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Genocidio armeno, “ahora ya no se puede negar”. Gracias a Benedicto XVI y a Francisco

Marinella Bandini - publicado el 02/07/16

Un libro de Franca Giansoldati contra el negacionismo: empezando por las escuelas

Un millón y medio de armenios en marcha hacia la nada. Sucedía hace 101 años, a las puertas de Europa, en las mismas tierras que hoy asisten a otras masacres de inocentes. En “La marcha sin retorno” la periodista iitaliana Franca Giansoldati cuenta la historia del primer genocidio del siglo XX.

“Más que pasión, es una batalla cívica” precisa. La batalla de una hija de partisanos contra el silencio que durante décadas ha rodeado estos hechos. La batalla de una mujer licenciada en historia moderna que de todo esto sabía “poco o nada”, hasta que se vio envuelta en el tema un poco por casualidad.

El negacionismo no está lejos de nosotros. En los libros de historia hay un agujero en los hechos que sucedieron entre 1915 y 1920 dentro del imperio otomano. El tema se condensa en medio capítulo, pocas líneas en el ámbito de la I Guerra Mundial, como un accesorio, sin llegar a las raíces de este capítulo negro de nuestra historia europea”. Por esto, Franca quiso un libro ágil y documentado para que pudiera divulgarse ampliamente. Por esto también, en cuanto puede va a las escuelas a encontrarse con los chicos, habla con ellos: “Hay que empezar por la escuela”.

En 1994, Franca hacía prácticas en una agencia de noticias. Le tocó cubrir los primeros pasos de una moción para el reconocimiento del genocidio armenio por parte del Parlamento italiano, presentada por el diputado Giancarlo Pagliarini, casado con la hija de una superviviente. Para ella se abre un mundo desconocido. Empieza a recoger documentación, a darse cuenta de lo que sucedió, a trabajar para que se conozca. La moción sería aprobada seis años después, en el 2000, también gracias a la declaración conjunta firmada pocos días antes por Juan Pablo II y el Catholicos de los armenios Karekin II, en que aparece la palabra “genocidio”.

Por lo demás, la Iglesia católica nunca dejó de mostrar su apoyo al pueblo armenio, desde Benedicto XV, pontífice en la época de los hechos, a Benedicto XVI y Francisco. Este último, después de haber leido el borrador del libro, escribió unas líneas a Franca Giansoldati: “Auguro que su trabajo de búsqueda y documentación encuentre adecuado aprecio como trabajo de investigación histórica, preciosa para recuperar la memoria como forma de justicia y camino de pacificación”.

“Benedicto XV es un grande”. Franca Giansoldati cuenta su visión profética y su capacidad diplomática. “Fue el único jefe de estado europeo que luchó como un león para detener las masacres. Se daba perfectamente cuenta de las dimensiones del asunto, lo que llegaba a su mesa era escalofriante”.

En 1915, mucho antes del Concilio Vaticano II y del ecumenismo, “nunca hizo distinción entre gregorianos y católicos, escribió al sultán, organizó una red de diplomáticos que incluso después de la guerra intentó sensibilizar a los gobiernos sobre la cuestión armenia”.

En ese Papa, que definió “masacre inútil” la Guerra mundial se inspiró Benedicto XVI: “Fue valiente y auténtico profeta de paz (…). Sobre sus huellas quiero poner mi ministerio al servicio de la reconciliación y de la armonía entre los hombres y los pueblos”.

Y precisamente “bajo el impulso de Benedicto XVI y después de Francisco, el jesuita Georges-Henry Ruyssen recogió, catalogó y puso a disposición casi 20.000 documentos sobre Armenia, relativos al periodo 1915-1923”, conservados en varios archivos del Vaticano (Secretaría de Estado, Congregación para las Iglesias orientales, Propaganda fide).

“Gracias a estos dos Papas tenemos la posibilidad de tener una documentación total”. Un trabajo que ha ocupado al padre Ruyssen durante siete años, “después del cual es imposible seguir negando lo sucedido”. Cartas de los misioneros, dossier diplomáticos, intercambios de cartas de los embajadores, cartas de Benedicto XV a las cancillerías de toda Europa, dos cartas al sultán. Y después las listas de material de ayuda, de la que se desprende la enormidad de la tragedia. Destaca la carta con la que el nuncio Angelo Dolci pedía 27.500 mantas para los orfanatos.

“Los historiadores turcos sostienen que las cifras proporcionadas por los armenios son incorrectas. Probablemente lo son, pero por defecto: leyendo la documentación, se llega a dos millones de personas”.

Cuando Franca cuenta todo esto en las escuelas, “los chicos no comprenden qué sucedió para desencadenar tanto odio. Les explico el escenario en 1915 y antes aún en 1894, cuando empiezan las persecuciones contra los armenios bajo el reino del sultán Hamid”. Es la época en que empiezan a ponerse en pie las primeras teorías nacionalistas. También Turquía quiere eliminar los elementos extraños. ¿Y qué más extraño que los cristianos armenios?

Llega la I Guerra Mundial. “Los armenios no son de raza turca, no son musulmanes, además son una comunidad cohesionada y rica – y el estado turco está al borde de la quiebra después de la campaña de Grecia. Con el frente ruso abierto y el temor de un complot con el enemigo cristiano, todo conjura contra los armenios.

Turquía planifica la confiscación de sus bienes y su eliminación, con marchas forzadas en el desierto. Sucesos que Ankara quiere que queden sepultados bajo esa arena, pues supone poner en discusión la identidad de la Turquía moderna”, que ha convertido en héroes nacionales a los que planificaron el genocidio.

El libro de Franca Giansoldati tenía que publicarse en 2015, centenario del Gran Mal (Metz Yeghern) como lo llaman los armenios. Se ha publicado ahora, coincidiendo con el viaje del Papa Francisco a Armenia, también este postergado un año por las fuertes presiones diplomáticas de Turquía. Y aunque la palabra «genocidio” salió en los discursos oficiales, el Papa Francisco quiso llevar un mensaje de esperanza y reconciliación entre ambos pueblos.

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