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“No a visiones de la feminidad viciadas de prejuicios”

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“Todos somos puestos en guardia, también las comunidades cristianas, de visiones de la feminilidad viciadas de prejuicios y sospechas perjudiciales para la dignidad inviolable de la mujer”. Lo ha dicho el Papa, durante la audiencia general en la plaza de San Pedro, comentando el Evangelio de Mateo que cuenta el episodio de la “hemorragia”, la mujer que sufría pérdidas de sangre y que consiguió tocar el borde del manto de Jesús, que se volvió hacia ella, la animó, y la curó. Un comportamiento que, explica Francisco, “indica a la Iglesia el camino que debe cumplir para ir al encuentro de cada persona”. 

La mujer, ha dicho el Papa, “se acerca para tocar el borde del manto” de Jesús, pensando: “Si consigo solo tocar el manto seré salvada”. “¡Cuánta fe! –comenta Bergoglio– ¡cuánta fe tenía esta mujer! Razona así porque está animada por la la fe y la esperanza y con un poco de astucia realiza lo que tiene en el corazón. El deseo de ser salvada por Jesús es tal que la empuja a desafiar las prescripciones que establecía la ley de Moisés, porque ella está considera impura ya que sufría flujos de sangre. Y por eso está excluida de las liturgias, de la vida conyugal, de las normales relaciones con el prójimo”. 

Era una mujer “marginada de la sociedad”. “Es importante considerar esta condición de marginada –añade Francisco– para entender su estado de ánimo: ella siente que Jesús puede liberarla de la enfermedad, de su estado. Sabe, siente que Jesús puede salvarla. Este caso nos hace reflexionar como la mujer es a menudo percibida y representada: todos somos puestos en guardia, también las comunidades cristianas, de visiones de la feminidad viciadas de prejuicios y sospechas que resultan perjudiciales para la dignidad inviolable de la mujer”. Sin embargo, recuerda el Papa, “son precisamente los Evangelios los que restablecen la verdad y la reconducen a un punto de vista liberatorio”.  

No sabemos el nombre de la mujer, observa el Pontífice, “pero las pocas líneas de los evangelios que hablan de ella delinean un intinerario de fe capaz de restablecer la verdad y la grandeza de la dignidad de cada persona”. En el encuentro con Cristo “en cada mujer y cada hombre” está la “vía de la liberación y la salvación”. El Evangelio de Mateo, observa Francisco, “dice que cuando ella tocó el manto, Jesús se volvió hacia ella y la vio: ella, temorosa, ha actuado a sus espaldas para no ser vista, era impura. Jesús la vio y su mirada no es de reprobación: no dice “¡vete de aquí, eres impura!”. No, su mirada es de misericordia y ternura. Jesús no solo la acoge sino que la considera digna de tal encuentro hasta el punto de donar su palabra y atención”. 

En la parte central de la historia el término “salvación” se repite tres veces. “Ese ’valentía, hija’ de Jesús –ha añadido Francisco– expresa toda la misericordia de Dios por aquella persona y por todas las personas marginadas. Cuántas veces nos sentimos interiormente marginados por nuestros pecados, tenemos tantos…, el Seññor nos dice: “Coraje, ven, para mí tu no eres un marginado, una marginada. Coraje hija, tu eres un hijo, una hija”. Este es el momento de la gracia, del perdón, de la inclusión”. Tenemos que “tener la valentía e ir hacia Él y pedir perdón por nuestros pecados y seguir hacia adelante, con valentía, como hizo esta mujer”.  

Jesús, ha dicho el Papa, “la libera de la necesidad de actuar a escondidas. Un marginado siempre actúa a escondidas de algo. Los leprosos, nosotros pecadores. Siempre hacemos algo a escondidas, tenemos la necesidad de hacerlo a escondidas porque nos avergonzamos de lo que somos. Él nos libera, nos pone en pie, como Dios nos ha creado: en pie, no humillados”. Jesús, ha concluido Francisco, “con su comportamiento lleno de misericordia indica a la Iglesia el camino que debe cumplir para ir al encuentro de cada persona para que cada uno pueda ser curado en cuerpo y alma y recuperar la dignidad de los hijos de Dios”. 

Al finalizar el Papa ha saludado a algunos refugiados provenientes de Irak y Medio Oriente presentes en la plaza: “Que el Señor os bendiga y os proteja del maligno”. 

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