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Entrevista exclusiva: El sacerdote que ha llevado el proceso sobre la santidad de Madre Teresa

Terry Fincher/Gettyimages
"Un sacrificio, para ser verdadero, tiene que costar, tiene que doler, tiene que vaciarnos de nosotros mismos." (Photo by Terry Fincher/Hulton Archive/Getty Images)
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El postulador de la causa de canonización comparte la visión de la monja sobre un mundo necesitado de amor

En su nuevo libro basado en los escritos de la Madre Teresa de Calcuta, el padre Brian Kolodiejchuk sigue el ejemplo del papa Francisco y explica el profundo significado de la palabra “misericordia”.

“El papa Francisco nos dice que el significado etimológico de la palabra misericordia, de origen latino, es ‘miseris cor dare’, es decir, ‘dar el corazón a los miserables’, a los necesitados, a los que sufren”, escribe el sacerdote Kolodiejchuk en la introducción de A Call to Mercy: Hearts to Love, Hands to Serve [Una llamada a la misericordia: corazones para amar, manos para servir]. “Esto fue lo que hizo Jesús: abrió Su corazón a la miseria del hombre”.

Tal vez no exista una descripción que se ajuste mejor a la monja que será canonizada este domingo: la descripción como alguien que entregó su corazón a los desdichados y los miserables.

Desde su base en la parte más mísera de una ciudad en la India, la Madre Teresa de Calcuta pasó toda su vida adulta intentando atender a las necesidades más profundas de “los más pobres entre los pobres” de todo el mundo.

El libro A Call to Mercy, surge en vísperas de la canonización de la Madre Teresa el 4 de septiembre, cuya causa lleva coordinando como postulador el padre Kolodiejchuk los últimos 17 años.

Este sacerdote de origen canadiense es también superior de los Padres Misioneros de la Caridad, organización que fundó la misma Madre Teresa junto a las hermanas Misioneras de la Caridad.

Estuvo asociado con la Madre Teresa desde 1977 hasta su muerte en 1997. El libro reúne los escritos de la santa además de testimonios de personas que cercanas a ella.

El padre Kolodiejchuk conversó con Aleteia el lunes.

Al editar este libro, ¿descubrió usted alguna cosa nueva y sorprendente sobre la Madre Teresa?

Mientras repasábamos sus escritos, nos hizo bien recordar todas las cosas que logró. Trabajó mucho en esos 87 años de vida.

Algunos ejemplos de su obra son extraordinarios, por ejemplo, como cuando habiendo conflicto entre hindúes y musulmanes, va al aeropuerto y se cruza con un grupo que está peleando.

La mayoría de las personas diría: “Me marcho de aquí porque es peligroso”, pero ella se detiene y sale e intenta crear paz, y les dice: “¿No os dais cuenta que sois hermanos? Así que dejad de pelear”. Es una muestra de un valor extraordinario.

Pero de la mayoría de los ejemplos que hay en el libro, si consideras las acciones individuales, la mayoría son cosas que cualquiera puede hacer: pequeñas acciones ordinarias, como visitar un hospital, visitar a un paciente o sostener un bebé. Hay todo tipo de acciones diferentes que podemos hacer nosotros mismos.

La Madre Teresa diría “Calcuta está en todas partes”. No tenemos que ir a Calcuta necesariamente para encontrar a los pobres. Están justo a nuestro alrededor, en nuestro propio barrio, en nuestra parroquia, en nuestra comunidad, incluso en nuestra propia familia.

¿Quién puede necesitar una pequeña sonrisa o un pequeño gesto de amor, una flor, o que le lean el periódico (a un preso) o visitar a alguien que se sienta solo? Si prestamos atención, si miramos buscando estas oportunidades, están a nuestro alrededor, nos diría ella.

Y cuando usa usted el término “los pobres”, para ella incluiría no sólo a los pobres materialmente sino también a los espiritual y emocionalmente pobres, y los que no se sienten suficientemente amados.

Cuando ella habla en esos términos, sí, es en un sentido amplio.

La Madre Teresa va a ser declarada santa solamente 19 años después de su muerte. ¿Está sorprendido de que el proceso de canonización haya sido tan rápido?

Es interesante que lo preguntes, porque desde la beatificación la gente se preguntaba “¿por qué están tardando tanto?”. A lo que yo respondía, “bueno, cuando sea el momento apropiado para la Iglesia, entonces tendremos un milagro y luego vendrá la canonización”.

Y efectivamente, el milagro sucedió en 2008, aunque yo no oí hablar de él hasta septiembre de 2013, y eso condujo a la aprobación el año pasado. Así que el momento propicio para la Iglesia es el Año Jubileo de la Misericordia.

¿Cómo ha sido la experiencia de participar en esta causa?

