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Armenios, o sea, cristianos. El viaje del Papa a las raíces de la fe

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Explicamos el significado de los gestos que el Papa Francisco realizará en el país

Hay pueblos en Armenia donde, después de 80 años de comunismo y ateísmo, “las personas tienen aún el rosario en la mano y dicen: somos cristianos”. Donde en invierno, con la nieve y las callecitas cerradas, los curas hacen horas de camino a pie para celebrar una Misa. “Y a la gente le importa porque tiene fe”.

La fe es lo que encontrará el Papa Francisco en su visita “al primer país cristiano”, como dice el lema del viaje. Tres días, seis mil kilómetros, para sumergirse en esta fe.

El rector del Pontificio Colegio Armenio de Roma, padre Nareg Naamo, ha seguido de cerca los preparativos. La visita es “esperada tanto por el Estado como por las Iglesias apostólica y católica”. Entre otras cosas, una delegación de ambas Iglesias acudió a Roma para preparar la visita. El Papa se encontrará con el Catholicos Karekin II, jefe de la Iglesia apostólica armenia, ya el primer día. El último día, los dos firmarán una declaración conjunta, como ya sucedió hace 15 años en el transcurso del viaje de Juan Pablo II.

Entre la Iglesia católica y la apostólica “no existen ya los obstáculos de antes. No hay mucha diferencia doctrinal, excepto el primado del Papa”, explica el padre Naamo. Sobre todo entre los fieles y en la diáspora la unidad es ya un hecho. Pero a la pregunta si ha llegado el momento de una unidad también formal, la respuesta es “no comment”.

Armenia, subraya el padre Naamo “es la primera nación que asumió el cristianismo como religión de Estado” en el año 301. “Esta identidad cristiana se ha convertido en nuestra identidad: armenio es como decir cristiano”.

La fe llegó pronto, y fue bañada desde siempre por la sangre de los mártires: el mismo Gregorio el Iluminador, considerado el padre del renacimiento de la Iglesia armenia, padeció torturas y persecuciones. Para llegar a nuestros días, con el genocidio de 1915, y ahora las persecuciones de los cristianos por parte del autoproclamado Estado islámico.

“El genocidio y la fe están muy ligados – subraya el padre Naamo -. El genocidio se produjo porque éramos cristianos. Es una identidad que llevamos en la piel, la vivimos cada día”. Cruz y resurrección: “El nuestro Gólgota no acaba nunca, es una parte de la fe: sin cruz no hay resurrección, no hay sepulcro vacío. El pueblo armenio ha comprendido que para tener resurrección hay que pasar por la cruz”.

Y “ha constatado esta resurrección, hace 100 años pero también hoy” dice pensando en los cristianos del Oriente Medio  (entre los que hay muchos son de rito armenio, descendientes de quienes vivieron el genocidio). “Lo que vivimos hace cien años lo revivimos, aunque en otras circunstancias. La imagen es la misma: dejar todo y volver a empezar de nuevo”.

La fuerza viene precisamente de la identidad cristiana: “No podemos aceptar este Gran Mal sin la misericordia de Dios. A pesar del mal que hemos sufrido, este pueblo aún vive y no tenemos miedo porque somos hijos de la resurrección, tenemos esta esperanza”.

“La Iglesia armenia apostólica ha llamado santos a los 1,5 millones de mártires (del genocidio, ndr) y también nosotros lo creemos. Y también hoy hay gente que muere por su fe. Se tatúan la cruz en el cuerpo: aunque reneguemos, la cruz en nuestra piel habla. También esto es martirio”.

La visita del Papa Francisco “es ya una aceptación de toda nuestra historia. También a nivel internacional el Papa tiene un gran papel, y si visita Armenia significa que nos lleva en el corazón”. Francisco visitará los lugares sagrados que recogen la identidad y la historia de los armenios: el Tzitzernakaberd Memorial Complex, es decir, el lugar en que se custodia la memoria del genocidio, el monasterio de Khor Virap, donde fue hecho prisionero Gregorio el Iluminador, las catedrales católica y apostólica.

Probablemente habrá una visita no programada al orfanato de las religiosas armenias católicas de la Inmaculada Concepción en Guymri. En Yerevan habrá un encuentro ecuménico y una oración por la paz, mientras que en Etchmiadzin participará en la Divina Liturgia, a la que seguirá una comida ecuménica. “No hay nada más bello que un padre que visita a sus hijos – dice el padre Naamo -. Esta visita nos da mucha  fuerza y energía”.

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