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Cuando Ricardo Corazón de León no quiso tomar Jerusalén

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El historiador Andrew Latham procura explicar uno de los más polémicos episodios de la historia de las Cruzadas

Durante la Tercera Cruzada (1189-1192), los ejércitos Cruzados estuvieron dos veces a menos de 20 kilómetros de Jerusalén, en enero y julio de 1192, sólo para retirarse sin siquiera hacer el esfuerzo real de sitiarla.

Dentro de la ciudad, las fuerzas de Saladino, ya derrotadas anteriormente en Acre, Arsuf y Hifa, estaban en abierta desventaja. El mito de la invencibilidad de Saladino había sido destruido por el ejército comandado por Ricardo Corazón de León, que habían ya tomado dos de las fortificaciones más cercanas a la Ciudad Santa, sobre el camino de Jerusalén, Casal Moyen y Casal Des Plains, que Saladino había destruido a propósito para evitar que los Cruzados pudiesen refugiarse en ellas.

Una vez los Cruzados las reconstruyeron, la marcha hacia Jerusalén fue retomada, y las facciones de los ejércitos de Saladino que no lo acompañaron en su repliegue hacia el sur se habían dispersado, abandonando la confrontación. Un ataque a Jerusalén por parte de Ricardo de seguro se vería coronado con la victoria.

Pero Ricardo, inexplicablemente, se retiró a Ramala, hacia la costa. Algunos historiadores argumentan que se trató de una especie de retirada estratégica, tomando en cuenta una serie de circunstancias objetivas que podrían haber puesto en tela de juicio lo que parecería ser una victoria obligada.

Por una parte, el clima de la región durante el avance de los ejércitos Cruzados era realmente insoportable: con temperaturas  bajo cero, lluvias, nieves y granizadas continuas, hacían el avance el doble de penoso. Además, la continua humedad también había hecho mella (literalmente) en espadas y armaduras, y podría las ropas de tela. La comida también sufría los embates del tiempo, y las enfermedades pulmonares amenazaban la salud de quienes aún se mantenían en las filas de los Cruzados.

Retrato de Ricardo I, de Merry-Joseph Blondel.
Retrato de Ricardo I, de Merry-Joseph Blondel.

Los Cruzados procedentes de Europa insistían en continuar el ataque y tomar Jerusalén. Los Cruzados de Tierra Santa mantenían que, aunque la ciudad fuese tomada, sería imposible preservarla: muchos volverían a Europa después de haber cumplido con la toma de Jerusalén, y las fuerzas de Saladino podrían reagruparse al ver que los ejércitos Cruzados eran ahora menos numerosos.

La historia cuenta, además, que Ricardo pidió un mapa de Jerusalén y se dio cuenta de que le sería imposible rodearla y sitiarla con una línea de asedio lo suficientemente gruesa como para no ser rota en un primer ataque.

Sin embargo, el profesor de ciencias políticas Andrew Latham, especialista en geopolítica  medieval, asegura que podría haber otras razones detrás de la retirada de Ricardo Corazón de León. Es improbable que un genio militar de su estatura hubiese pedido un mapa de la ciudad apenas estando a 20 kilómetros de distancia: con toda seguridad, habría estudiado cuidadosamente su objetivo desde mucho antes de emprender la campaña.

Es también difícil de creer que las circunstancias ambientales y climatológicas hubiesen detenido una empresa de tal envergadura. Por el contrario, Latham asegura que Ricardo nunca habría tenido intenciones de atacar Jerusalén.

Ricardo Corazón de León habría procurado reconquistar Jerusalén y restablecer los principios Cruzados en la Ciudad Santa sin necesidad de una guerra directa de conquista. La fuerza militar, de acuerdo a la teoría de Latham, debería funcionar sólo como un medio para presionar a Saladino y forzarlo a entrar en un acuerdo negociado que permitiría una presencia cristiana en Tierra Santa, garantizando así acceso seguro a los peregrinos que visitaban los Lugares Santos.

El hecho de que Ricardo estaba en comunicación constante con Al Adil, hermano de Saladino, parece confirmar esta posición. De hecho, Ricardo había incluso ofrecido Al Adil un acuerdo matrimonial con su hermana, Juana, en un intento de establecer un reinado conjunto en Jerusalén.

Más aún, después de la victoria en Acra, Ricardo no tenía planeado continuar la marcha hacia Jerusalén sino, más bien dirigirse a la ruta entre Siria y Egipto. Tomando control de la ruta, podía cortar la entrega de suministros de Saladino (en su mayoría procedente de Egipto, precisamente), para inclinar así la balanza de las negociaciones a su favor. Tuvo que acceder a continuar la marcha hacia Jerusalén sólo por presiones internas de sus mismos generales Cruzados, cuando preferiría haber avanzado directamente hacia Ascalón, el eje del imperio de Saladino.

Para leer el artículo completo del profesor Latham, en traducción al castellano de Carmelo López-Arias, publicada en Religión En Libertad, puede hacer clic aquí.

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