Aleteia

El valor de la papa andina, según un cura gaucho

Comparte

Un producto que puede involucrar a comunidades enteras e ilusionarlas con un horizonte mejor

Para evangelizar los pueblos, el padre Sigfrido Moroder, «Chifri», aprendió a usar el parapente para ir de paraje en paraje. Pero en su esfuerzo por comunicar el Evangelio a los habitantes de la quebrada salteña, en Argentina, este cura gaucho del siglo XXI mostraba además un fuerte compromiso con el desarrollo, y a la vez, la revitalización de las ancestrales raíces culturales de los pueblos. Preocupado por la fe y la esperanza allí donde difícilmente se accede, como cien años atrás hacía el modelo de cura gaucho José Gabriel Brochero, santo cura Brochero, desde octubre próximo.

Se celebró estos días en Quebrada del Toro, Salta, la VI Fiesta de la Papa Andina, evento iniciado por el padre «Chifri» para difundir y reivindicar la labor de los pequeños productores de este particular producto.

La papa andina es un tipo de hortaliza característico del noroeste argentino, Bolivia y Perú. Crecen a más de 3.000 metros de altura en los cerros y montañas andinas, y por el frío, no alcanzan el tamaño de las papas más consumidas. De un sabor absolutamente vinculado a la tierra en la que crecen, son dulces y tiernas, ricas en calcio y minerales varios, y de fácil digestión.

Pero ante todo, se trata, como explicaba el padre «Chifri» en 2011, unos meses antes de morir, de un producto que puede involucrar a comunidades enteras e ilusionarlas con un horizonte mejor. Por eso, desde la Fundación El Alfarcito, con la que llevó el progreso en distintas formas a Quebrada del Toro, en Rosario de Lerma, se impulsó un proyecto para la profesionalización del cultivo y la comercialización de la papa andina.

En el marco de este proyecto, organizó esta fiesta de la papa andina, que tras su muerte, se va convirtiendo en un hito anual para la comunidad salteña.

Según contaba «Chifri» en julio de 2011 al periodista Gustavo Ruiz, se trata de “un trabajo en conjunto, con todos los productores de las distintas comunidades de los cerros, que abren horizontes nuevos. Que pueden soñar ya con que el trabajo de ellos no sea solo de autosustento, para las familias, sino (que les sirva para) llegar a tener un excedente que les permita comercializar”. “Poder entregar la papa andina, que es un producto hecho con las manos de toda la gente del cerro, que con esfuerzo y sacrificio la han bajado en burros y mulas por horas, y que pueda llegar a rincones del país y Dios quiera después a algunos lugares del mundo, es muy lindo”, profundizaba, y completaba: “Es llegar con esa cultura ancestral, con esa identidad a tantas mesas”.

En el paraje El Alfarcito, desde el que se realizan proyectos que favorecen a 25 comunidades, se volvió este año a realizar una fiesta que convoca a más de 40 productores, que exponen su trabajo, familias, vecinos, y cada vez más, turistas. Comidas, músicas, danzas, oración, familia, y la presencia de cuatro banderas que representan la identidad de la fiesta y que el padre «Chifri» quiso explícitamente estén presentes para la primera edición: la argentina, la de Salta, la de los pueblos originarios y la papal.

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.