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Falta de comunicación y de dinero, infidelidad y apatía, causas de divorcios

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El número de divorcios aumentó un 119.1% en Ecuador en 10 años

“No me gustaba que mis hijos adolescentes se quedaran hasta tarde en las fiestas, pero ella les permitía. Ahí surgían los problemas, peleábamos y lo nuestro se desgastaba”, expresó a El Comercio de Quito Antonio, de 53 años, que se separó de su esposa luego de 27 años de matrimonio.

El de Antonio es uno de los tantos casos de divorcio en Ecuador, donde la relación empezó a desgastarse y finalizó con la ruptura.

Recientemente el Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC) difundió, en base a los datos recabados por el Anuario de Estadísticas de Matrimonios y Divorcios, que en los últimos días cifras sobre divorcios en el país que dejaron de manifiesto un aumento de 119.1% entre el año 2006 y 2015.

Por otro lado, prosigue el informe recogido por El Comercio de Quito, hace 10 años se registraron 13.981 separaciones, mientras que en 2015 fueron 25.692.

Además, estas cifras van de la mano con la reducción de los matrimonios en el país, que pasaron de 74.036 en 2006 a 60.636 en 2015.

Según estos datos dados a conocer por INEC, la tasa de divorcios por cada 10.000 habitantes se duplicó.

También deja de manifiesto que los varones se casan por lo general a los 32 años en Ecuador y las mujeres a los 29, siendo el mes de diciembre el preferido para la celebración.

En cuanto a provincias ecuatorianas, el mayor número de divorcios se dio en Galápagos, Pichincha, Guayas, Azuay  y Manabí. En cambio,  la provincia que registró la menor tasa de nupcialidad fue Esmeraldas con 1,78, indica el INEC.

Finalmente, en cuanto a otros datos, de los divorcios registrados en el año 2015 la duración media de los matrimonios fue de 16 años y la edad promedio para divorciarse es de 42 años en hombres y 39 en mujeres.

Acerca del tipo de divorcio, el 68.4% fue por mutuo acuerdo, seguido del 26.1% que sucedió por abandono voluntario e injustificado del cónyuge.

¿Cuáles son las principales causas?

La terapeuta familiar Edgar Reyna, que mensualmente atiende en promedio 70 parejas con problemas matrimoniales, lleva una estadística al respecto y entre las principales causas que detectó se destaca la falta de comunicación y los problemas económicos.

También tienen amplia incidencia la infidelidad, tanto de hombres como de mujeres, y la apatía en la pareja.

¿Renunciar a proponer el matrimonio?

Lo que sucede en Ecuador no es aislado y forma parte de una realidad que se repite de forma global. El aumento de los divorcios en detrimento del matrimonio duradero forma parte de una tendencia.

El propio papa Francisco en su encíclica Amoris Laetitia aborda la situación compleja de las personas que deben atravesar por un divorcio.

“Los Padres (sinodales) indicaron que «un discernimiento particular es indispensable para acompañar pastoralmente a los separados, los divorciados, los abandonados. Hay que acoger y valorar especialmente el dolor de quienes han sufrido injustamente la separación, el divorcio o el abandono, o bien, se han visto obligados a romper la convivencia por los maltratos del cónyuge. El perdón por la injusticia sufrida no es fácil, pero es un camino que la gracia hace posible. De aquí la necesidad de una pastoral de la reconciliación y de la mediación, a través de centros de escucha especializados que habría que establecer en las diócesis»” (AL 242)

Pero al mismo tiempo, en un pasaje anterior, Francisco hace un llamado contundente a no dejar de promover el matrimonio.

“Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual, para estar a la moda, o por sentimientos de inferioridad frente al descalabro moral y humano. Estaríamos privando al mundo de los valores que podemos y debemos aportar” (AL 35).

Y en otro pasaje agrega: “El matrimonio, además, es una amistad que incluye las notas propias de la pasión, pero orientada siempre a una unión cada vez más firme e intensa. Porque «no ha sido instituido solamente para la procreación» sino para que el amor mutuo «se manifieste, progrese y madure según un orden recto» (AL 125).

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