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Hermanas, monjas, aspirantes, postulantes, novicias: ¿qué significan estos términos?

AFP PHOTO / MARTIN BERNETTI
Nuns wait for the arrival of Pope Francis in Quito on July 6, 2015. AFP PHOTO / MARTIN BERNETTI
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Un útil glosario de palabras relacionadas con el mundo religioso femenino

Recientemente, una pieza de Aleteia trataba la cuestión de por qué algunas mujeres religiosas llevan el hábito y otras no, lo que motivó otra pregunta por parte de un lector: “¿Cuál es la diferencia entre una ‘hermana’ y una ‘monja’, y en qué se diferencian las postulantes de las novicias?”.

La fotografía de novicias pasionistas de ese artículo muestra a una monja de votos perpetuos, dos de votos temporales, dos postulantes y una aspirante. Dios mediante, las postulantes se convertirán en novicias, con hábitos de velo blanco, y la aspirante adoptará el suéter de postulante y el velo corto (foto usada con permiso).

Resumiendo, una “monja” es una mujer que ha sentido la llamada a vivir en una abadía, un monasterio o un convento, como religiosa contemplativa.

Normalmente, esto conlleva vivir y trabajar dentro de un espacio designado cerrado, vedado a todo el mundo excepto a los sacerdotes, al personal médico y al personal trabajador, de forma que las moradoras sólo abandonan la clausura para asuntos médicos o para actividades relacionadas con el monasterio.

Al igual que con los monjes, el “trabajo” de una monja, además del que requiere la ayuda para el sustento material de la casa, es la oración, que continúa a lo largo de todo el día por el bien de la Iglesia y del mundo.

Una “hermana” es una mujer religiosa cuyo carisma apostólico se considera “activo”, es decir, que aunque tanto ella como su comunidad rezan, también ayudan a la Iglesia por otros medios, entre otros trabajo social, educación, enfermería, asistencia pastoral y en retiros, obra misionera, trabajo con medios de comunicación, cuidado de mayores, etc. Básicamente, ayudan donde sienten que las necesitan.

Alguien más rigorista podría argumentar largo y tendido sobre la diferencia entre las dos, pero la mayoría de las hermanas se refieren a sí mismas como “monjas” y la mayoría de las monjas se llaman “hermanas” entre ellas, así que, aunque hay diferencias, a la mayoría de las religiosas no les importa el término.

Hay religiosos y religiosas, por tanto algunas de las etapas que se mencionan a continuación existen para ambos, pero como la duda surgió en torno a las mujeres, también nos centraremos en ellas aquí.


Más para leer: ¿Cuál es la diferencia entre un sacerdote, un fraile y un monje?


Una aspirante es alguien que vive durante un tiempo con una comunidad para ver si se siente atraída por esa vida y cómoda con esa comunidad, además de para que la comunidad la evalúe también. Algunos lugares llaman a esta etapa “pre-postulantado”.

Una postulante ya se ha mudado formalmente a la comunidad y vive en ella, aunque continúa en una fase de “interrogación”, un periodo de intensa meditación para definir su vocación.

Según la comunidad, el postulantado dura de 6 meses a un año, y durante ese tiempo es posible que se la llame “hermana”, o no. Este hecho y el que la postulante lleve o no algún tipo de uniforme o respete un simple código de vestimenta depende de la comunidad.

Una novicia (del latín novicius, nuevo o reciente) es una postulante que ha sido recibida formalmente dentro de la comunidad, es una principiante.

El noviciado —normalmente (pero no siempre) de dos años para las mujeres y un año para los hombres— da comienzo a un periodo de intensa formación y estudio, de una profunda experiencia de la oración que irá acompañada de una formación tanto canónica como apostólica.

Si la comunidad lleva hábito y adopta nombres de religión (algunas hacen las dos cosas, otras ninguna, y algunas comunidades lo dejan a elección personal de la hermana o monja), todo suele suceder (aunque no siempre) a la entrada en el noviciado, y la hermana asumiría el velo blanco.

Algunas comunidades permitirán el cambio de nombre al empezar el noviciado, pero retrasan el hábito hasta los primeros votos, o viceversa.

Puesto que el noviciado aún se considera parte de una fase de discernimiento en la vocación, la novicia es libre de abandonar la comunidad en cualquier momento (y, claro está, también se le puede pedir que abandone).

Los primeros votos se realizan cuando la novicia ha completado el necesario periodo de noviciado, ha solicitado admisión formal a los votos y los miembros de votos perpetuos y la dirección de la comunidad han discernido en ella una vocación auténtica para su orden o asociación.

La novicia realiza unos votos “simples”, que son vinculantes por la ley canónica durante un periodo de tiempo específico, normalmente de tres a cinco años, a veces más.

Se la considera ahora una miembro de “profesión temporal” en la comunidad y puede trabajar en un apostolado y firmar usando la abreviatura correspondiente a su comunidad.

La profesión temporal aún es un periodo de discernimiento, así que una religiosa todavía puede solicitar la separación, pero como los votos son canónicos, requiere un proceso más formal.

Los votos finales (o perpetuos; en el monacato se denomina “profesión solemne”) se realizan cuando la religiosa profesa sus votos de por vida como miembro de la comunidad.

En la mayoría de los casos firma su declaración de votos en el altar y lo muestra ante los presentes, y sus votos son canónicos.

En este momento ya es una religiosa de votos perpetuos, está plenamente profesada y, en cierto sentido, ya es una “profesional” de esa vida. Y como en cualquier profesión, la formación es continua y dura toda la vida.

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