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¿Qué pasa con los refugiados una vez llegan a España?

Alfa y Omega - publicado el 20/06/16

La ley española de asilo hace que te quieras marchar

Same es apátrida. Nació hace 30 años en Siria, vivió 27 en Damasco, estudió Ingeniería Informática, se especializó en Inteligencia Artificial. Pero nunca fue sirio. Estaba de prestado en aquella tierra. Solo era el hijo de dos palestinos que huyeron hace tres décadas de su hogar.

Solo es el sirio que no es sirio al que denegaron hace cuatro meses el asilo en Melilla y que desde hace dos vive en un albergue en Madrid sin un euro en el bolsillo.

«Dejé Siria un año después de que estallara la guerra». Allí se quedaron su padre, de 84 años; su madre, de 63, y su hermana, de 26. «Mis padres prefieren morir allí antes que volver a huir«.

Su hermana «quiere terminar sus estudios de Medicina». Pero vivir en Damasco «es el verdadero infierno. La pobreza y la muerte lo invaden todo. Que la gente sobreviva es un milagro de Dios».

Cuando sea refugiado en España los traerá. Cuando encuentre un trabajo. Pero «para que eso ocurra hace falta mucho tiempo y que la política de este país cambie. La legislación española de asilo te destroza, hace que te quieras marchar».

Su inglés es nítido, perfecto. Sentado en un café del centro de Madrid, el joven cuenta su historia despacio, obligándose a no dejar que la angustia lo domine.

«En 15 días me dirán si aceptan la segunda solicitud de asilo que he tramitado». La primera se la denegaron en Melilla «porque en Argelia encontré un trabajo y los funcionarios españoles creyeron que mis motivos para migrar eran económicos».

Pero la realidad es que «llevaba tres años viviendo como ilegal y en cualquier momento podía ser devuelto a Siria. Por eso tuve que marcharme». El palestino no puede residir legalmente ni pedir asilo en ningún país árabe. «Somos menos que los animales. No tenemos ningún derecho». Nacer en Palestina te hace invisible.

Si esta segunda vez la respuesta a la petición de asilo es positiva, podrá obtener la tarjeta roja de solicitante de protección internacional y pasará al programa de acogida de una de las tres grandes ONG designadas por el Gobierno para esta labor: CEAR, Accem o Cruz Roja.

Si la respuesta es no, «me marcharé a Alemania, que era mi objetivo inicial. Tomé la decisión de no viajar una vez llegué a Madrid. Con la aplicación del Convención de Dublín están retornando muchos refugiados a España, y no quería perder un año más de mi vida entre idas y venidas».

Ya van a cumplirse dos meses desde que llegó a la capital. Mientras espera la resolución de su petición, el Ayuntamiento madrileño le acoge en el albergue de Mejía Lequerica, cerca de la céntrica glorieta de Bilbao, un recurso abierto ex profeso –es el primero en España– para los refugiados en tránsito que pasan por Madrid.

«Me dan comida y una litera». Nada más. Para ir a clases de español se recorre la ciudad a pie. No tiene dinero ni para coger el metro. «Estoy realmente exhausto», reconoce. Y tiene miedo del futuro.

«Me gusta España, pero otros amigos refugiados me cuentan que viven agobiados porque no encuentran trabajo, porque no viven dignamente. Todos somos ingenieros, arquitectos, médicos…, pero homologar el título es muy complicado y después de un año la ayuda gubernamental termina. Muchos están en la calle».

En el limbo de la espera

Según datos de Eurostat, solo en 2015 se registraron en España 14.600 peticiones de asilo, un 167 % más que en 2014. Pero solo lograron resolver su situación 1.020. En total, según el Servicio Jesuita a Migrantes, hay 16.430 solicitudes de asilo pendientes de resolución.

«Se supone que a los seis meses como máximo el Gobierno tiene que dar una respuesta al solicitante de asilo. Pero casi nunca se resuelve en ese tiempo porque hay un número muy alto de peticiones y los procesos se ralentizan mucho», admite Paloma Favieres, abogada de CEAR.

Además del retraso administrativo, varios miembros de ONG que trabajan con refugiados comparten la teoría de que en algunas ocasiones, la Oficina de Asilo aplica el criterio de prudencia.

«En casos como el de Ucrania, Venezuela o ahora el norte de Malí, suelen esperar a ver cómo se desarrolla el conflicto antes de tomar una decisión, lo que puede dar lugar a un año o dos de espera. Ocurrió con Siria desde 2011 a 2013», explica Favieres.

En 2015, 3.345 ucranianos han pedido asilo. Les toca esperar. Siria sigue encabezando las peticiones –5.720 en 2015, aunque este 2016 se han reducido considerablemente–, seguida de Irak, Afganistán o Palestina.

Mientras esperan la resolución de su situación, los solicitantes de asilo pasan a formar parte de los programas de acogida de CEAR, Accem y Cruz Roja.

En total, en España hay alrededor de 2.700 plazas de primera acogida para refugiados. El propio Ministerio de Interior cuenta con 422 plazas de acogida divididas en cuatro CAR (Centros de Atención a Refugiados) situados en Madrid (Alcobendas y Vallecas), Valencia y Sevilla. El resto, se dividen entre las tres ONG, que cuentan con subvenciones gubernamentales para dar este servicio.

«Nosotros tenemos 665 plazas ahora mismo, aunque suelen variar cada semana», explica Áliva Díez, responsable de acogida de CEAR. En Cullera, Getafe, Málaga y Canarias, CEAR gestiona centros de acogida con alrededor de 50 plazas cada uno. Además, cuenta con pisos en Cataluña, Sevilla y Canarias.

«La primera fase, que dura seis meses, se desarrolla en estos centros y pisos. Esta estancia se puede prorrogar hasta nueve meses para los ancianos, familias con niños pequeños, personas con alguna enfermedad…», señala Díez.

Si hay 16.430 solicitudes de asilo en España y tan solo 2.700 plazas, ¿dónde están los 13.730 refugiados que faltan? «No significa que estén en la calle. Algunos están percibiendo las ayudas de segunda fase, en la que se trasladan a pisos alquilados«, explica Cristina Manzanedo, abogada del Servicio Jesuita a Migrantes.

Según Manzanedo, la ayuda tanto económica como de acompañamiento de esta segunda fase dura de seis a nueve meses como máximo, dependiendo de cada caso.

«Otra parte de esos casi 14.000 refugiados ya han salido del sistema de acogida y viven situaciones diversas. O bien han encontrado trabajo y pueden salir adelante, o están en situación de exclusión porque siguen en el paro y sin ayudas», añade.

Este fue el caso de Luis y Sonia, matrimonio sirio que vive en Alcobendas. Había agotado los seis meses de ayuda oficial proporcionada por CEAR, consistente en el pago del alquiler y facturas, manutención y 50 euros para transporte.

No encuentran trabajo –tienen más de 60 años– y, sin apoyo económico, la alternativa es la calle.

«Nosotros intentamos que una vez que salen del sistema de acogida estén conectados con los servicios sociales del municipio para que no se queden desamparados», asegura Áliva Díez, de CEAR.

Para Manzanedo, sin embargo, el modelo de intervención social proporcionado por las ONG responsables «no favorece la integración. No se aprende bien español, no se tiene en cuenta cada caso particular… y eso que hay una partida enorme de dinero destinada a este servicio».

Bienvenidos a España, refugiados. Welcome to Spain, refugees.

Por Cristina Sánchez Aguilar

Artículo originalmente publicado por Alfa y Omega

Tags:
españarefugiados
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