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Ortodoxos; un llamado a la unidad desde el Concilio de Creta

Vatican Insider - publicado el 27/06/16

Conciliaridad y unidad: estas son las dos palabras clave del distrito Concilio pan-ortodoxo que se llevó a cabo del 19 al 26 de junio. Fue un encuentro muy esperado, cuya preparación duró más de 50 años, pero que al final se vio marcado por la ausencia clamorosa de cuatro Iglesias ortodoxas, entre las que destaca sin duda el Patriarcado de Moscú. Así, participaron 10 Iglesias autocéfalas (el Patriarcado ortodoxo, el Patriarcado de Alejandría, el Patriarcado de Jerusalén, las Iglesias de Serbia, Rumania, Grecia, Chipre, Albania, Polonia y Eslovaquia) y no estuvieron presentes cuatro (Moscú, Georgia, Bulgaria y Antioquía). Sin embargo, probablemente se puede afirmar esta vez que tuvieron razón todos los que participaron en el encuentro. El debate fue muy rico y se suscribieron importantes documentos durante la cumbre; los documentos finales fueron dos: una encíclica del Concilio y un mensaje general que resume y sintetiza los temas afrontados en la encíclica.

El marco de fondo fue claramente el de la unidad entre las Iglesias ortodoxas, además de la construcción de un camino común para afrontar todos los desafíos de la modernidad. El contenido de los documentos, en sentido general, se ocupa de diferentes cuestiones (medio ambiente, inmigración, globalización, dialogo entre las tradiciones cristianas, dialogo interreligioso y familia) en sintonía con el magisterio de Papa Francisco. En este sentido, el acuerdo consolidado entre Bartolomeo, Patriarca Ecuménico de Constantinopla, y el Papa, así como el encuentro entre el Pontífice y Kirill, líder del Patriarcado ortodoxo ruso, tuvieron un significado muy particular. No es ninguna casualidad que entre los diferentes textos que produjo el Concilio, uno de ellos se refiera específicamente a las relaciones con las demás tradiciones cristianas. También se dedicó mucha atención a la crisis en el Medio Oriente, al drama de los cristianos y de los pueblos de la región. La complejidad y la variedad de los temas afrontados por el Concilio será objeto de reflexión en el futuro, pero, como sea, se puede hacer un rápido recuento de algunas de las cuestiones más importantes, empezando justamente con los textos aprobados por los líderes de todas las Iglesias ortodoxas que estuvieron en Creta. Vayamos con orden.

La unidad

En primer lugar, se define claramente el tema de la unidad: «La prioridad principal del Santo y Gran Concilio —se lee en el Mensaje final— fue la de proclamar la unidad de las Iglesias ortodoxas. Basada en la eucaristía y en la sucesión apostólica de los obispos, la unidad existente debe ser reforzada y dar nuevos frutos». «La Iglesia ortodoxa —se afirma—expresa su unidad y su catolicidad en el Concilio. Su conciliaridad modela su organización, la manera en la que toma decisiones y determina su destino. Las Iglesias ortodoxas autocéfalas no son una federación de Iglesias, sino la Iglesia una, santa, católica y apostólica».

Diálogo, ética y medio ambiente

El diálogo entre las Iglesias ortodoxas y las demás tradiciones cristianas sigue siendo fundamental. De la misma manera, indica el mensaje, «la explosión del fundamentalismo observado en las diferentes tradiciones religiosas, es la expresión de una religiosidad marcada por la sangre. Un diálogo interreligioso sobrio contribuye significativamente para favorecer la confianza recíproca, la paz y la reconciliación». En relación con el tema de las relaciones entre la fe cristiana y la ciencia, la Iglesia ortodoxa «evita ubicar la investigación científica bajo su tutela y no adopta una postura sobre todas las cuestiones científicas»; sin embargo, subraya que la ciencia no puede responder a las preguntas esenciales de fondo, a la búsqueda de un sentido de la vida y del mundo. Con este enfoque, «la Iglesia ortodoxa promueve una cinética fundada en la ética cristiana y en la enseñanza patristica. Al mismo tiempo, en el respeto de la libertad de la investigación científica, la Iglesia ortodoxa insiste en los peligros que llevan consigo ciertos progresos científicos y hace énfasis en la dignidad del hombre y su destino divino».

En los diferentes documentos encontraron bastante espacio la cuestión del medio ambiente y los problemas relacionados con el cuidado de la Creación. Sobre estas cuestiones, Bartolomeo ha manifestado desde hace bastante tiempo una fuerte sensibilidad, que después se encontró con la de Francisco y su encíclica «verde», «Laudado si’». «La actual crisis ecológica —se lee en el documento— se debe evidentemente a razones espirituales y éticas. Sus raíces se relacionan con la codicia, la avidez y el egoísmo, y llevan a un uso irracional de los recursos naturales, a la contaminación de la atmósfera mediante las emisiones dañinas, y al calentamiento global». Por esta razón se elogian decisiones contracorriente, como la renuncia al hiper-consumismo, una especie de abstinencia del consumismo, y se da espacio a una ética ascética, incluso teniendo en cuenta a las próximas generaciones a las que tendremos que entregar el mundo. Y también se pone en relación este aspecto con el de una economía que se siente omnipotente: «La Iglesia ortodoxa —explican los diferentes líderes cristianos— se opone a la autonomía de la economía frente a las necesidades fundamentales de los seres humanos y a que se transforme en un ‘fin’. El progreso de la humanidad no se relaciona solamente con el crecimiento del nivel de vida o con el desarrollo económico, en detrimento de los valores espirituales».

«La Iglesia ortodoxa —se afirma en el texto— no interfiere con la política. Su palabra sigue siendo discuta y profetica, y promueve una intervención humana adecuada a las necesidades. Los derechos del hombre todavía son el centro de la política en respuesta a las crisis políticas y sociales, con el objetivo de proteger a los ciudadanos contra los arbitrios del Estado». En est sentido, se afirma la importancia de garantizar cualquier aspecto de la libertad religiosa, desde la conciencia del individuo hasta la libertad de culto. Entre los temas afrontados, evidentemente, también destaca el del Medio Oriente y de los sufrimientos de las poblaciones cristianas y de las demás minorías, así como de todas las poblaciones de la región. Se pide que todos tengan los mismos derechos.

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