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La Iglesia en Camboya, entre memoria y reconciliación

Vatican Insider - publicado el 21/06/16 - actualizado el 25/10/18

A 41 años del genocidio de más de 2 millones de camboyanos, el tiempo oscuro de los khmer rojos podría quedar sepultado en la memoria colectiva. «Pero construir un futuro para la nación y trabajar por el bien común significa reconciliarse con valentía y serenidad con el propio pasado», subrayó a Vatican Insider Gustavo Adrián Benítez, sacerdote argentino del PIME, misionero en Camboya en el vicariato de Phnom Penh. Benítez recuerda «el enfoque constructivo de la Iglesia camboyana, que mira hacia el futuro con esperanza» y que ofrece a la sociedad un aporte importante, a pesar de ser una exigua minoría de 23 mil fieles en una población de alrededor de 15 millones de habitantes. Para evitar la «remoción colectiva» de una fase dolorosa de la propia historia, «es importante, antes que nada, trabajar con los jóvenes, puesto que falta un pensamiento profundo real, y todo se queda a nivel superficial».  

En Camboya, el 60% de la población tiene menos de 20 años y no tiene conciencia de la guerra civil del régimen de Pol Pot, y tampoco de la propia cultura. No existe en el país una «Jornada de la Memoria», y, cuando se celebra la fiesta nacional de la liberación, el 7 de enero, «estos temas quedan en segundo nivel», indicó Benítez. La obra de la Iglesia católica, que puso en marcha en 2015 el proceso de canonización de los mártires camboyanos, «puede contribuir a que aumente la consciencia en la opinión pública, aunque la Iglesia no tenga incidencia en la política», observó el misionero. 

El proceso jurídico para condenar a los responsables de aquel genocidio comenzó hace más de diez años. En 2003, con base en un acuerdo entre el gobierno de Camboya y la ONU, se creó el Tribunal para los khmer rojos, que engloba a jueces internacionales y camboyanos. El primer proceso, con un veredicto emitido en 2009, confirmó el cálculo de dos millones de muertos, víctimas de asesinatos de masa. En agosto de 2014 el tribunal también condenó a cadena perpetua a dos viejos responsables de los khmer rojos: Nuon Chea, de 88 años, y Khieu Samphan, de 83, por haber planeado las deportaciones de la población a partir de abril de 1975. 

«Durante largos años ha prevalecido el silencio. Hoy, el lenguaje vuelve a surgir: Camboya necesita palabras que la ayuden a evolucionar para volver a comenzar a vivir juntos en la confianza», indicó la escritora Claire Ly, de 67 años, una de las personas que sobrevivió al genocidio. Budista de origen, Claire Ly se convirtió al cristianismo a la edad de 37 años, y en la actualidad viaja por el mundo para ofrecer su testimonio sobre la «memoria y la reconciliación». 

«Cada testigo de un crimen contra la humanidad tiene la responsabilidad de comunicar a la siguiente generación lo inaceptable. A cada testigo se le pide que lleve a cabo un trabajo psicológico y espiritual, para poder pronunciar las palabras que sirven para compartir las heridas de la memoria», subrayó la mujer católica. 

Y es lo que está tratando de hacer la pequeña Iglesia camboyana. Es también lo que hizo durante su vida Emile Destombes, misionero del PIME de París, que falleció el 28 de enero de 2016 en la capital camboyana, sede del Vicariato apostólico que guió de 2001 a 2010. Artífice del renacimiento de la pequeña comunidad católica en el país después del drama del genocidio, Destombes fue el primer misionero que pudo volver a entrar al país en 1989. 

En 1990 recibió la autorización para volver a abrir una Iglesia y el 14 de abril de 1990, día de Pascua, Destombes pudo presidir la primera misa pública después de muchos años; este evento quedó grabado en la memoria de la Iglesia camboyana como “La Misa de la Resurrección”. 

Hoy se le recuerda como ejemplo de fe y de espíritu misionero, y es por ello que Destombes sigue inspirando a una comunidad que hace un año abrió la fase diocesana para el proceso de beatificación para los 35 mártires camboyanos: el obispo Chhmar Salas y otras 34 personas (sacerdotes, laicos, religiosos y religiosas), que fueron asesinadas o abandonadas a la muerte entre 1970 y 1975 en los khmer rojos. 

Hoy, el santuario de Tangkok, en donde falleció el obispo Chhmar Salas en 1977, es un lugar de peregrinaje importante y valorado por el actual obispo, Olivier Schmitthaeusler, quien recuerda que «desde hace años ayudamos a los fieles, sobre todo a los jóvenes, a conocer y a amar a sus mártires, en el signo de una memoria reconciliada». 

Los frutos de este espíritu ya se pueden apreciar: durante el Año de la misericordia ha habido 111 nuevos bautizados y son 80 los catecúmenos que se preparan para el Sacramento del bautismo. Frutos no de esfuerzos humanos, sino de la gracia de Dios, subrayó el obispo Schmitthaeusler: «La gracia es don de Dios, que recibe y persona siempre. La gracia inspira a vivir una verdadera conversión del corazón con la misericordia y la justicia». 

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