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Nos casamos y apareció su verdadero yo

Orfa Astorga - publicado el 30/07/16

El proceso de una mujer para salir de su maltrato emocional

Una buena amiga se lo presentó, era de sonrisa amigable, mirada acariciadora, trato respetuoso, suave, encantador. Ahora sabe que fue fríamente elegida y asegurada por un flechazo ejecutado con la habilidad y cálculo de quien podía ser lo mismo ángel que demonio.

En aquel momento tuvo la certeza de encontrarse frente a su príncipe azul, sin haber nada que le advirtiera de que se encontraba realmente ante lo que sería la gran tragedia de su vida.

Pero dejemos que Susan* nos cuente su caso:

Aun con mi juventud y a base de mucho esfuerzo, yo tenía un puesto ejecutivo importante, prestigio, relaciones, ciertos ahorros. Él, inexplicablemente para mí, resultó un gris profesional con una trayectoria inestable, pero un joven animoso y con tiempo para aprender, lo cual me hizo considerarlo positivamente.

No había en mi formación familiar deficiencias afectivas que me predispusieran a caer fácilmente en inicuos amoríos, pero eso no me protegió, pues iniciamos una relación en donde rápida e intensamente me hizo sentir idealizada, amada, comprendida.

Desde un principio me cubrió con una intensa lluvia de encendidas frases, cartas, regalos, llamadas, WhatsApp, que me hicieron sentir el ser más afortunado del universo, el más bello, inteligente, noble y sexualmente atractivo jamás imaginado por alguien, me sentía pletórica de dicha.

Yo a mi vez, aunado a su atractiva apariencia física, veía en él la bondad y el desinterés por todo lo que no fuera mi amor hacia él y mi bien personal.

Me subyugó de tal manera que en mí se desarrolló no solo un enamoramiento, sino una adicción tan real que no sabía estar sin él; se lo decía, pero ahora lo sé, eso no hacía falta… él ya lo sabía.

Lo sabía tan bien que desde un principio ese había sido su objetivo, y sin darme cuenta, pronto me convertí en un satélite que giraba a su alrededor.

Así, ciegamente enamorada le dije sí a su petición de casarnos. Ciega a tantas cosas, no fui capaz de darme cuenta de que con mil excusas, no me había permitido conocer más de cerca a su familia, al tiempo que me apartaba de la mía.

Luego de pocos meses, su comportamiento cambió creándome una confusión tal, que no podía distinguir si trataba con un ángel o con un demonio, pues alternaba su trato encantador, con arrebatos agresivos en que parecía dispuesto a todo, quedándome claro que me mentía, engañaba, que era infiel.

Luego se cansó de ponerse la máscara y todo lo bello se convirtió sin ninguna duda en un cruel espejismo que cedió a una realidad en la que fui humillada, vejada, ninguneada de mil maneras, mientras tenía emocionalmente las manos atadas.

Había caído en las redes de un ser enfermo, capaz de manipular emocionalmente con todas las artes a otro ser humano utilizándolo para sus fines.

Fui utilizada por alguien que se enquistó en mi vida como un parásito, medrando a costa de disminuir las capacidades vitales de mi espíritu.

Alguien que solo buscaba mis ahorros, mis relaciones, mi éxito, mi presencia a su lado para llevar agua a su molino, sin ningún sentimiento de agradecimiento, remordimiento, consideración moral. Sin embargo, me aferré a no reconocerlo.

Me encontraba secuestrada emocionalmente, y él, al saberme incapaz de escapar, destruía sin miramientos mi autoestima.

En ese corto tiempo había aprendido a no defenderme, a no reclamar ni discutir, a no esperar nada. Titubeaba queriendo despertar de una horrible pesadilla, para volverme a encontrar con él como el amado y mayor bien de mi vida.

Lo hacía con sentimientos encontrados donde lo que había sido la belleza de la relación, contrastaba con todo el mal recibido.

