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Un método sencillo para ayudar a combatir la depresión

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Los católicos deben buscar ayuda para las enfermedades psicológicas y no "sólo rezar para que desaparezcan", pero la oración ¡también ayuda!

  1. Oh Dios mío, Te ofrezco este día
    Y todo lo que pensaré, haré o diré.
    Que se haga uno con lo que se ha cumplido
    En la Tierra de Jesucristo, Tu Hijo


  2. Santa María, quiero pertenecerte. Te doy todo mi ser y todas las cosas buenas que hago: en casa, en la escuela, en la iglesia, en el campo de juego. Madre mía, soy completamente tuyo y todo lo que hago te pertenece. Amén.

  3. Santa Zelie rezaba de esta manera con sus hijas (entre las que estaba Santa Teresita):
    Dios mío, te doy mi corazón. Te ruego, acéptalo. Para que ninguna criatura, excepto tú, pueda poseerlo.


  4. “Oh Jesús, por medio del Corazón Inmaculado de María, Te ofrezco mis oraciones, mis obras, alegrías y sufrimientos de este día, en unión con el Santo Sacrificio de la Misa en todo el mundo. Las ofrezco por todas las intenciones de vuestro Sagrado Corazón, por la salvación de las almas, la reparación por el pecado, la unión de todos los cristianos. Las ofrezco por las intenciones de nuestros obispos y de todos los miembros del Apostolado de Oración, en especial por las intenciones del Santo Padre para este mes”.

  5. “Padre Celeste, Te ofrezco este día, todo lo que pienso, lo que hago y lo que digo. Que se haga uno con la obra de nuestro Señor Jesucristo, tu hijo unigénito. Amén”.

  6. “Dirige, oh Señor, todas nuestras acciones con tu santa inspiración y guíalas con tu asistencia llena de gracia, para que toda nuestra oración y nuestras obras puedan iniciar en Ti y terminar en Ti, a través de Cristo, nuestro Señor. Amén”

  7. Recomendación de un sacerdote, si la vida nos aplasta y parece que por más que recemos, peores se ponen las cosas. Un sencillo: “Dios, por favor, ayúdame en este día” por la mañana y “Gracias, Jesús, por la gracia de vivir este día”.

  8. El ofrecimiento de Juan Pablo II a nuestra Señora: “A ti pertenezco enteramente. Todo lo que poseo es tuyo. Te invoco en todo lo que es mío. Dame tu corazón, María”.

  9. La oración de Jacob Astley para la batalla: “Señor, este hoy estará muy ocupado. Quizás te olvide, ¡No te olvides Tú de mí!

  10. Oración a San José:
    “Oh San José, cuya protección es grande y fuerte, e inmediata ante Dios, te confío todos mis deseos. Oh San José, asísteme en tu intercesión potente y obtiene para mí todas las bendiciones espirituales a través de tu Hijo adoptivo, Jesucristo, Nuestro Señor, para que, confiándome a tu poder terrenal, pueda ofrecerte mi agradecimiento y homenaje.
    Oh San José, no me canso de contemplarte a ti y a Jesús durmiente en tus brazos, no oso acercarme a ti mientras Él descansa cerca de tu corazón. Cógelo fuerte en mi nombre y besa su tierna cabecita por mí y pídele que se acuerde de este beso cuando exhale mi último respiro. Amén”.


  11. Oración de la dedicación total a Dios (de San Ignacio):
    “Toma Señor, y acepta mi libertad, mi memoria, mi intelecto y toda mi voluntad, todo lo que yo poseo. Tú me has dado estas cosas. A Ti, Señor, te lo restituyo: son tuyos, dispón de ellos según tu voluntad. Dame tu amor y tu gracia, estos me bastan”.


  12. “Buenos días, Dios. Te agradezco por hoy. Bendice mi trabajo y ayúdame a pensar en Ti”.

  13. “Buenos días, Dios”

  14. Oración de la mañana del Metropolita de Moscú:
    “Señor, no sé qué pedirte. Tu solo sabes lo que de verdad necesito. Tú me amas más de yo que yo me amo. Padre, a tu siervo lo que yo mismo no sé pedirte. No me atrevo a pedirte ni la cruz, ni un consuelo, solo estoy delante de Ti: mi corazón está abierto para Ti.
    Tú ves las necesidades que yo no conozco: ves y actúas conmigo según tu misericordia. Golpéame y cúrame, abáteme y alíviame, soy una nulidad y estoy mudo ante tu santa voluntad y tus decisiones inescrutables para mí.
    Me ofrezco como víctima, me confío a Ti. No tengo ningún deseo, excepto el de hacer tu voluntad. Enséñame a rezar. Tú mismo reza en mí. Amén”.


  15. De S. Francisco de Sales: El hecho de levantarse de la cama representa… la profunda realidad de la resurrección, ese don de vida más allá de la muerte al que estamos llamados. Tener la costumbre de ver cada día como una pequeña resurrección, significa cultivar una actitud intrínsecamente cristiana hacia nuestra existencia terrena. Aconsejo que cuando nos levantemos, digamos:
    “Alzaos muertos y venid al juicio” (cfr. Ef. 5:14).
    O podemos decir con Job: “Porque yo sé que mi Redentor vive y que Él, el último, se alzará sobre el polvo. Y después que me arranquen esta piel, yo, con mi propia carne, veré a Dios. (Job 19:25-26)

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