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Conoce a los Niños Mártires de Tlaxcala, patrones de la infancia mexicana

Jaime Septién - publicado el 01/07/16

Pequeños apóstoles de Cristo entre los muchachos y muchachas de Latinoamérica que ofrecieron su vida con impactante valentía

¿Quiénes fueron los santos mártires de Tlaxcala, declarados por el Vaticano patrones de la infancia mexicana?

¿Por qué pueden ser intercesores privilegiados ante Dios de las niñas y los niños?

Durante la visita que realizó a México, en marzo de 2012, el papa Benedicto XVI, se encontró con los jóvenes en Guanajuato.

Y dio la clave: que los tres mártires de Tlaxcala, apenas caída la gran Tenochtitlán, “descubrieron que no había tesoro más grande que Él».

«Eran niños como ustedes, y de ellos podemos aprender que no hay edad para amar y servir».

Cristóbal, Antonio y Juan, protomártires de América, fueron beatificados por Juan Pablo II en la Basílica de Guadalupe durante la segunda visita del santo al país en 1990. En 2017 se celebró su canonización, presidida por el el papa Francisco en el Vaticano.

Un fervor que terminó en la hoguera

En el año de 1527 el indígena Cristóbal fue martirizado por su padre Axotécatl, uno de los más distinguidos Señores de la ciudad de Tlaxcala.

Axotécatl fue obligado a enviar a sus cuatro hijos con los frailes franciscanos a fin de que aprendieran los principios de la fe cristiana.

Cristóbal, de unos 13 años, se convirtió muy pronto y con gran fervor a la fe católica. De inmediato intentó apartar a su padre de la idolatría y la embriaguez, sin conseguirlo y causando su enojo.

Xochipapalotzin, una de las mujeres de Axotécatl, aprovechó su descontento para convencerlo de que debía matar a Cristóbal. De esta manera el hijo de aquella mujer heredaría el señorío.

Decidido el cruel padre, llamó a sus hijos a su casa en Atlihuetzía y ahí golpeó con gran saña a su hijo.

Todo esto lo vio desde la azotea Luis, hermano de Cristóbal, también convertido, quien poco después lo narró a fray Toribio de Benavente, “Motolinía”, que más tarde lo escribió.

Cristóbal no murió de aquella golpiza, sino más tarde, quemado por su propio padre en una hoguera encendiéndola con suficientes cáscaras de encino…

Y luego ya que el fuego había tomado incremento y estaba con la mayor voracidad, arrojaron en él al niño.

Lo colocaron en diferentes posturas, ya de pecho, ya de espaldas, para que con igualdad se quemara.

Su espectáculo causaba mucha compasión, atendiendo al exceso con que se ejecutaba el martirio.

Pero en medio de él no desmayaba el fuerte niño sino que siempre estaba llamando con ahínco al Omnipotente Dios y Señor del Universo”, según el propio “Motolinía”.

Colaboradores de la misión

Antonio fue nieto de Xicoténcatl, señor de Tizatlán, por tanto era futuro heredero del señorío.

Nació entre 1516 a 1517 y fue martirizado en 1529 a la misma edad que Cristóbal entre los doce a trece años.

Juan era un vasallo de Antonio ya que era originario del mismo lugar y prácticamente tenía la misma edad sirviéndole como su criado personal a Antonio.

En 1529 el fraile dominico Bernardino Minaya se dirigía a la evangelización del estado sureño de Oaxaca.

Al pasar por Tlaxcala, solicitó apoyo a los frailes franciscanos para su misión solicitando que le acompañaran algunos de los niños que eran educados por los franciscanos.

Voluntariamente decidieron participar Juan, Antonio y un niño más que sobrevivió a la misión.

Conscientes del peligro

Fray Bernardino les hizo comprender los peligros a los que se enfrentarían debido a que no sería una tarea fácil evangelizar a un pueblo eminentemente idólatra por lo que la posibilidad del martirio era latente.

Aun así, los futuros mártires aceptaron el peligro de su misión rumbo a Oaxaca, y al pasar por Tepeaca, los niños fueron enviados solos a Tecali y Cuautinchán.

Al llegar ahí, Antonio se metió a una casa a recoger ídolos para proceder después a su destrucción, quedándose Juan en la puerta.

De repente llegaron dos hombres con macanas y golpearon a Juan quien murió al instante.

Al darse cuenta de lo sucedido, Antonio salió de la casa e increpó a los hombres diciéndoles que habían asesinado a un inocente ya que él era quien tomó sus ídolos y los rompió en su presencia por lo cual los hombres irritados mataron al niño también.

Testimonio enriquecedor de la humanidad

Durante la homilía en la ceremonia de beatificación (6 de mayo de 1990, Basílica de Guadalupe, junto con la beatificación del ahora santo Juan Diego, san Juan Pablo II habló así de los tres niños mártires de Tlaxcala:

“Son un ejemplo sublime y aleccionador de cómo la evangelización es una tarea de todo el pueblo de Dios, sin que nadie quede excluido, ni siquiera los niños”.

“Con la Iglesia de Tlaxcala y de México me complace poder ofrecer a toda América Latina y a la Iglesia universal este ejemplo de piedad infantil, de generosidad apostólica y misionera, coronada por la gracia del martirio”.

Y terminó proponiendo el patronazgo de los mártires tlaxcaltecas a la niñez mexicana que más tarde se hizo realidad:

“Ojalá el ejemplo de estos niños beatificados suscite una inmensa multitud de pequeños apóstoles de Cristo entre los muchachos y muchachas de Latinoamérica y del mundo entero, que enriquezcan espiritualmente nuestra sociedad tan necesitada de amor”.




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