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México: ¿un nuevo Nuncio para enfrentar la escalada de violencia?

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México se encuentra en un momento muy complicado en su historia

Tras nueve años de servir en México, monseñor Christophe Pierre fue promovido como Nuncio apostólico en Washington. El segundo país con mayor número de católicos del mundo necesitaba un sucesor de monseñor Pierre con experiencia en países con violencia interna; prácticamente en guerra.

Dos sucesos motivaron que el Papa Francisco haya nombrado el pasado 9 de julio al nuevo Nuncio apostólico en México: el viaje de noviembre de 2015 a la República Centroafricana (recuérdese que en Bangui abrió la puerta santa del Año de la Misericordia) y la visita que en febrero de 2016 hiciera a México.

En Bangui supo del trabajo de reconciliación y mediación en la guerra civil de monseñor Franco Coppola –diplomático vaticano de 59 años de edad—y en México supo, de viva voz por parte de los obispos y los laicos con los que se encontró, del ambiente de tensión que viven los migrantes (mexicanos y centroamericanos), la guerra contra el narcotráfico, el papel de los cárteles y la tremenda pobreza que invade a los indígenas, entre otras cuestiones.

Monseñor Coppola ha estado, previamente, en Burundi (2009-2014) y luego en el Chad y en la República Centroafricana. Territorios de misión y de mediación, donde la Iglesia tiene mucho que ofrecer a los bandos beligerantes. En México no será la excepción. Hay estados del país que muestran un deterioro tan grave como el de algunos países africanos en guerra civil.

Ciertamente, México no sufre el avance de radicalismos religiosos, como por ejemplo el Chad y la presencia maligna de Boko Haram. Pero existe una presencia cada vez más palpable de grupos de delincuentes que compran el poder político para establecer rutas seguras de trasiegos de drogas, para secuestrar y extorsionar a la población y a miembros de la Iglesia, que no se escapa de este acoso gravísimo.

“En el marco de la visita de Francisco a República Centroafricana, monseñor Franco Coppola explicaba a la revista Time que sus principales preocupaciones como diplomático en la región eran la proliferación de armas, la violencia, los refugiados, los menores víctimas de la guerra, la condición de vulnerabilidad de las mujeres y la educación. Temas que, sin duda, son comunes con la nación mexicana”, ha dicho en un artículo publicado por El Observador online, el periodista Felipe Monroy.

México es una sede diplomática importante para la Santa Sede: de sus 120 millones de habitantes, 85 por ciento se declara católico, el país está organizado en 93 circunscripciones eclesiásticas y el colegio episcopal suma más de 130 obispos. El arzobispo italiano tendrá su primer encuentro con la plenaria episcopal hasta noviembre próximo (antes sostendrá encuentros con los consejos de Presidencia y Permanente de los obispos mexicanos) pero su arribo podrá ayudar a la mediación entre el episcopado mexicano y el gobierno federal en temas que han distanciado a ambos organismos después de la visita del papa Francisco en febrero pasado.

“Temas como la homologación del matrimonio civil para parejas no heterosexuales y la participación política de miembros religiosos en la construcción de justicia y paz en el país, garantizada por la búsqueda de una formal libertad religiosa, serán parte de los primeros asuntos en la agenda del Nuncio”, escribió Monroy en la publicación católica digital.

Se trata, sin duda, de un gran reto para monseñor Coppola. México se encuentra en un momento muy complicado en su historia. Pero, como dijo en múltiples ocasiones el Nuncio Pierre, tiene el remanente de una fe católica y de una religiosidad popular que es la fuerza que inspiró la presencia en este país de María de Guadalupe. Y sus casi 100 millones de católicos. Suficientes para vencer a la violencia.

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