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Papa Francisco: Benedicto XVI, teólogo con las rodillas peladas

©OSSERVATORE ROMANO/CPP
Imagen del primer encuentro de ambos papas, el reinante y el emérito, el pasado mes de marzo en Castel Gandolfo
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El Pontífice argentino firma prefacio de libro en honor a Joseph Ratzinger, sacerdote

“Antes incluso que ser un grandísimo teólogo, el papa emérito es un hombre que personifica la santidad”, escribió el papa Francisco en el prefacio del libro Enseñar y aprender el Amor de Dios, obra conmemorativa que recoge las homilías de Benedicto XVI en ocasión de su 65º aniversario sacerdotal.

“Cuando leo las obras de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI me resulta cada vez más claro que él ha hecho y hace “teología de rodillas”: de rodillas porque, antes incluso que ser un grandísimo teólogo y maestro de la fe, se ve que es un hombre que cree verdaderamente, que ora verdaderamente; se ve que es un hombre que personifica la santidad, un hombre de paz, un hombre de Dios”, añade Francisco.

Así, comienza el prefacio que será publicado en el primer volumen de la serie dedicado al sacerdocio: Joseph Ratzinger/Benedicto XIV, textos seleccionados, que consiste en una serie de 7 volúmenes que se publicarán anualmente, de 2016 a 2022, en seis idiomas, incluido el español, por la editorial BAC.

Es la primera vez que el papa Francisco escribe un documento entero sobre lo que piensa de su predecesor. Pero, más allá de la imagen del prestigioso teólogo alemán, Francisco reconoce el valor humano del hombre, del intelectual, del pastor.

El primer papa latinoamericano se proclama hijo de la Iglesia y de la sabiduría que en ella se alimenta del alma y de la bondad intelectual de Benedicto XVI.

Un teólogo que –parafraseando a Francisco – es de esos eruditos de Dios con las «rodillas peladas». De esos que rezan primero y luego intentan llegar con humildad a describir la inmensidad divina del Señor.

El Papa argentino afirma que Benedicto XVI […] sobre todo, desde el Monasterio Mater Ecclesiae, en el que se ha retirado, de un modo todavía más luminoso, aporta el “factor decisivo”, ese íntimo núcleo del ministerio sacerdotal que […] nunca deben olvidar (los consagrados), a saber, que el primer y el más importante servicio no es la gestión de los “asuntos corrientes”, sino rezar por los demás, sin interrupción, con alma y cuerpo, precisamente como lo hace hoy el papa emérito».

Rl papa Francisco estará presente en la ceremonia del 28 de junio (12.00) en la Sala Clementina del Vaticano, cuando Carlos Granados, uno de los editores católicos promotores de la obra conmemorativa, entregue el primer volumen al papa emérito Benedicto XVI en la celebración de sus 65 años de sacerdocio.

«Este libro abre una colección de textos temáticos del papa Benedicto, que se publicarán anualmente y cada año con un tema distinto. Irán así apareciendo libros sobre temas como “Europa”, “Universidad”, “Eucaristía”, “Ciencia/Fe”…», informó la editorial.

El libro contiene además un prólogo del cardenal G.L. Müller (editor de las obras completas de J. Ratzinger) y ha sido preparado por Pierluca Azzaro (profesor en la Universidad de Milán) y Carlos Granados (director de la BAC).

A continuación una anticipación del prefacio firmada por el papa Francisco:

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«Y así él encarna de manera ejemplar el corazón de toda la acción sacerdotal: ese profundo arraigo en Dios sin el cual toda la capacidad organizativa posible y toda la presunta superioridad intelectual, todo el dinero y el poder resultan inútiles; él encarna esa constante relación con el Señor Jesús sin la cual nada es ya verdadero, todo se convierte en rutina, los sacerdotes en asalariados, los obispos en burócratas y la Iglesia deja de ser la Iglesia de Cristo y se convierte en un producto nuestro, una ONG a fin de cuentas superflua.

«El sacerdote es aquel que “encarna la presencia de Cristo, testimoniando su presencia salvífica”, escribe en este sentido Benedicto XVI en la Carta de proclamación del Año sacerdotal. Leyendo este volumen, se ve claramente como él mismo, en sesenta y cinco años de sacerdocio que hoy celebramos, ha vivido y vive, ha testimoniado y testimonia ejemplarmente esta esencia del actuar sacerdotal.

«El cardenal Ludwig Gerhanrd Müller ha afirmado con autoridad que la obra teológica de Joseph Ratzinger, antes, y de Benedicto XVI, después, lo sitúa en esa serie de grandísimos teólogos que han ocupado la cátedra de Pedro; como, por ejemplo, el papa León Magno, santo y doctor de la Iglesia.

