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El santo que evangelizaba a lomo de mula

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San José Gabriel del Rosario Brochero, el "cura gaucho", construyó iglesias, capillas, escuelas y caminos entre las montañas, para los habitantes que vivían dispersos en las montañas

Es cierto que, en noviembre de 1999, Juan Pablo II canonizó a Héctor Valdivielso Sáez, entonces considerado el “primer santo argentino”, pero no es menos cierto que este hermano Lasallista de familia española sólo nació casualmente en Buenos Aires, y vivió la mayor parte de su vida en España, donde murió mártir.

Brochero, en cambio, vivió siempre en su Córdoba natal, donde murió ciego y leproso; así, el llamado “cura gaucho” ostenta el sitial de ser el primer santo “realmente” argentino, como explica la nota de La Nación, de Argentina. 

Brochero se hizo conocido en Córdoba por evangelizar a lomo de mula, compartiendo su vida con la gente del campo.

De hecho, el papa Francisco describió a Brochero como, precisamente, un “pastor con olor a oveja”, y como un “pionero” de la evangelización, al llevar el mensaje de Cristo a las “periferias existenciales”, haciéndose “pobre entre los pobres”.

Brochero murió de lepra, por su costumbre de compartir el mate con sus feligreses aquejados de ese mal.
Brochero murió de lepra, por su costumbre de compartir el mate con sus feligreses aquejados de ese mal.

Nacido el 16 de marzo de 1840 en Santa Rosa de Río Primero, Córdoba, Brochero siempre fue conocido como el “cura gaucho”.

Asumió como propias las necesidades de la gente del campo, y predicó usando la jerga cotidiana de sus feligreses para hacerlo comprensible, en un ejercicio pionero de inculturación del Evangelio.

El “cura gaucho”, que evangelizaba a lomo de su famosa mula Malacara, y de quien se dice que era malhablado y un fumador empedernido, apenas ordenado sacerdote en 1866 partió a socorrer a los enfermos y moribundos de la epidemia de cólera que azotó a la ciudad de Córdoba en 1867.

Pocos años después, en 1869, se hizo cargo del curato de San Alberto, hoy conocido como el valle de Traslasierra, en la localidad de Villa del Tránsito, hoy llamada Villa Brochero.

Allí construyó iglesias, capillas, escuelas y caminos entre las montañas, para los habitantes que vivían dispersos en lugares distantes de las Sierras Grandes, a más de 2000 metros de altura, sin caminos ni escuelas de altura, donde también proyectó un canal ferroviario que atravesaría el valle.

Brochero murió de lepra, por su costumbre de compartir el mate con sus feligreses aquejados de ese mal.

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