».

Concelebraron con el Pontífice en la Plaza San Pedro 70 cardenales, 400 obispos y más de 1700 sacerdotes. En la homilía dedicada a la fundadora de la Congregación de las Misioneras de la Caridad y de los Misioneros de la Caridad, Francisco subrayó qué es la caridad en concreto: «quienes se ponen al servicio de los hermanos, aunque no lo sepan, son quienes aman a Dios. Sin embargo, la vida cristiana no es una simple ayuda que se presta en un momento de necesidad. Si fuera así, sería sin duda un hermoso sentimiento de humana solidaridad que produce un beneficio inmediato, pero sería estéril porque no tiene raíz. Por el contrario, el compromiso que el Señor pide es el de una vocación a la caridad con la que cada discípulo de Cristo lo sirve con su propia vida, para crecer cada día en el amor».

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