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Happy Valley: “England is different”

Jorge Martínez Lucena - publicado el 04/07/16

El BREXIT nos ha recordado que England is different. Alguna de esas idiosincrasias que la han convertido en la punta de lanza de la desmembración de Europa aparece retratada en la miniserie de la BBC que hoy nos va a ocupar, Happy Valley (2014-), de la que ya tenemos dos temporadas.

El espacio dramático se centra en una ciudad del oeste de Yorkshire, Halifax, un lugar donde se ha votado masivamente a favor de la salida de Unión.

Es la típica urbe inglesa, en mitad de esa Inglaterra lluviosa salpicada de un verde casi radioactivo, que ha sufrido los efectos irradiadores del capitalismo más desbocado, generando detríticas aglomeraciones humanas en barrios marginales regados por alcohol, narcotizados por las drogas y entregados a la criminalidad más o menos organizada, etc.

Todo lo que la cámara nos muestra parece verificar esa decadencia de la crisis que ha generado una insalvable brecha económica y cultural entre desiguales clases sociales que parecen incluso venir de planetas distintos.

La protagonista es Catherine Cawood (Sarah Lancashire), una sargento de policía cincuentona y rica en pasado, cuya vida es un verdadero culebrón.

Ha vivido en sus carnes de clase media baja la mordedura del crimen, la droga, el alcohol, la violencia contra la mujer, etc. Siempre ha sido una mujer fuerte.

Solo gracias a ello se mantiene en pie tras el suicidio de su hija habiendo dado a luz un niño fruto de una violación al que Catherine decidió cuidar, provocando eso su propio divorcio y que su otro hijo no le hablase.

Tiene una hermana alcohólica que, pese a haberse rehabilitado, vive en su casa, sumida en su propia fragilidad, como incubando la inminencia de no se sabe bien qué. Además, sigue manteniendo relaciones sexuales lenitivas con su ex marido, que se ha vuelto a casar, y lo hace pese a que este no quiere saber nada de su nieto, hijo de un violador, que en el colegio apunta seriamente valores y muestra rasgos muy marcados de la cepa genética del padre, ex presidiario y criminal cuya madre además es yonqui y prostituta.

Como se puede apreciar, la situación familiar es sumamente caótica, algo que se convierte en normal en entornos desindustrializados que han sido azotados por el desempleo, la pobreza y las drogas.

Sin embargo, Catherine, una mujer trabajadora que ha renunciado a su rango de inspectora para poder criar a su nieto, va a convertirse en la verdadera adalid de la justicia en esas tierras en que el crimen parece crecer en las aceras, sin necesidad de cultivo.

Hay que reconocer ciertas limitaciones en esta serie, especialmente en el guión y en la trama que de él emana; todo el caso policial sucede y se soluciona en un círculo tan cercano y familiar de la sargento Cawood que en ocasiones parece increíble.

Pese a todo, poniendo entre paréntesis esa nimia lacra formal, uno devora los capítulos y se enamora de esta mujer fuerte en sus cincuenta que no encaja, como sí lo hacen la mayor parte de las anti-heroínas de las series más en boga, en el paradigma de la Barbie siempre preparada para la sesión de fotografía de un pase de modelos.

Catherine tiene sus lorzas, lleva coleta y no tiene el pelo perpetuamente arreglado. La golpean y, en ocasiones, se pasa dos episodios con el ojo a la virulé y con un derrame, sin problemas.

Ella simboliza a la mujer de a pie, maltratada por una sociedad entregada a las dinámicas de la selección natural, que se rebela contra toda esa violencia ciega y la combate con sus afiladas inteligencia e intuición, aunque eso la convierta más de una vez en el saco de boxeo de algún psicópata y le tengan que extirpar el bazo.

En suma, Happy Valley es lo contrario que sugiere su título, es pura lucha por la supervivencia femenina sólo autorizada para mayores de dieciocho años.

Es una de esas joyas ultrarrealistas que la BBC va engastando en su parrilla televisiva y que nosotros no podemos dejar de mirar presos de la hipnosis.

No perdérsela.

Tags:
cineserie tv
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