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John Lennox explica por qué los ateos se equivocan sobre Dios

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«El ateísmo es flagrantemente incapaz de explicar o solucionar el problema del sufrimiento, ni ofrece medios para entenderlo»

Todo científico es un creyente, dice John Lennox, profesor de Oxford, cuya obra deconstruye la idea atea de que Dios ya no es relevante. En una conversación con Miriam Diez Bosch, de Aleteia, en relación a su nuevo libro Disparando contra Dios: Por qué los nuevos ateos no dan en el blanco, Lennox explica, entre otras cosas, que está convencido de que la ciencia no resuelve el problema del sufrimiento.

Ante la pregunta de si Dios es irrelevante en la era actual, tan culta, Lennox mantiene que “la gente no ha recibido ninguna educación inteligente en relación a Dios. Todos están muy interesados en el origen del universo, muy interesados en las grandes preguntas, siempre y cuando puedan ser respondidas por la ciencia. Pero creo que uno de los resultados de la Ilustración fue una reacción contra las estructuras formales religiosas, y uno puede entender esa reacción”, admite, “porque se hizo mucho mal en nombre de Dios”.

Aun así, Lennox afirma que el interés en Dios y en la religión entre los hombres y mujeres jóvenes a los que él enseña “es enorme. A menudo espero la asistencia de mil, dos mil, tres mil estudiantes que vienen a escucharme hablar de Dios, porque están muy interesados en escuchar a un científico que de verdad piensa que hay motivos para creer en Dios”.

En el diálogo entre fe y ciencia, según sostiene Lennox, el lenguaje a menudo crea confusión, al igual que algunas suposiciones que se hacen cuando surge el tema de la “fe”. “Y es una confusión de razonamiento, porque cuando uno habla de fe, puede estar refiriéndose a la ‘Fe en Dios’ o a la fe en el sentido de confianza. Y si uno entiende esto último, entonces la razón nos dice que la fe es esencial para la ciencia. En los siglos XVI y XVII nació la ciencia moderna en Europa con Galileo, Keppler, Newton, y aunque todos creían en Dios, para ninguno de ellos su fe supuso un estorbo para su ciencia. Era el motor que la guiaba”.

“Tenían fe en Dios, en una inteligencia racional, y eso les guiaba a creer, a tener fe en que podían hacer ciencia”.

En la era moderna se cae en un gran error al intentar compartimentar ciencia y fe y asignarles a cada una categorías exclusivas, afirma Lennox. “La ‘Fe en Dios’ y la ‘Fe en la ciencia’ tienen una relación muy íntima porque creo que ambas se basan en las evidencias… Todo científico es un creyente. Yo, como científico, creo en que se puede hacer ciencia, creo en que el Universo es racionalmente inteligible. Hay un Dios detrás de todo. A mi parecer, la solución atea es en realidad anticientífica”.

Sobre la cuestión de si el movimiento ateo moderno, considerando los crecientes avances en biología e ingeniería biomédica, ha “enterrado” a Dios, Lennox responde con una negación. “La ciencia no ha enterrado a Dios; de hecho esa formulación es falsa. Muchas personas, como [Richard] Dawkins y [Stephen] Hawking opinan que yo, como cristiano, creo en ese tipo de Dios: que desaparece conforme avanza la ciencia. Pero la Biblia no empieza con las palabras ‘En el comienzo de todo, Dios creó los pedazos de universo que no entiendo’. No, empieza con las palabras ‘En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra’, ¡el espectáculo al completo! Así que mi Dios no desaparece con el progreso de la ciencia”.

Más importante aún para Lennox es que el ateísmo es flagrantemente incapaz de explicar o solucionar el problema del sufrimiento, ni ofrece medios para entenderlo, cuando el sufrimiento es común a todos los seres humanos: “El ateísmo no soluciona el problema. Lo hace de forma intelectual —la gente dirá ‘que así es como es el universo y tenemos que asumirlo’—, pero eso no elimina el sufrimiento. Lo que sí hace es eliminar toda esperanza, porque el ateísmo, por definición, es una fe sin esperanzas”.

“Muchos de mis amigos ateos me preguntan por qué Dios no ‘soluciona el mal’ y el dolor. El ateísmo no sólo no soluciona el problema, sino que lo elimina completamente y destruye todas las categorías. Seguro que un buen Dios podría hacer una cosa o la otra, que podría haber hecho un mundo en el que no existiera el mal, por supuesto que podría, pero nosotros no habríamos formado parte de ese mundo”.

Según Lennox, los ateos son los que “tienden a decir que todas las religiones son las mismas, pero a las personas que representan a esas religiones ni se les pasa por la cabeza una idea así. Sí vemos a algunos líderes religiosos que, por decirlo así, ‘oscurecen la idea de Dios’ e introducen ideas que no sólo animan a deshacerse de Dios, sino que son deshumanizantes”.

Desde el momento que la creación se deshumaniza, los conceptos esenciales de fe —misericordia y perdón— se vuelven insignificantes e irrelevantes, declara Lennox.

Es una de las razones por las que soy cristiano, porque el ateísmo no contempla el perdón ni, por supuesto, justicia final. El genio del cristianismo es que la aceptación no viene después del Juicio final, sino que viene al principio, porque Dios ha hecho algo en Cristo para tratar mi problema central de culpa. Vivo mi vida no para ganar la aprobación de Dios, sino porque la he recibido libremente como un regalo”.

Esta familiaridad con la misericordia engendra misericordia, “siempre. Quiero que todos los días y todos los años sean Año de la Misericordia y estoy encantado de percibir este énfasis porque así es el Evangelio cristiano: Dios en su gracia nos ha mostrado misericordia. No es algo que yo merezca, es algo que Dios me ofrece”.

Si has disfrutado conociendo un poco a John Lennox, visita su sitio web: http://www.johnlennox.org

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