Me convertí así en un ser sumiso, dependiente, vacío de sí mismo que daba sin recibir jamás nada a cambio. Un ser que tenía sentimientos de rabia, impotencia, frustración.

Me había vuelto muy irritable, desesperada, explotaba fácilmente y era tal mi confusión, que en ocasiones terminé dándole la razón y pensando lo peor de mí misma. Me había enseñado a sentirme culpable.

Con todo, me daba cuenta de que debía terminar con aquello, pero la cabeza me decía una cosa y el corazón otra.

Ante tanto horror lo intenté varias veces, hasta parecía que lo había logrado. Lo dejé y recomencé como pude reconstruyendo mi vida a pedazos.

Al principio creí que estaba a salvo, que estaba curada y era libre. Pero no fue así, escapé sí, pero regresé varias veces a sus redes después de una carta, un regalo, unas flores y finalmente una llamada y un encuentro en donde me volvía a hechizar con mil promesas de amor eterno; en lo que ahora me doy cuenta: siempre sin reconocer sus culpas.

Un encuentro que me hacía recordar solo lo bueno, la parte artificialmente bella de nuestra relación.

Lo malo…en un esfuerzo por evitar el sufrimiento,mi mente lo había convertido en un cúmulo de recuerdos bloqueados, aparentemente inexistente.

Seguía siendo su presa atada por el vínculo traumático que él había provocado deliberadamente.

Finalmente incapaz de sufrir más, pude dejarlo.

Fue hace algunos años, hoy, recibiendo ayuda terapéutica, aún padezco traumas que van cediendo poco a poco en la lenta y penosa reconstrucción de mi autoestima, pues sufrí un eclipse total de mi personalidad.

Tanto, que de aquella persona exitosa, segura, desenvuelta, quedó un ser sin forma, inseguro hasta de facultades esforzadamente aprendidas y desarrolladas, al punto de perder finalmente el trabajo profesional e incapaz de competir por otro de menor nivel.

Había quedado deshecha.

La terapia consistió en importantes aspectos como:

  • Se me ayudó a liberarme de él a partir de la premisa de no permitirme olvidar los terribles momentos que había vivido, por doloroso que eso resultara; era una a realidad reconocer, afrontar y sanar poco a poco. Un terrible contrapeso contra los ”buenos recuerdos”.
  • A regresar y confiar mi situación en mi familia de origen, en busca de un importantísimo apoyo sugerido profesionalmente por mi terapeuta.
  • Se me ayudó también a reconocer y a aceptar que mi amor por esa persona no existió realmente, que solo fui manipulada emocionalmente.
  • A reconocer finalmente, que esa persona de la que creí enamorarme, nunca existió.

Entré así en un duelo intenso, pero necesario, para sanar mi alma y mis sentimientos.

Comienzo a recuperar una confianza que me permita volver a creer en relaciones sanas, honestas… pero sé que me llevara tiempo, quedé como analfabeta emocional.

Finalmente me quedó claro que me había culpado de cometer un grave error, pero en realidad fui una víctima como lo pueden ser otras mujeres, que de buena fe, no dudarían de quien con una actuación magistral representa un papel de hombre noble y enamorado; el papel de una calidez sin fondo, sin verdadera intencionalidad.

Llamando a las cosas por su nombre, me vinculé con un verdadero psicópata.

¿Cómo puede ser posible tanto daño?

Es así, porque el daño sucede en el núcleo más íntimo del ser de la persona engañada, invadiendo a partir de ahí, toda su realidad corporal, expandiéndose a la inteligencia y a la voluntad.

El daño es tan grande porque el ser humano es constitutivamente amor, y existen quienes sabiéndolo, se valen de esta realidad para sus perversos fines.

*El nombre ha sido cambiado, para proteger la identidad de quien tan generosamente aportó su caso.

Por Orfa Astorga de Lira, Máster en matrimonio y familia., Universidad de Navarra.

Escríbenos a:consultorio@aleteia.org

Tags:
amor de parejamatrimonio
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