Sin duda ha cambiado mi vida. Habría estado haciendo otras cosas estos últimos 17 años. Ha sido una oportunidad para descubrir más sobre la Madre Teresa. Recuerdo que después de completar la Positio [el caso escrito que examina de qué forma vivió la Madre Teresa su vida de cristiana], y en especial aquel primer volumen, que presenta cómo vivió sus virtudes cristianas y su prestigio para la santidad, recuerdo pensar para mis adentros: “De hecho, conozco ahora mejor a la Madre Teresa que cuando estaba con ella en vida”.

Porque yo tengo mi propia y limitada experiencia y otros tienen la suya, pero cuando lo juntas todo y lo contemplas, es algo impresionante.

Usted la conocía bien. Como discípulo de Cristo, ¿cómo le afectó su relación con ella?

Justo haciendo este proceso [de canonización], recuerdo pensar que si hubiera intentado ver la amplitud este asunto al principio, habría pensado: “¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo voy a conseguirlo? Es tan abrumador, es tanta la responsabilidad”.

Pero una de las cosas [en las que pensé era] lo que la Madre llamó “el espíritu de la sociedad”, que es “confianza en el amor, total entrega”, que es precisamente el “Caminito de Infancia Espiritual” [atribuido a santa Teresa de Lisieux], porque santa Teresa utilizaba la “confianza y la entrega”.

Y la Madre Teresa era siempre práctica, así que añadió un tercer elemento a esos dos, que es la alegría: una forma externa de indicar lo bien que te sientes viviendo la confianza y la entrega.

Así que con respecto al proceso, si hubiera podido contemplarlo todo desde un principio, habría sido aterrador: “¿Cómo voy a hacer esto y qué pasa si cometo un error y toda la Iglesia me observa?”.

Pero luego me dije: “Paso a paso, con confianza y entrega, y Dios se encargará de todo, y Nuestra Señora está ahí, y la misma Madre también intercede, así que adelante”.

Y así llegamos hasta este punto.

Al final de su vida, la Madre Teresa había llegado a ser una celebridad. ¿Cree usted que quería eso? ¿Cómo se sentía ella al respecto?

Fue uno de los mayores sufrimientos, estar en los medios de comunicación, hablar con ellos, las fotografías… Probablemente la escuchó hablar usted del acuerdo que hizo con Jesús: “Por cada fotografía, un alma fuera del purgatorio”.

Así que era casi una auténtica cruz, y debido a ese juramento que hizo en 1942 de no negarle nada al Señor, de ofrecerle a Él todo lo que pidiera, por difícil que fuera, aceptó su situación como parte de la vida, por el bien de dar a conocer mejor a los pobres.

Así que los premios que recibió los aceptó en nombre de los pobres, para poder atraer más la atención hacia los pobres, para tener una oportunidad de hablar sobre Dios. Por ellos estaba dispuesta a pasar por todo aquello.

Y sabía que si tenía que hacer una entrevista o que si alguien escribía un libro sobre su obra, eso ayudaría a la misión. Así que en última instancia todo era por el bien y por el beneficio de los pobres.

¿Qué puede decirnos su vida a nosotros?

A nivel espiritual y no a nivel práctico: en relación a la política no se pronunciaría, pero a nivel de principios o a nivel de valores cristianos, diría “hermano mío, hermana mía”, sin importar su religión.

En la película Mother Teresa, de las hermanas Petrie, hay una escena durante el conflicto en Beirut, Líbano, donde la Madre se entera de que había unos niños musulmanes que pasaban verdaderas penurias, famélicos, así que quiso ir allí y rescatarles.

Las personas que la aconsejaban le dijeron: “No, Madre, no puede ir allí, hay un conflicto, hay combates, no es seguro”. Y la Madre dijo: “No, tenemos que ir allí, debemos que hacer algo. Voy a rezar a nuestra Señora por el alto el fuego”.

Y luego en la siguiente escena, encontramos el alto el fuego: el 15 de agosto (Fiesta de la Asunción de María).

Así que va al lugar y trae a esos niños musulmanes para cuidar de ellos. Uno de los niños está traumatizado, literalmente no para de temblar, así que una hermana lo sostiene en brazos, hasta que se calma.

Después de eso, la Madre habla con un médico, que es judío. Así que tenemos a un médico judío ayudando a una monja católica a cuidar de un niño musulmán.

O cuando abrió un hogar en Sudáfrica en tiempos del apartheid. Eligió deliberadamente a una hermana blanca, otra negra, otra de piel marrón, es decir de la India, y una cuarta.

Ella insistía en esto de que todos son mis hermanos y hermanas, y que desde un nivel humano todos tienen dignidad. Y que todos somos hijos de Dios.

Y está el aspecto de la fe, que ella veía que todas las personas —presidente, reina, rey, primer ministro, un mendigo en la calle o en un comedor benéfico, un agonizante en una casa para los moribundos—, cada uno es Jesús.

Así que estos eran sus principios, la visión de la fe que ella seguía, y depende de las personas el coger esos principios y hacer leyes con ellos.

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