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Nos estresamos, porque somos… inteligentes

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El responsable de todo esto es nuestra capacidad del pensamiento abstracto

Nuestra inteligencia ha evolucionado bastante bien… para causarnos enfermedades.

Estamos expuestos al estrés causado por relaciones con la gente, motivado por el deseo de cumplir con nuestros sueños, planes, por el deseo de asegurarnos un alto estatus social y financiero.

Como se puede ver, la inteligencia, a través de la cual se desarrolló la civilización, al mismo tiempo nos proporciona problemas.

La capacidad para el pensamiento abstracto provoca la creación en la mente de una gran cantidad de ideas y creencias que nos estresan.

Podemos sentir dolor por la hambruna en Bangladesh. Entonces comenzamos a temer por nosotros mismos. Nos estresan los ataques terroristas que tienen lugar lejos de nosotros.

Nos estresa la crisis financiera en el mundo, a pesar del hecho de tener un trabajo estable. Podemos envidiarle a Bill Gates y sentirnos inferiores a él. Sentimos las desgracias experimentada por los héroes de las películas.

También el trabajo nos conduce hacia el estrés crónico. No su acción ni el exceso, sino las malas relaciones, sentirse infravalorado, el desequilibrio entre el esfuerzo realizado en la ejecución de la obra y los beneficios que nos proporciona, explica Robert Sapolsky, biólogo y neurocientífico de la Universidad de Stanford.

El estrés momentáneo, el estrés a largo plazo

Aunque todos los vertebrados responden al estrés liberando adrenalina y glucocorticoides, en los animales estas sustancias no interfieren tanto con el metabolismo como en los seres humanos y otros primates.

El estrés en los vertebrados aparece de repente y dura sólo un momento, por ejemplo cuando se necesita escapar de un depredador.

Las hormonas del estrés aumentan la energía para actuar. Se eleva la presión arterial, se libera más azúcar en los músculos para aumentar la energía para escapar.

Apagan, mientras tanto, los mecanismos que son necesarios para mantenerse con vida, tales como la digestión, el crecimiento, la reproducción.

A continuación, los niveles de hormonas del estrés disminuyen y el funcionamiento del cuerpo vuelve a la normalidad.

Las personas reaccionamos ante el estrés a largo plazo, como la preocupación por el dinero o una promoción en el trabajo, de la misma forma que los animales reaccionan ante el estrés momentáneo.

Cuando estamos en un atasco de tráfico para ir a trabajar y nos ponemos nerviosos, las hormonas del estrés hacen que el cerebro consuma más glucosa y se vuelvan más fuertes los músculos de las piernas.

Esto ocurre porque no tuvimos tiempo suficiente para desarrollar una manera eficaz de gestionar el estrés mental, dice el científico.

Mientras tanto, el estrés crónico aumenta el riesgo de diabetes y de la hipertensión. Interfiere con el sistema digestivo, lleva al desarrollo de tumores y aumenta la susceptibilidad a las enfermedades infecciosas.

Vale la pena hacer un buen uso del estrés  Sin embargo, según Sapolski, la vida sin estrés sería pobre. Nuestro objetivo no es una vida sin el estrés, sino el uso del tipo de estrés, llamado estimulación, dice.

La misma inteligencia que hace que nos estresemos, nos puede ayudar a defendernos contra el estrés.

Cuando los padres fundadores llegaron a América, es probable que no pensaran en la salud, declarando que la búsqueda de la felicidad tiene que ser un derecho inalienable de todo ser humano.

Sabían, sin embargo, que el sentido de la felicidad y la autoestima eran factores importantes en la reducción del estrés.

Y no se trataba sólo de la posesión de los bienes materiales, sino sobre todo de las posibilidades de realización personal y de la sensación de control sobre su propia vida.

Porque la riqueza material tiene poco que ver con el sentimiento de la felicidad.

En el 25 por ciento de los países más pobres del mundo no existe una relación entre el PIB, los ingresos per capita y el nivel de la felicidad.

En Grecia, uno de los países más pobres de la Unión Europea, la gente se siente mucho más feliz que en Estados Unidos, el más rico de los países.

Un papel muy importante en la reducción del estrés juega también un sentido de pertenencia social y relaciones con los demás.

Las investigaciones del psicólogo Daniel Goleman, autor del libro Inteligencia social, mostraron que las señales de amistad enviadas por una sola persona pueden cambiar de manera favorable los niveles hormonales, la frecuencia cardíaca, los patrones de sueño, e incluso el sistema inmunológico de otra persona.

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