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Secuestrada por la mafia japonesa, esclava sexual…. Hoy feliz con su familia

Imagens Evangélicas
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La trata de personas sacude a América Latina con bastante frecuencia. Aquí el testimonio de esperanza de una sobreviviente

Caer en las garras de la mafia Yakuza, ser violada, obligada a ejercer la prostitución y sobrevivir no es para cualquiera, máxime si se tiene en cuenta que se trata del grupo vinculado al crimen organizado más temido en Japón. Pero Marcela Loaiza lo logró. Esta mujer colombiana sorteó con valentía esta gran tribulación que se le presentó en la vida y actualmente es una ferviente activista en la lucha contra la trata de personas.

Su sueño era ser bailarina y ayudar a su familia económicamente. Gracias a ello fue que con 21 años viajó engañada al país asiático, tal cual contó varias veces en diferentes medios, como la revista Semana. “Métase en la cabeza que usted es una prostituta”, le dijo en aquel entonces quien era su proxeneta y encargada de reclutar mujeres para que trabajaran en las calles controladas por la mafia japonesa.

Para Marcela, a quien le cambiaron la identidad y la llamaron “Kelly”, esos 18 meses fueron un verdadero calvario. “El dolor es indescriptible, un dolor que no soy capaz de poner en palabras”, expresó a ese medio.

Es que la violencia y distintas formas de abuso formaban parte de su cotidianeidad. A ella le tocó estar internada en un hospital debido a golpes e incluso fue testigo de la muerte de una de sus compañeras.

Inmediatamente rogó a Dios desesperada: “No me desampares, no me dejes en este mundo cruel y despiadado. Por favor, detén esta pesadilla ya”.

No fue fácil y de manera simultánea, pero con el tiempo encontró la oportunidad de escapar de las garras de la mafia con la colaboración de una amiga, que la ayudó a llegar hasta la embajada de Colombia en Japón.

La historia de Marcela trascendió hace unos años, aunque durante mucho tiempo permaneció en silencio. Durante su proceso de recuperación las hermanas Adoratrices de Colombia jugaron un rol clave. 

“Me enseñaste a creer en mí, me diste fuerzas en mis días débiles, me diste oportunidades de estudio, me enseñaste a creer en mis capacidades a respetar y valorar mi cuerpo, me diste las herramientas para no ser más la víctima sobrevivir del fango para hoy ser tu ejemplo de lucha, apoyo y perseverancia entregando todo tu amor sin esperar nada a cambio, solo con el deseo altruista de verme feliz. Te adoro desde lo más profundo de mi alma”, expresó Marcela a través de Facebook en referencia a la hermana María Graciela de la Comunidad Adoratrices.

Con el paso del tiempo Marcela juntó coraje para abrirse y publicó dos libros (Atrapada por la mafia Yakuza, 2009; La que fui y la que soy, 2011) con el único objetivo que otras mujeres fueran alertadas del aumento de la trata de blancas y la feroz demanda de mujeres latinoamericanas en Japón.  Incluso creó una fundación que lleva su mismo nombre.

Actualmente su vida cambió por completo y vive feliz con su esposo y tres hijas. Está dedicada de llena a su familia y en ella encuentra la felicidad que le fue arrebatada de joven.

“Tengo claro que sobre todas las cosas el pilar de mi vida es mi FAMILIA, y por nada del mundo me iba permitir que fuera en decadencia, ya que soy un ser humano con defectos y algunas virtudes, pero la tengo clara, el mayor tesoro no es lo material o el reconocimiento, es el amor de mi familia”, expresó Marcela recientemente a través de Facebook.

“Soy feliz durmiendo en mi cama con mi esposo, no en la de un hotel, soy feliz jugando con mis hijas a cocinar juntas, soy feliz con mi esposo ejercitando mi cuerpo y disfrutando como pareja, soy feliz con las eternas tertulias entre mi hija mayor y yo, soy feliz disfrutando de un café en el jardín de mi casa al lado de mi mamá, y soy feliz compartiendo con mis amigos una copa de vino”.

Quizás la historia de Marcela ya era conocida por muchos, pero el trasfondo de esperanza y valentía se renueva cada vez que alguien atraviesa una situación similar y no ve por dónde puede estar la puerta de salida.

Marcela lo logró. Sola no pudo. Hasta rezó y necesitó de la compasión de los otros. Estará por siempre agradecida.  Hoy encuentra el mejor refugio en su familia. Otros también pueden y podrán.

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