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Francisco en Asís: demasiado odio y rencor, el mundo necesita perdón

Vatican Insider - publicado el 04/08/16

«El mundo de hoy necesita perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor y nutren odio, porque son incapaces de perdón, arruinando la propia vida y la ajena en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz». Lo dijo Papa Francisco durante la meditación que pronunció en su visita de esta tarde a la basílica de Santa María de los Ángeles, en la Porciúncula, lugar clave de la experiencia espiritual de San Francisco. En el ámbito del Jubileo de la Misericordia, y en el octavo centenario del «Perdón de Asís», el Pontífice argentino, que después de la meditación se puso a confesar a los fieles,
subrayó que «la vía del perdón» puede «renovar a la Iglesia y al mundo».

«Me gusta recordar hoy, antes que nada, las palabras que, según una antigua tradición, san Francisco pronunció justo aquí, frente a todo el pueblo y a los obispos», dijo el Papa en la basílica de Santa María de los Ángeles, después de haberse detenido en oración silenciosa en la Porciúncula, al comentar el pasaje evangélico de Mateo 18, 21-35: «¡Quiero mandarlos a todos al Paraíso! ¿Qué más bello podía pedir el pobrecillo de Asís —exclamó el Papa que eligió el nombre de Francisco— sino el don de la salvación, de la vida eterna con Dios y de la alegría sin fin, que Jesús adquirió para nosotros con su muerte y resurrección? Además, ¿qué es el Paraíso sino aquel misterio de amor que nos vincula para siempre a Dios para contemplarlo sin fin?».

La del perdón, dijo Papa Francisco, «es ciertamente la vía maestra que hay que seguir para alcanzar ese sitio en el Paraíso. ¡Y aquí, en la Porciúncula, todo habla de perdón! ¡Qué gran regalo nos hizo el Señor al enseñarnos a perdonar para hacernos tocar con la mano la misericordia del Padre!». «¿Por qué —se preguntó el Papa— deberíamos perdonar a una persona que nos hizo daño? Porque nosotros fuimos perdonados primero, e infinitamente más». La parábola de Jesús narrada por el evangelista Mateo «nos dice justamente esto: así como Dios nos perdona a nosotros, nosotros también debemos perdonar a los que nos hacen daño» y «cada uno de nosotros podría ser el siervo de esa parábola, que tiene una gran deuda que saldar, pero tan grande que nunca podrá hacerlo. También nosotros, cuando en el confesionario nos arrodillamos frente al sacerdote, repetimos el mismo gesto del siervo. Decimos: ‘Señor, ten piedad de mí’. Dios tiene paciencia. Mucha paciencia.Sabemos bien, de hecho, que estamos llenos de defectos y que recaemos a menudo en los mismos pecados. Sin embargo Dios no se cansa de ofrecer siempre su perdón, cada vez que lo pedimos». El perdón de Dios, afirmó Francisco, «no conoce límites; va más allá de nuestra imaginación y alcanza a quien, en lo íntimo de su corazón, reconozca que se ha equivocado y quiera volver a Él. Dios ve al corazón que pide ser perdonado».

Según el Papa, «el problema, desgraciadamente, nace cuando nosotros nos confrontamos con un hermano que nos ha hecho un pequeño entuerto»: «Cuando estamos nosotros en deuda con los demás, pretendemos la misericordia; en cambio cuando estamos en crédito, invocamos la justicia. Todos nosotros. Esta no es la reacción del discípulo de Cristo ni puede ser el estilo de vida de los cristianos». Esta, explicó el Papa, «no es la reacción del discípulo de Cristo y no puede ser el estilo de vida de los cristianos». Es decir, «limitarnos a lo justo, no nos mostraría como discípulos de Cristo, que han obtenido misericordia a los pies de la cruz sólo en virtud del amor del Hijo de Dios. No».

«Queridos hermanos y hermanas —concluyó Francisco—: el perdón del que nos habla san Francisco se ha hecho ‘cauce’ aquí en la Porciúncula, y continúa a ‘generar paraíso’ todavía después de ocho siglos. En este Año Santo de la Misericordia, es todavía más evidente cómo la vía del perdón puede renovar verdaderamente la Iglesia y el mundo. Ofrecer el testimonio de la misericordia en el mundo de hoy es una tarea que ninguno de nosotros puede rehuir. El mundo necesita el perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz. Pedimos a san Francisco que interceda por nosotros, para que jamás renunciemos a ser signos humildes de perdón e instrumentos de misericordia. Podemos rezar por ello, cada uno como quiera. Invito a los frailes, a los obispos, a ir a los confesionarios (yo también iré para estar a disposición del perdón). Nos hará bien recibirlo hoy, aquí, juntos. Que el Señor nos dé la gracia de decir esa palabra que el padre no nos deja terminar, esa que dijo el hijo pródigo: ‘Padre, he peca…’. Y le tapó la boca y lo abrazó. Nosotros empecemos a decir, y Él nos tapará la boca y nos revestirá. ‘Pero, padre, mañana… tengo miedo de hacer lo mismo’. El Padre siempre ve el camino, esperando a que vuelva el hijo pródigo, y todos nosotros lo somos».

El Papa llegó alrededor de las 15.30 a Asís, para una visita de cuatro horas a en la ciudad de San Francisco. La ocasión es el 800 aniversario del «Perdón de Asís», cuando Papa Onofrio III concedió en 1216 la indulgencia a los fieles que visitaran la Porciúncula según la petición de san Francisco, a quien se le habían aparecido Jesús y la Virgen rodeados de un grupo de ángeles. Todavía en la actualidad, cada año, desde el medio día del primero de agosto hasta la medianoche del 2 de agosto, los fieles pueden obtener la indulgencia plenaria. Al concluir la meditación, Papa Francisco, después de saludar a los obispos presentes y a los superiores generales de las órdenes franciscanas, se reunirá con los religiosos enfermos en la enfermería y después saludará a los fieles. Volverá al Vaticano alrededor de las 19 horas.

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