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The Blacklist (T3): Ellos las prefieren rubias

Josep Maria Sucarrats - publicado el 29/08/16 - actualizado el 02/09/16

Crece el juego del gato y el ratón en la tercera entrega de esta exitosa serie que profundiza todavía más en sus relaciones familiares y en sus tramas oscuras

¿Tiene sentido traer un niño a un mundo de violencia? «Un hijo es siempre una bendición», afirma Reddington, el criminal redimido de The Blacklist. Buena respuesta en un mundo desesperado como el nuestro. Y es que Keen, la agente perseguida por todos, tiene claro qué permite vivir en nuestro tiempo de desconcierto y falto de unidad: «El perdón no puede cambiar el pasado, pero creo que puede cambiar el futuro».

Así de interesante es la tercera temporada de The Blacklist, serie que afianza sus temporadas anteriores. Los productores tienen claro que los tiempos de la televisión cambian velozmente y que los éxitos de 2013 quedan lejos. Hay mucho competidor andando suelto por ahí. En cuotas de pantalla, no hay tiempo que perder. Debemos agradecer a la desatinada Scandal (ABC) parte del éxito de esta tercera temporada. En efecto, hemos tenido una serie de capítulos apasionantes gracias a la lucha encarnizada que la cadena NBC ha tenido con ABC. Es más, The Blacklist tuvo incluso que cambiar de día por culpa de los coletazos de la cansina Olivia Pope, que por cierto no ha conseguido en su última temporada ni asomarse a los millones de seguidores de Red y Liz.

Conscientes del tempo del espectador, los guionistas han pensado dos tramas principales, con un arco común que las enlaza: las tentativas de Red por limpiar el nombre de Keen. Se diría incluso que son dos temporadas en una sola. Hay mayores digresiones entre capítulo y capítulo, y crece la narración de la historia entre los dos protagonistas.

Sin embargo, la relación entre ambos no constituye el punto central. El público pide acción, ritmo de tráiler. No hay lugar a alargarse al estilo de Scandal; no valen los déjà vu, ni los esto-me-suena. Por ello, las subtramas a veces se compliquen en exceso de acción o información, y llegan a intoxicar el mensaje principal del capítulo. Pero no hay Red que no lo solucione rápido, incluso demasiado rápido. Allí aparece el terrorista redimido, y ¡zas!, deus ex machina. Señores, que hay que ir al finale. ¡Dios, qué finale de mitad de temporada! ¡Dios, qué finale de temporada!.

En esta tercera entrega, The Blacklist empezará a ser un drama criminal familiar, casi parecido a The Americans con sus líos de familia de cacos y polis. Esto va de padres y madres, y de hijos e hijas. Liz profundiza en el conocimiento de su madre, y de quién es realmente Reddignton. ¡Incluso Tom conoce quién es su madre! Y por medio, un nuevo hijo, una bendición. En estos asuntos de familia, la task force del FBI, Red, Keen y Tom, se erigirán como una familia disfuncional que a veces tratan de matarse los unos a los otros, y que a veces asisten a sus bodas y bautizos (y esto aquí es literal…).

El fulcrum se ha publicado, y Red y Liz, que lo han divulgado, son perseguidos. Keen, alma buena y noble, descubre su lado oscuro, y pasa a ser perseguida por los suyos (ese FBI un tanto patoso) y por los otros (la Cábala que la quiere muerta…). El perseguidor del perseguido buen perseguidor será. ¿Podrá esconderse de todo el mundo? No basta con teñirse de rubio, por más rusa que parezca. Es hora de acabar con la camarilla. Y acabada con ella, fin de la primera mitad de temporada. A otra cosa.

Hay que exonerar a Keen, o nunca descansará en paz. Y ahí es donde los guionistas disfrutan más. En la segunda parte de la temporada, y tras unos capítulos de bypass, Red se irá volviendo más psicótico. No puede perder a Liz.

Decía Natalia Ginzburg, brillante escritora italiana, que habíamos dejado de educar a nuestros hijos en las grandes virtudes, y que haciéndolo habíamos recurrido solo a esas pequeñas virtudes o valores que no permiten construir a un hombre. Nuevo bingo de The Blacklist. Si Liz se salva de la Cábala, no es por un valor sino por una virtud, como se dice explícitamente: la esperanza. ¿Puede una serie como esta tratar de asuntos serios? Sí. ¿Puede un drama criminal decir que necesitamos un norte, o un alma como Keen que nos guíe? Sí. ¿Podemos aprender jugando? Sí, sí y sí.

Al acabar la tercera temporada de The Blacklist, sus seguidores estaban nerviosos. Había sed de Red, y hambre de Liz. ¡Ánimo, ya queda menos!

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