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“Inaceptable que tantos civiles mueran en Siria”

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Basta con masacres de inocentes en Siria. Advertencia de Francisco contra la «violencia y la maldad». «Esperar lo eterno no exime de querer mejorar el mundo, muchos se comportan como dueños de la vida de los demás», afirmó el Pontífice durante el Ángelus. En la catequesis dominical del Papa de la misericordia irrumpió la alarma humanitaria y geopolítica por el asedio de Alepo. «Es inaceptable que tantas personas inermes (también mucho niños) deban pagar el precio del conflicto. El precio de la cerrazón de los corazones y de la falta de voluntad de paz de los poderosos. Estamos cercanos a los hermanos y a las hermanas sirios con la oración y la solidaridad, y los confiamos a la maternal protección de la Virgen María».

Jorge Mario Bergoglio advirtió sobre el egoísmo («no nos podemos llevar el dinero cuando morimos») y exhortó a «dar valor a la limosna como obra de misericordia». El Pontífice argentino invitó a los fieles a «no poner la confianza en los bienes efímeros».

Un llamado a «usar las cosas sin apego al egoísmo, pero según la lógica de Dios, la lógica de la atención a los demás, la lógica del amor». Esta es la enseñanza de Jesús sobre la actitud que hay que tener en vista del encuentro final. «Jesús explica cómo la espera de este encuentro debe impulsar a una vida rica de obras buenas». El Pontífice recordó también las palabras de Cristo: «Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla». De hecho, «podemos ser muy dependientes del dinero, tener muchas cosas, pero al final no podemos llevárnoslas con nosotros. Recuerden que “el sudario no tiene bolsillos”».

Francisco indicó la importancia de la vigilancia. La espera «de la bienaventuranza eterna no nos dispensa del compromiso de hacer más justo y más habitable el mundo. Es más, justamente nuestra esperanza de poseer el Reino en la eternidad nos empuja a trabajar para mejorar las condiciones de la vida terrena, especialmente de los hermanos más débiles». Y Francisco subrayó la necesidad de dar limosna, de vigilar y de no comportarse como «los dueños de las vidas de los demás». En relación con la actitud del administrador que describe el Evangelio, el Papa observó que «esta escena describe una situación que sucede frecuentemente también en nuestros días: tantas injusticias, violencias y maldades cotidianas que nacen de la idea de comportarse como señores en la vida de los demás. Tenemos un solo señor a quien no le gusta hacerse llamar “señor” sino Padre”. Todos nosotros somos siervos, pecadores e hijos: Él es el único Padre». Una exhortación a actuar «según la lógica de Dios, la lógica de la atención a los demás, la lógica del amor».

 

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