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Lo que las mujeres casadas desde hace tiempo quieren que sepan sobre sexo las mujeres solteras

Caryn Rivadeneira - Aleteia For Her - publicado el 26/07/16

¿De dónde viene el verdadero placer? 23 sorprendentes confesiones

Hay incontables opciones para una mujer que busque la “verdad” sobre el sexo, desde investigar en Internet y leer las últimas encuestas hasta preguntarle a alguna mejor amiga que parezca ser la más experta en la cuestión y a la que nunca le falten las atenciones masculinas.

También podemos recurrir a ciertos famosos que han ofrecido sus propios —y a menudo cuestionables— consejos sobre qué hacer y qué no en el dormitorio. Tanta variedad de consejos puede crear confusión e incomodidad, si intentamos ser algo que no somos.

Normalmente recurriríamos al consejo de nuestras madres, pero pocas de nosotras se sentirían cómodas conversando con ellas sobre sexo, independientemente de la confianza que haya. Así que, ¿cuál es el siguiente mejor recurso?

Pues preguntarle a otra mujer que lleve mucho casada, está claro. Ellas son las auténticas “sexpertas”: las que han pasado por todos los altibajos de una relación hasta el matrimonio y más allá (asumámoslo: nadie, jamás, puede vivir en un matrimonio largo que sea perfecto y sin problemas).

Podrán cambiar los tiempos y la cultura, pero las relaciones entre hombres y mujeres no cambian.

No importa lo que algunos puedan decir, todos queremos lo mismo en nuestras vidas conyugales (o con nuestros futuros cónyuges): sentido, durabilidad, compromiso y amor para toda la vida, aunque nuestra cultura actual intente convencernos de algo diferente.

Hemos pedido a un puñado de mujeres casadas —en matrimonios que van desde los 7 hasta 35 años de duración— que compartan las más profundas verdades sobre el sexo que no escuchamos tan a menudo:

El sexo es lo más cerca que mi marido y yo podemos estar el uno del otro como pareja casada. Restablece nuestro vínculo personal después de una discusión fuerte. Es la diversión de intentar descubrir qué hace disfrutar al otro. Es un gran alivio contra el estrés y es muy divertido buscar el momento para dejar a los niños al margen y escabullirnos para estar juntos en mitad del caos de nuestras vidas.

Es la máxima expresión de entregarse por completo y mostrarse vulnerable ante el otro. Es una relación exclusiva en la que tengo confianza, por ser única entre mi marido y yo. Ninguna otra persona comparte ese intercambio con él. Puede que otras chicas piensen que es mono o que les encante su increíble habilidad con la guitarra, pero yo soy la única que comparte todo mi ser con él, y él se comparte por completo sólo conmigo.

A mi marido y a mí nos dijeron en el curso prematrimonial que el sexo es el “aceite en la lámpara” del matrimonio. Después de casi 30 años, estoy de acuerdo. Cuando empiezo a sentir que mi marido me irrita o me molestan las pequeñas cosas a mi alrededor o me siento distanciada de él, pienso: ¿Cuándo fue la última vez que intimamos? Tenemos que añadir un poco más de “aceite” a la lámpara de nuestro matrimonio. Por lo general practicamos sexo al menos una vez a la semana y nos considero una de las parejas casadas más felices que conozco.

Saber que estamos participando en la vida sacramental hace que el acto sexual no sea sólo algo físico, sino un acto profundo de unión espiritual.

El sexo antes del matrimonio carece, en su inherente naturaleza, de libertad. Conlleva mucha ansiedad en relación a un posible embarazo no deseado y sobre cuestiones de compromiso, acentúa las inseguridades. También puede cegarnos sobre lo buena o mala que es en realidad la relación de pareja. Nos hace dependientes de la otra persona y nos hace sentir obligados a permanecer con él o ella incluso cuando ya hay claras señales de que no funciona.

El sexo con amor en el matrimonio monógamo es el sexo seguro. Y no sólo porque estas parejas no tienen riesgo de ETS o de violencia sexual, sino porque hay libertad en la confianza, en la exclusividad y en el vínculo que compartimos con nuestros cónyuges en el sacramento del matrimonio. Es seguro explorar, jugar, buscar placer en la otra persona y ofrecérselo también.

