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El trabajo infantil: una forma aterradora de explotación que subsiste en América Latina

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5,7 millones de niños están trabajando

El pasado 12 de junio, cuando se celebró un año más del Día Internacional contra el Trabajo Infantil, se publicaron muchos mensajes en contra de esta práctica. Pero poco se ha avanzado en enfrentarla o erradicarlo en el subcontinente americano.

De hecho, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha informado recientemente que existen 5,7 millones de niñas y niños que trabajan en América Latina y El Caribe.

Si bien en los últimos años el trabajo infantil ha disminuido en la región, se han “sofisticado” (por decirlo de alguna forma) las usos que la industria del mal hace de las niñas y los niños latinoamericanos y caribeños.

Violan todos los convenios y todos los derechos

Estos menores trabajan sin haber cumplido la edad mínima de admisión al empleo o realizan trabajos que deben ser prohibidos, según el Convenio número 182 de la OIT sobre las peores formas de trabajo infantil.

Este convenio prohíbe todas las formas de esclavitud, inclusive la venta y la trata de niños; el trabajo forzoso para pagar una deuda, y cualquier otro tipo de trabajo forzoso, incluyendo la utilización de niños en guerras o conflictos armados.

También, todas las actividades que exploten sexualmente a los niños, como la prostitución, la pornografía o las actuaciones pornográficas así como participación en actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes.

En síntesis, cualquier trabajo que pueda dañar la salud, la seguridad o el bienestar de los niños (el llamado “trabajo peligroso”).

Guatemala a la cabeza

En su gran mayoría, los niños y niñas latinoamericanos y caribeños trabajan en la agricultura, sin embargo, miles ellos se desempeñan en otros sectores de alto riesgo, como la minería, los basureros, el trabajo doméstico, la cohetería y la pesca.

Guatemala, con 850,937 niños trabajadores y con un muy elevado 43 por ciento de menores que no asisten a la escuela, tiene la tasa de trabajo infantil más alta de América Latina.

La alarma ha sido lanzada por la Oficina de Derechos Humanos en Guatemala: el departamento noroccidental de Huehuetenango y Quiché son los más afectados por el fenómeno, que por lo general utilizan a niños de origen indígena.

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