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Dallas: pequeña crónica de un día difícil

AP
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Un ex reservista del Ejército, tenía en su casa material para armar bombas, rifles, municiones, chalecos antibalas, manuales de táctica de asalto…

Hace unos meses estuve caminando por la zona donde se produjo el tiroteo del jueves por la noche en Dallas. Queda a unos 100 o 150 metros de donde fue asesinado el presidente Kennedy.

Era un sábado por la tarde y me topé con una persona mayor, evidentemente bebida, que escupía cualquier cantidad de blasfemias contra los blancos. Desentonaba con el atardecer de otoño, las amplias avenidas casi solas, el distrito financiero en calma.

Dallas es una de las ciudades de mayor crecimiento en Estados Unidos. Fusión de hispanos, afroamericanos y anglosajones, ha crecido con el petróleo, los corporativos y el comercio.

Pero el jueves por la noche, tras la marcha de protesta de la organización “La gente negra cuenta” por la muerte de dos afroamericanos por parte de policías blancos en otros estados de la Unión Americana, Dallas se convirtió en un verdadero infierno,

Los informes todavía son confusos; hay 5 agentes de policía muertos, 11 heridos, dos civiles más heridos de bala y el supuesto autor de la emboscada abatido por un robot-bomba enviado al garaje donde se escondía el francotirador, luego de negociaciones infructuosas de la policía para detenerlo y conocer sus móviles.

Lo que se sabe hasta ahora –versión oficial—es que el hombre, identificado como Micah Xavier Johnson, de 25 años de edad y que guardaba un verdadero arsenal de armas en su casa, dijo que “quería asesinar blancos”.

El joven doctor del hospital de Dallas, Spencer Septién, dijo en su perfil: “Fue una noche muy, muy larga. Una de las más tristes de mi vida. Ocho de los policías heridos vinieron a mi hospital y cuatro de ellos murieron. No fue fácil estar ahí”.

Y, como en el reciente caso del bar “Pulse” de Orlando, la mira está puesta en la facilidad de hacerse de armas de los estadounidenses, especialmente en Texas, donde las personas tienen permiso de portar armas por la calle.

Johnson, según informes del Departamento de Policía de Dallas, un ex reservista del Ejército, tenía en su casa material para armar bombas, rifles, municiones, chalecos antibalas, manuales de táctica de asalto…

Y el odio racial sigue en las grandes ciudades de Estados Unidos. Un odio que estalla cada vez que las redes sociales muestran brutalidad policiaca blanca en contra de afroamericanos. Que está presente y que explota a menudo. De hecho, ayer viernes fueron tres ciudades más, además de Dallas, las que registraron agresiones contra policías blancos.

Quizá la única nota positiva fue que ayer viernes los candidatos a la presidencia, Donald Trump y Hillary Clinton, suspendieron actos de campaña, abandonaron discursos beligerantes (especialmente Trump) y llamaron a todos a la unidad. Lo mismo pidió el presidente Obama, de gira por Europa. Pero el odio racial es un fuego latente. Y en cualquier momento, puede extenderse.

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