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Bodas: ¿Prohibido niños?

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Getty Images/Blend Images

Michael Rennier - publicado el 05/08/16

Un buen argumento para invitar niños ruidosos a las bodas, fiestas extravagantes y otros eventos de adultos

“Papá, ¿por qué no puedo ir a la boda? Me encantan las bodas”.

Estas son las palabras de mi decepcionada hija de nueve años de edad, tras saber que, una vez más, no había sido invitada a otra boda. Ella y sus hermanas – mis hijas más mayores – adoran las celebraciones especiales. Les encanta vestirse elegante cuando vamos a restaurantes y participar en todo tipo de actividades de adultos. Todavía se comportan como niñas, juegan al fútbol, andan en bicicleta y miran cualquier cosa bajo un microscopio. Nada les gustaría más que abrir una invitación de boda o fiesta que llega por correo. Sin embargo, lo triste es que en muchas de esas invitaciones, ahora están escritas las palabras: prohibido niños.

Yo lo entiendo. Las celebraciones de boda son extremadamente caras. Ningún matrimonio debería empezar su andadura con una carga de deuda a causa de la boda – en cualquier caso, las bodas más baratas parecen prever matrimonios más largos. Así que, yo sé que existen buenas razones para limitar a los invitados y hacer recepciones sólo para adultos.

He notado, sin embargo, que hoy en día a los niños se les deja fuera de más eventos aparte de las bodas. Por ejemplo, en muchas iglesias los hijos se quedan en los programas de escuela dominical; en las fiestas son enviados a otra sala para ver la televisión (o salir de casa con una niñera), y en los restaurantes son tratados de forma diferente.

Yo soy el primero en admitir que los niños hacen mucho ruido en los eventos. Por ejemplo, una iglesia donde los niños se quedan con los adultos para la adoración. A veces, consiguen prestar atención o entretenerse en silencio, pero hay otros momentos en que parece que vayan a tirar abajo el edificio con su energía exuberante.

La familia de enfrente tiene cuatro niños con menos de nueve años, y Tim, el padre, le recuerda a su hijo que no hay que escupir en el suelo. Al lado de ellos está Bill, cuyos hijos son adolescentes ahora, pero recuerdo lo estrenaste que fue cuando eran más jóvenes: “Me parecían más ruidosos que los demás. Veo a los niños de otras personas y pienso, qué dulces”.

Me pregunto realmente cómo el hombre en el banco de atrás de mi familia puede rezar cuando mi niña juega con una bola de goma, o cómo el sacerdote puede decir su sermón cuando mi hijo está de pie sobre el banco.

Y cuando empiezo a soñar en dejar a los niños fuera de la iglesia, en una escuela dominical, y cuán glorioso sería tenerlos fuera un rato, entonces, de vez en cuando, un parroquiano gracioso se detiene frente a nuestro banco y nos agradece por haber traído a nuestros hijos. Un domingo, una dulce mujer irlandesa llamada Joan dijo que ella adora ver a los niños. ¿Será que ella no vio el juego de lucha que mis hijos tuvieron en el banco? Ella nos aseguró que los niños siempre serán niños y es muy bueno tenerlos cerca.

Aunque a veces necesite una noche sin mis hijos, yo estoy de acuerdo con Joan, que es bueno tener a los niños alrededor. Recientemente mi esposa y yo hicimos una fiesta en la víspera del Año Nuevo e invitamos a familias enteras a celebrarla con nosotros. Los adultos consumieron una cantidad modesta de champaña, pero los niños estaban con la gente, a veces sentados y oyendo la conversación de los adultos, y a veces corriendo como salvajes por los pasillos y jugando. Nuestros invitados se quedaron sorprendidos y felices por no haber encontrado niñeras y, aunque la fiesta terminara mucho antes de la media noche, la reunión fue un éxito.

Algunos padres en otras partes del mundo parecen estar dispuestos a tener hijos y darles responsabilidades de adultos. Mira España, donde no hay hora de dormir para los niños, para que ellos puedan “participar de la vida familiar en la noche”, o en Francia, donde no hay trato diferenciado para los niños en un restaurante, o en Alemania, donde los preescolares están autorizados a usar cuchillos.

Respecto a eso, es bueno para los niños involucrarse en la vida de sus padres, sólo que a veces, los niños sólo quieren ser niños. Entonces, como todo, hay que encontrar un equilibrio. Estar con los padres es bueno para los niños, pero es importante que los amigos no desplacen a los padres. Queremos que nuestros hijos absorban nuestros valores y tradiciones, y no de cualquier compañero en la escuela.

En el libro Hold On to Your Kids: Why Parents Need to Matter More Than Peers, los médicos Gordon Neufeld y Gabor Maté escriben: “Hay un tipo especial indispensable de relación, sin el cual la paternidad carece de una base sólida… Para que un niño esté abierto a ser padre cuando sea adulto, debe tener un vínculo activo con el adulto”.

La paternidad es menos sobre lo que hacemos y más sobre quienes somos. Nosotros somos parte de la familia, y nuestra presencia constante da a nuestros hijos la confianza de estar sin miedo en el mundo.

Una de las mejores maneras de ayudar a los niños a hacer eso y volverse adultos bien equilibrados es permitirles pasar más tiempo en nuestras vidas junto con la gente – llevándoles a tomar una taza de chocolate caliente en una cafetería, dejándolos comer nuestra comida, dejándolos ir a bodas y fiestas con la gente, y estar en la iglesia con todos los demás. En casa mi hija muchas veces toma su taza de te y se queda oyendo a mi esposa platicar con otras mamás. En lugar de reñirle y pedirle que salga, mi esposa la deja, pues así está descubriendo el arte de la conversación.

Los niños aún están aprendiendo y ellos tienen sus propias interacciones exclusivas con el mundo, por eso no podemos esperar que sean mini adultos. La diversidad y la alegría que ellos traen a cualquier ocasión muchas veces vale la pena. Al final de cuentas, la razón del porqué se casa, celebrar los cumpleaños de la familia y participar en adoraciones es para estar juntos como una familia humana y compartir nuestras vidas con los demás.

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