¡El sexo en el matrimonio es libertad!

En nuestra noche de bodas recuerdo que pensé: Soy libre. Soy tuya y tú eres mío. No me preocupaba lo que pudiera pensar sobre mí. Estábamos enamorados y comenzábamos un camino juntos. Fuimos capaces de entregarnos por completo el uno al otro sin miedo ni preocupación ni falta de compromiso.

El sexo antes del matrimonio es como meter un pie en el agua. El sexo después del matrimonio ¡es zambullirse en el agua de verdad!

Si no habéis dormido juntos antes de la noche de bodas, el interruptor no se va a encender de repente. No tendréis un sexo apasionado al instante. Es posible que sea buen sexo, pero necesitaréis cierto espacio para ajustaros sexualmente el uno al otro.

¡El sexo apasionado e inmediato no es la mejor recompensa a permanecer vírgenes y ser “buenas” chicas!

El sexo de casados merece la pena. Es lo que aprendí en el contexto de una relación amorosa, comprometida y comprensiva. Fue muy diferente a los encuentros apresurados y meramente físicos que había experimentado anteriormente, tan diferente que es difícil compararlos.

El sexo es mucho más que un simple acto físico. El matrimonio ofrece un marco que pone el sexo en el contexto del compromiso de una forma imposible para ningún otro tipo de relación.

Hay una hermosa diversidad de experiencias sexuales dentro del matrimonio. No tenemos que amoldarnos a ningún tipo de estándar. A medida que envejecemos, nos descubrimos de formas nuevas y más profundas. La profundidad de nuestra experiencia es integral.

Incluso después de muchos años juntos, seguimos conociéndonos mutuamente cada vez mejor en la intimidad.

Me encanta que el sexo sea algo que sólo comparto con mi esposo. Es exclusivo, íntimo, privado. Mi marido y yo tenemos amigos y colegas de trabajo del sexo opuesto a quienes apreciamos y respetamos. Pero el sexo es sólo entre nosotros dos.

Al haber estado en relaciones y en citas donde la castidad era difícil de respetar, cuando vuelvo la vista atrás no recuerdo otra cosa. La relación pasaba a centrarse exclusivamente en lo físico.

Frecuentemente, y a menudo el único medidor de mi interés en una persona, era lo lejos que llegábamos físicamente, en vez de nuestra intimidad emocional y el tiempo y las atenciones que nos ofrecíamos.

Mi historial sexual personal surgió de una honda necesidad de afirmación y atención masculina. Era bastante promiscua y pocas veces desarrollé buenas relaciones además de a través del sexo.

Cuando conocí a mi marido, aprendí que era posible tener una relación basada en algo más que el sexo.

El sexo crea un vínculo entre dos personas. Si tienes ese tipo de intimidad con una pareja reciente, la ruptura puede ser extremadamente dura y el dolor muy largo. Uno podría tomarse el sexo más en serio que el otro.

El sexo dificulta distanciarse cuando es necesario en una relación de citas.

A largo plazo, el sexo en el matrimonio puede perder encanto. Porque parte de la diversión del sexo viene de la novedad y del deseo físico básico.

Después de años y años juntos, hemos redefinido la versión de la cultura pop de lo que es la novedad y la pasión, hemos llegado a algo más profundo.

Una vida juntos incluye esas cosas, pero también incluye muchas otras (como problemas económicos, enfermedades, los niños) que pueden quitar la diversión del sexo durante semanas (¡o meses!) constantemente.

Lo más difícil del sexo en el matrimonio son las expectativas sobre la frecuencia con la que se tendrá sexo.

Cuando termina el día, después de alimentar al bebé y atender las necesidades de los niños, a menudo sólo tengo ganas de ir a la cama y no de estar con mi marido. Aunque siempre me alegra cuando busco el tiempo para intimar con él, incluso cuando al principio no tenía ganas.

El matrimonio incluyendo el sexoconsiste en dar de nosotros en sacrificio. ¡Sacrificio! ¡Una palabra que no usamos en nuestra cultura!

Él también tiene que sacrificarse durante ciertos periodos del mes cuando estamos practicando Planificación Familiar Natural o en otros momentos cuando tenemos que abstenernos.

El sexo de casados requiere mucha paciencia y sacrificio y poner primero a la otra persona constantemente.

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