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«¿Por qué los colombianos no adoptan a más niños especiales?»

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La historia de Juanito, un niño abandonado con parálisis cerebral que encontró una mamá

“Todo se puede lograr con amor y dedicación”, expresó en diálogo con El Tiempo de Colombia Lourdes Serrano Lobos, madre adoptiva de Juanito, un niño con parálisis cerebral que fue abandonado en las calles de Bogotá (Colombia) por sus padres.

El lugar del encuentro entre Lourdes y Juanito fue La Casa de la Madre y El Niño, una fundación sin ánimo de lucro que abrió sus puertas hace 73 años por María López Michelsen, con el objetivo de que los niños abandonados, muchos de ellos con discapacidad, puedan recibir calor de hogar de la mano de nuevos padres adoptivos.

“El niño que no ha pedido venir a la vida tiene derecho a un hogar”, expresa como lema la propia fundadora de la institución.

Pero el vínculo entre Lourdes y Juanito no surgió como el de cualquier otro menor adoptado, pues ella oficiaba de fisioterapeuta y medida que lo fue conociendo descubrió una chispa especial en ese niño, del cual nunca más se pudo desprender. Inmediatamente inició los trámites ante el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para poder hacerse cargo de forma legal de él como madre adoptiva.

La vocación de servicio y ayuda a los más débiles fue el gran motor para que Lourdes asumiera tal desafío, además de procurar la felicidad del pequeño.  “Me he encargado de borrar del alma de mi hijo las heridas que le dejó el abandono de sus padres biológicos. Con mi esposo siempre le hacemos sentir que nosotros jamás lo abandonaremos”, afirma.

Lourdes tiene otros hijos, pero ya mayores de edad que dejaron la casa. Ahora, en edad avanzada y pensionada, una de sus principales preocupaciones es Juanito.

Códigos bien claros

El cuidado de Juanito requiere de mucha atención y dedicación total. A raíz de su parálisis cerebral tanto su habla como motricidad están afectadas. Es por ello que lograron establecer códigos de comunicación para poder expresar diversos estados de ánimo. Por ejemplo, cuando quiere comer se mete el dedo en la boca y se frota la barriga, expresa la madre. O cuando quiere un libro, pone las dos manos abiertas. Es que a Juanito le encanta que le lean cuentos. Uno de sus paseos favoritos es visitar librerías.

Juanito acude a una escuela especial y ahí también tienen vínculo con otros niños. Juanito hoy en día no está para nada solo.

¿Adoptar niños con discapacidad?

Muchos padres que no pueden tener hijos a menudo evalúan la posibilidad de la adopción, pero ¿qué hay de los niños y adolescentes con alguna discapacidad? También tienen derecho a un hogar y ser considerados ¿Nadie se hará cargo de ellos?

Según datos que reproduce El Tiempo, en Colombia más de 4.000 niños y adolescentes esperan una familia en los diferentes hogares. De ellos, un poco menos de la mitad tiene alguna discapacidad o condición especial de salud. Pero además hay más de 6.000 jóvenes mayores de 18 años que siguen esperando alguna familia adoptiva y permanecen en el ICBF.

Por otro lado, según reconoció a El Tiempo la propia subdirectora del ICBF, el gran desafío pasa por encontrarle familia a niños con capacidades especiales como Juanito.

La propia Lourdes se encarga de reivindicar la necesidad de iniciar campañas para sensibilizar más a la población en cuento a la adopción de niños con discapacidad, que en Colombia a menudo varios casos suelen terminar en manos de padres extranjeros.

“¿Por qué son los extranjeros quienes encargan a estos niños, y no los colombianos?”, cuestiona.

“Me duele que me digan cosas hirientes como: ‘¿Por qué te encartas con esa criatura?’, ‘¿Cómo te metiste en ese lío?’, o ‘Debes estar pagando un castigo por algo malo que hiciste’. En fin, todo eso demuestra que es muy poca la gente que ve con buenos ojos la adopción de niños especiales”, agregó Lourdes.

El ángel de Juanito no lo abandonó nunca, pero también encontró otro de carne y hueso, con nombre y apellido, una verdadera madre de corazón.  Lo que hizo Lourdes con Juanito es un claro ejemplo de amor, esperanza y defensa de la vida, pues todos tenemos derecho a un hogar, no importa quién sea, cómo sea ni de dónde venga.

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