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Abrir los cielos a través de la música

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Ayacucho (Perú) vibra con cantantes de Latinoamérica

Lograron abrir el cielo ayacuchano. Su música elevó a más de 15.000 almas en la Plaza mayor de Huamanga el 9 de julio durante las celebraciones por los 50 años de fundación de la arquidiócesis en la Plaza Mayor de Huamanga de Ayacucho.

No sólo es la música, sino más bien cómo el canto los lleva a hacia Él. ¡Abre los cielos! pedían los integrantes del grupo mexicano Emmanuel “Dios con nosotros” durante el concierto en la ciudad también conocida como el rincón de los muertos.

Pedro González García (líder de alabanza), Gil González García (guitarra y coros), Juan González García (Vocalista), Jesús Jurado (batería), Enrique Vásquez (bajo), Luis Humberto Porras (guitarra), Carlos Guerrero (teclado), Paty Hernández (voz y coros), y Cristal Domínguez (voz y coros) integrantes del grupo Emmanuel, llegaron a Ayacucho de misión A cielo abierto.

¿Cómo lograr abrir el cielo?

Cuando la lluvia brotó del cielo ayacuchano, Esther (República Dominicana), Orlando Elizalde (México) y Carlos Castilla (Venezuela) se encargaron de iniciar la misión a cielo abierto.

Estos cantantes participaron de esta misión que se realiza desde hace 5 años en diversos países de América Latina.

La invitación para abrir el cielo, consiste en reunir a varios cantantes de América en una misma ciudad. Hasta el momento más de 800 mil almas han vivido la experiencia. Se trata de abrir el corazón a Dios. Estar dispuestos para él.

Desde 1984 los músicos le cantan al amor de Dios. En este grupo han encontrado una verdadera familia. Todo empezó en la parroquia Nuestra Señora del Sagrado Corazón ubicada en Azcapotzalco México D.F. cuando formaban parte del coro, así iniciaron su apostolado.

Cielo abierto MR

Siempre de misión: ¡Cantando al Señor!

Hasta el momento han visitado más de 12 países de la región. La propuesta nació con la intención de renovar el acercamiento a los fieles utilizando la música sólo como un pretexto para propiciar siempre el encuentro personal con Cristo.

Desde entonces viajan a cuanto país requiera de su servicio, con sus propios instrumentos y equipos de sonido llegan para enamorar a los fieles con sus testimonios. Esta pastoral artística fue promovida por Norberto Rivera Carrera, arzobispo de México, el 18 de mayo de 1997.

“Somos testigos de la sed y hambre de Dios en los distintos lugares y zonas marginadas que hemos visitado”, comentan los integrantes del grupo.

El pueblo de Ayacucho recibe por tercera vez a los integrantes de “Emmanuel”, quienes disfrutan en cada misión, sobre todo llevando esperanza a quienes están en la cárcel.

¿Por qué debemos estar siempre en misión?

La misión consiste en visitar 5 parroquias de la ciudad en la que se encuentran y en cada una organizar una noche de adoración al Santísimo. “Somos nosotros los que siempre nos revitalizamos terminamos aprendiendo de ellos”, confiesan para la prensa local.

Este grupo realiza sus presentaciones sin costo alguno para los participantes. Y es que ellos han comprobado la importancia de la evangelización y la música como conducto para compartirla siempre.

La última noche de adoración se realizó en el monasterio de Santa Clara, ubicado en el corazón de esta hermosa ciudad virreinal.

Llegar al cielo con la música

La representante de este grupo de música católica, cuenta que en México existe una tradición, que a través de sus presentaciones “Emmanuel” ha querido poner en práctica, se trata del cortejo que existe entre un varón y una mujer.

El varón (Cristo) quien lleva la serenata con mariachis para que la chica (los fieles), se enamoren cada vez más de la Iglesia.

“Queremos cooperar a contrarrestar la cultura de la muerte, que impera en América Latina”, es por eso que realizamos este servicio de evangelización basado en la exhortación del ahora San Juan Pablo II, sobre los retos de la nueva evangelización que nos invita a valernos de todos los medios de comunicación, en este caso de la música.

Al término de sus presentaciones se realizó una celebración eucarística presidida por Salvador Piñeiro, arzobispo de Ayacucho y presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.

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