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CINE CLÁSICO Taxi Driver: Un durísimo descenso al infierno de los años 70

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Se cumplen 40 años de una cinta esencial para comprender la década, pero también para pillarle el pulso a unos años especialmente convulsos

Taxi Driver cumple cuarenta años. Cuando en 1976 la película fue proyectada en el Festival de Cine de Cannes, donde se llevó la Palma de Oro al mejor largometraje, la mitad del público en la sala estalló en una ovación y la otra mitad la abucheó. Taxi Driver había sido una película polémica desde el principio cuando su director, Martin Scorsese, la enseñó a los estudios y le aseguraron que se iba a meter en líos con la censura. En efecto, tal cual fue entregada la cinta, la MPAA le colocó una X por lo que el film tendría una distribución paupérrima y desde luego no habría pisado ni una de las grandes salar comerciales del país.

Scorsese, en un ataque de histeria se encerró en su casa para averiguar cómo podía rebajar el tono del largometraje sin traicionar su espíritu. Por aquella improvisada sala de montaje pasaron todos sus amigos, Coppola, Spielberg y De Palma hasta que a alguien le sugirió que tal vez sería una buena idea rebajar el tono color sangre de la brutal escena final. Parece ser que esta fue la clave y Taxi Driver consiguió una clasificación menos restrictiva y aun así dura. No era para menos.

Cuando se rodó Taxi Driver, Nueva York era una ciudad fea, sucia y abocada a la bancarrota. La delincuencia campaba a sus anchas y en general no era el destino turístico que hoy es. En general la década de los setenta fue una época complicada, sobre todo en el mundo del cine donde algunas de las obras maestras de aquellos años brotaron de un verdadero cultivo de drogas y alcohol.

Cuenta la leyenda que Paul Schrader, guionista de Taxi Driver, comenzó a escribir el libreto cuando salió de una clínica de desintoxicación y estaba tan desquiciado que lo redactó con un arma cargada sobre la mesa por si se le pasaba por la cabeza la idea de pegarse un tiro y no tenía a mano un arma lista para usar. Scorsese tampoco estaba en su mejor momento. Aunque creativamente era puro prodigio, determinadas decisiones equivocadas lo estaban llevando por un truculento camino hacia la autodestrucción.

Se cuenta que para componer la banda sonora de Taxi Driver, Martin Scorsese, que siempre fue un enamorado del cine de Alfred Hitchcock, quería a Bernard Herrmann, autor de bandas sonoras fundamentales como las de Vértigo, Con la muerte en los talones o Psicosis.

Sin embargo Herrmann, que ya había trabajado para De Palma, amigo de Scorsese, cuando leyó el guion de Taxi Driver no terminó de verlo claro. Al músico le gustaba inspirarse en los personajes para componer sus bandas sonoras pero cuando se enfrentó a Taxi Driver le dio la impresión de que ahí no había ningún personaje.

Es curioso que el gran problema de Herrmann fuera este y que una de las escenas míticas de la película sea la de Travis Bickle (Robert De Niro) mirándose al espejo preguntándose ¿hablas conmigo? (You talkin´ to me?). Creo que Bickle mirándose al espejo y preguntándose así mismo es un ejemplo perfecto de un personaje que no se encontraba, porque no se veía, porque a efectos prácticos casi no existía.

Bickle es un taxista de una mugrienta ciudad de Nueva York decidió a acabar con la escoria. El problema es que su solución es raparse la cabeza y liarse a tiros en los bajos fondos de la ciudad. En el fondo Taxi Driver es la historia de un hombre difuminado en una sociedad sin ética y sin moral que opta por la violencia para ocupar algún lugar en algún sitio por una buena causa. Una prostituta menor de edad (una jovencísima Jodie Foster) será quien le haga ver algo de ternura y belleza entre tanta miseria pero Bickle tomará el camino equivocado. Eso es Taxi Driver, un descenso a los infiernos de la mano de un hombre que quería ser bueno pero que no hizo las cosas bien.

Tags:
cine
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