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Election. La noche de las bestias

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Un nuevo y truculento ejercicio moral y político sobre el bien y el mal y sobre lo horrible y lo bondadoso que puede llegar a ser el hombre

Todavía recuerdo el trailer de The Purge: La noche de las bestias; aunque se intuía que en el fondo aquello era más de lo mismo había algo en sus imágenes y en el tratamiento de su trama que la hacía lindar con el cine de terror. No era una película estrictamente del género pero daba esa sensación.

Algo muy parecido fue lo que consiguió John Carpenter con Asalto a la comisaría del distrito 13 y 1997. Rescate en Nueva York. Eran títulos que oficialmente no encajaban en el cine de horror pero ciertas inclinaciones visuales y sobre todo, la impresión que el conjunto dejaba en el público, las han situado como grandes clásicos del género.

La serie The Purge, salvando las distancias, está haciendo algo parecido a lo que hizo Carpenter.

Esto se nota especialmente en la última entrega de la saga, Election. La noche de las bestias.

Como es bien sabido, la cinta del director y guionista James DeMonaco fantasea con unos Estados Unidos libres de crímenes quizá porque una vez al año psicópatas, desviados, depravados y desgraciados pueden dar, libremente, rienda suelta a sus más oscuras pesadillas sin que haya que responder ante la ley.

Una vez al año, en “la purga”, hasta el asesinato es legal durante doce horas.

Election es la entrega de la saga que, además, más empeño pone en su carácter político que no obstante, ya estaba implícito desde la primera película.

La cinta se centra en las correrías de una senadora y aspirante a la Casa Blanca que quiere acabar con “la purga” y que la consabida noche tendrá que salir apresuradamente de su casa si no quiere acabar en un ataúd de madera.

Durante esa noche, sobreviviendo en la ciudad, las calles de Washington (en realidad Providence) resultarán más fantasmales que nunca.

Monstruos en pena disfrazados con máscaras inertes y armados hasta los dientes sembrarán, nunca mejor dicho, el pánico en un mundo teóricamente civilizado.

Sin embargo, entre tanto horror truculento también habrá espacio para la esperanza. Un grupo de personas que solo hacen el bien porque creen que es lo correcto serán los encargados de desmoronar la siniestra jerarquía que ha establecido “la purga” a través de sus Padres Fundadores.

Es curioso, no obstante, como a los villanos del elenco se les sitúa en una iglesia con un sacerdote que incluso es miembro de la siniestra conspiración para mantener el poder y ejecutar a seres humanos sin consecuencia legal alguna.

Da la sensación de que la moral se ha evaporado porque nadie siente matar a nadie.

Al final, los malévolos Padres Fundadores se reafirman en una especie de misa negra. La casa de Dios empleada como nido para el mal.

En realidad, Election es toda, en sí misma, un ejercicio de contraste moral muy similar a este. Donde habita el bien por naturaleza, el ser humano, también reside el mal más depravado e incomprensible. Ahí reside lo horrible y lo interesante de Election.

¿Que le sobran diez minutos? También, pero bastante hace.

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