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Papa Francisco: Déjate “misericordiar”, del corazón a las manos

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Video-mensaje del Pontífice dirigido a América en la celebración en el continente el Jubileo de la Misericordia

El papa Francisco invita a la Iglesia de América a “dejarse misericordiar” y al citar al apóstol Pablo (1 Tm, 1,12-16a) pone en el contexto de hoy la misericordia de Dios para que llegue a todos, sin exclusión.

Lo hace en el video-mensaje dirigido a los participantes del Jubileo en el Continente americano, que inició este sábado 27 de agosto en Bogotá, Colombia.

De esta manera, insta a abrir el corazón a la misericordia de Dios viviéndola porque “es una forma concreta de ‘tocar’ la fragilidad, de vincularnos con los otros, de acercarnos entre nosotros”.

Francisco exhorta a aplicar la misericordia de Dios como un “movimiento de quien no tiene miedo a acercarse, quien no tiene miedo a tocar, a acariciar; y esto sin escandalizarse ni condenar, sin descartar a nadie. Una acción que se hace carne en la vida de las personas”, abunda.

A continuación, hemos elegido 19 puntos  emblemáticos del mensaje del papa Francisco sobre la misericordia para América en lo que llama el “camino que va del corazón a las manos”:

  1. La misericordia es esperanza. La misericordia y el jubileo en el Continente “para abrir horizontes y estrecharnos una y otra vez las manos; un gran signo que nos anima en la esperanza”.

 

  1. Todos necesitamos de la misericordia. “Pablo no anda con vueltas: Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y él se cree el peor de ellos”.

 

  1. Entrar en sintonía con la misericordia de Dios para todos, ninguno excluido. “Si usáramos términos futbolísticos podríamos decir: levanta un centro para que otro cabecee. Nos “pasa la pelota” para que podamos compartir su misma experiencia: a pesar de todos mis pecados “fui tratado con misericordia””.

 

  1. Todos “fuimos tratados con misericordia. En medio de nuestros pecados, nuestros límites, nuestras miserias; en medio de nuestras múltiples caídas, Jesucristo nos vio, se acercó, nos dio su mano y nos trató con misericordia. ¿A quién? A mí, a vos, a vos, a vos, a todos.

 

  1. Repasar la misericordia en nuestras vidas. “Nos hace bien repasar cuando fuimos tratados con misericordia. En este contexto jubilar, cuánto bien nos hace volver sobre esta verdad, repasar cómo el Señor a lo largo de nuestra vida se acercó y nos trató con misericordia, poner en el centro la memoria de nuestro pecado y no de nuestros supuestos aciertos, crecer en una conciencia humilde y no culpabilizada por nuestra historia de distancias – la nuestra, no la ajena, no la de aquel que está al lado, menos la de nuestro pueblo – y volver a maravillarnos de la misericordia de Dios”.

 

  1. La misericordia que pasa del corazón a las manos. “ El Dios de Pablo genera el movimiento que va del corazón a las manos, el movimiento de quien no tiene miedo a acercarse, quien no tiene miedo a tocar, a acariciar; y esto sin escandalizarse ni condenar, sin descartar a nadie. Una acción que se hace carne en la vida de las personas”.

 

  1. La misericordia derriba los muros construidos por el miedo. Una acción basada en el miedo, es una acción que pone el acento en la culpa, en el castigo, en el “te equivocaste”. Una acción basada en la esperanza de transformación pone el acento en la confianza, en el aprender, en levantarse; en buscar siempre generar nuevas oportunidades. ¿Cuántas veces? 70 veces 7.

 

  1. La misericordia es creatividad y libertad de espíritu. “El trato de misericordia despierta siempre la creatividad. Pone el acento en el rostro de la persona, en su vida, en su historia, en su cotidianidad. No se casa con un modelo o con una receta, sino que posee la sana libertad de espíritu de buscar lo mejor para el otro, en la manera que esta persona pueda comprenderlo”.