«Renunciando al ejercicio activo del ministerio petrino, Benedicto XVI ha decidido ahora dedicarse totalmente al servicio de la oración: “El Señor me llama a ‘subir al monte’ a dedicarme todavía más a la oración y a la meditación. Pero esto no significa abandonar la Iglesia, más aún, si Dios me pide esto es propiamente para que pueda continuar sirviéndola con la misma dedicación y el mismo amor con el que he tratado de hacerlo hasta ahora”, dijo en el último y conmovedor Ángelus que rezó públicamente como Papa.

«Desde este punto de vista, a la justa consideración del Prefecto para la Doctrina de la Fe, querría añadir que quizás es precisamente hoy, como papa emérito, cuando él nos está impartiendo del modo más evidente una de sus más grandes lecciones de “teología de rodillas”.

«Porque Benedicto XVI nos sigue testimoniando, quizás ahora, sobre todo, desde el Monasterio Mater Ecclesiae, en el que se ha retirado, de un modo todavía más luminoso, el “factor decisivo”, ese íntimo núcleo del ministerio sacerdotal que los diáconos, los sacerdotes y los obispos nunca deben olvidar, a saber, que el primer y el más importante servicio no es la gestión de los “asuntos corrientes”, sino rezar por los demás, sin interrupción, con alma y cuerpo, precisamente como lo hace hoy el papa emérito

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«¡Queridos hermanos! Yo me permito decir que si alguno de vosotros tuviera en algún momento dudas sobre el centro del propio ministerio, sobre su sentido, sobre su utilidad, si en algún momento le vinieran dudas sobre lo que los hombres esperan verdaderamente de nosotros, medite profundamente las páginas que se nos ofrecen en este libro, porque los hombres esperan de nosotros sobre todo lo que en este libro encontraréis escrito y testimoniado: que les llevemos a Jesucristo y que les conduzcamos a Él, al agua fresca y viva, de la que tienen sed más que de cualquier otra cosa, el agua que solo Él puede regalarnos y que ningún sucedáneo podrá nunca remplazar; que les conduzcamos a realizar ese sueño más íntimo que tienen y que ningún poder podrá nunca prometerles ver cumplido.

«No es casualidad que la iniciativa de este volumen –junto con la de dar vida muy oportunamente a una Serie de libros temáticos sobre el pensamiento de Joseph Ratzinger / Benedicto XVI– haya partido de un laico, el profesor Pierluca Azzaro, y de un sacerdote, el reverendo padre Carlos Granados.

A ellos va mi cordial agradecimiento, bendición y apoyo por el importante proyecto, junto con el reverendo don Giuseppe Costa, director de la Librería Editora Vaticana, que publica la Opera Omnia de Joseph Ratzinger.

«No es casualidad, decía, porque el volumen que hoy presento está dirigido en la misma medida a los sacerdotes y a los fieles laicos; como magistralmente testimonia, entre tantas, esta página del libro que ofrezco a los religiosos y a los laicos como una última y segura invitación a la lectura: “Casualmente he leído en estos días un relato sobre estas cues­tiones, en el que el gran escritor francés Julien Green describe las peripecias de su conversión. Cuenta él cómo en el período de en­treguerras vivía tal como vive un hombre de hoy, con todas las per­misividades que este se da a sí mismo; ni mejor ni peor, esclavo de los placeres, que están ahí junto con Dios, de forma que, por una parte los necesita, para hacer soportable su vida, y al mismo tiempo encuentra insoportable esa vida. Él es un hombre que busca dónde podría encontrar una salida, establece algunas relaciones. Un día va a ver al gran teólogo Henri Bremond, pero el resultado es sólo una conversación de carácter académico, planteamientos de carácter teorético, que nada le ayudan.

«Entonces entra en relación con dos grandes filósofos, el matrimonio Jacques y Raissa Maritain. Raissa Maritain lo remite a un dominico polaco. Él se dirige a aquél y le describe la situación de su vida desgarrada. El sacerdote le dice: ¿Y está usted conforme con esa vida? ¡No, claro que no! A usted le gustaría vivir de otro modo, ¿se arrepiente? ¡Sí! Y entonces sucede algo inesperado. El sacerdote le dice: ¡Arrodíllese! Ego te absolvo a peccatis tuis, yo te absuelvo. Julien Green escribe: Entonces me di cuenta de que, en el fondo, siempre había estado esperando ese instante, siempre había estado esperando a que en cualquier momento hubiese alguien que me dijese: Arrodíllate, yo te absuelvo; me fui a casa, yo no era otro, no, finalmente había vuelto a ser yo mismo”.

https://www.youtube.com/watch?v=u2cc-JzKFuA&feature=youtu.be

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