 

  1. La misericordia “camino que va del corazón a las manos”. La misericordia “nunca es vana palabrería –a decir de Pablo– que nos enreda en disputas interminables, la acción basada en la esperanza de transformación es una inteligencia inquieta que hace palpitar el corazón y le pone urgencia a nuestras manos. Palpitar el corazón y urgencia a nuestras manos. El camino que va del corazón a las manos”.

 

  1. Del Alzheimer espiritual a aceptar la misericordia de Dios para todos sus hijos. “Nos empezamos a escandalizar cuando aparece el Alzheimer espiritual; cuando nos olvidamos cómo el Señor nos ha tratado, cuando comenzamos a juzgar y a dividir la sociedad. Nos invade una lógica separatista que sin darnos cuenta nos lleva a fracturar más nuestra realidad social y comunitaria. Está el bando de los buenos y el de los malos, el de los santos y el de los pecadores”.

 

  1. La misericordia no es una “teoría que esgrimir”: “¡ah!, ahora está de moda hablar de misericordia por este jubileo, y qué se yo, pues sigamos la moda”. No, no es una teoría que esgrimir para que aplaudan nuestra condescendencia, sino que es una historia de pecado que recordar. ¿Cuál? La nuestra, la mía y la tuya. Y un amor que alabar. ¿Cuál? El de Dios, que me trató con misericordia”.

 

  1. La misericordia de Dios opuesta a la cultura “que respira descarte”. “Una cultura que va dejando por el camino rostros de ancianos, de niños, de minorías étnicas que son vistas como amenaza. Una cultura que poco a poco promueve la comodidad de unos pocos en aumento del sufrimiento de muchos. Una cultura que no sabe acompañar a los jóvenes en sus sueños narcotizándolos con promesas de felicidades etéreas y esconde la memoria viva de sus mayores. Una cultura que ha desperdiciado la sabiduría de los pueblos indígenas y que no ha sabido cuidar la riqueza de sus tierras”.

 

  1. La misericordia bálsamo para una sociedad herida. “Vivimos en una sociedad que sangra y el costo de sus heridas normalmente lo terminan pagando los más indefensos. Pero es precisamente a esta sociedad, a esta cultura a donde el Señor nos envía. Nos envía e impulsa a llevar el bálsamo de “su” presencia. Nos envía con un solo programa: tratarnos con misericordia. Hacernos prójimos de esos miles de indefensos que caminan en nuestra amada tierra americana proponiendo un trato diferente.

 

  1. Enseñar la misericordia. “Somos en teoría “misioneros de la misericordia” y muchas veces sabemos más de “maltratos” que de un buen trato. Cuántas veces nos hemos olvidado en nuestros seminarios de impulsar, acompañar, estimular, una pedagogía de la misericordia, y que el corazón de la pastoral es el trato de misericordia. Pastores que sepan tratar y no maltratar. Por favor, se lo pido: pastores que sepan tratar y no maltratar.

 

  1. La misericordia se aprende, porque nuestro Padre nos sigue perdonando. Existe ya mucho sufrimiento en la vida de nuestros pueblos para que todavía le sumemos uno más o algunos más”.

 

  1. Aprender a tratar con misericordia es aprender del Maestro a hacernos prójimos, sin miedo de aquellos que han sido descartados y que están “manchados” y marcados por el pecado. Aprender a dar la mano a aquel que está caído sin miedo a los comentarios.

 

  1. Todo trato que no sea misericordioso, por más justo que parezca, termina por convertirse en maltrato. El ingenio estará en potenciar los caminos de la esperanza, los que privilegian el buen trato y hacen brillar la misericordia.

 

  1. La misericordia no es un mitin, no es un congreso, un seminario ni una conferencia. “Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy, estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos, esos brazos redentores” (Evangelii gaudium, 3).

 

  1. Agradecer a Dios por su misericordia. “Y agradezcamos, como Pablo a Timoteo, que Dios nos confíe repetir con su pueblo, los enormes gestos de misericordia que ha tenido y tiene con nosotros, y que este encuentro nos ayude a salir fortalecidos en la convicción de transmitir la dulce y confortadora alegría del Evangelio de la misericordia”.

 

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