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Los bibliotecarios que derrotaron a los yihadistas

PHOTOGRAPH BY BRENT STIRTON, GETTY IMAGES/NATIONAL GEOGRAPHIC
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Académicos de Tombuctú pasaron colecciones de ediciones y manuscritos incunables, de contrabando, en burros, botes y a pie

Corría el año 2012, cuando los grupos de yihadistas, armados hasta los dientes con equipos de guerra incautados en Libia después de la caída de Gadafi, invadieron el norte de Mali y establecieron un brutal régimen de la Sharia en Tombuctú, la ciudad que alguna vez habría sido uno de los más imponentes centros de aprendizaje y cultura de toda el África Occidental, hogar de una valiosa colección de manuscritos: volúmenes de poesía, enciclopedias y manuales de todo tipo.

Ante la posible amenaza de ser destruidos por la ocupación yihadista, los manuscritos fueron sacados de la ciudad a la seguridad en una operación propia de una película de espionaje.

Muchos de los libros fueron llevados a Bamako a través de mil kilómetros de desierto (PHOTOGRAPH BY BRENT STIRTON, GETTY IMAGES/NATIONAL GEOGRAPHIC)
PHOTOGRAPH BY BRENT STIRTON, GETTY IMAGES/NATIONAL GEOGRAPHIC
Muchos de los libros fueron llevados a Bamako a través de mil kilómetros de desierto (PHOTOGRAPH BY BRENT STIRTON, GETTY IMAGES/NATIONAL GEOGRAPHIC)

Hablando desde su casa en Berlín, en una entrevista con National Geographic, Joshua Hammer, ex jefe de la oficina de Newsweek en África, relata, en un libro de su autoría, la historia de Los bibliotecarios de Tombuctú y su carrera para salvar más preciosos del mundo manuscritos, explicando además cómo los manuscritos de Tombuctú desmienten el mito que señala que África no tenía cultura literaria o histórica.

Aquí, hemos querido reproducir parte de la entrevista que Simon Worrall le hiciera a Hammer, para National Geographic.

Tombuctú se ha convertido en sinónimo de la esquina más alejada de la tierra. Pero fue una vez un importante centro cultural y artístico. Cuéntenos acerca de su edad de oro.

Varios de los grandes viajeros del Renacimiento, en los siglos XV y XVI, pasaron por Tombuctú y lo describieron como un centro comercial muy animado, con caravanas de camellos y comerciantes de barcos en el río Níger llevando todo tipo de mercancía, desde ropa de cama y teteras inglesas, a esclavos y oro de las selvas tropicales de África Central.

Pero, al mismo tiempo, tenía una rica tradición académica. Así que tenías, por un lado, un próspero centro comercial y, por el otro, un ferviente ambiente de actividad académica a lo Cambridge u Oxford.

Cerca de 400.000 manuscritos fueron salvados de ser destruidos, algunos de ellos del siglo XI (PHOTOGRAPH BY BRENT STIRTON, GETTY IMAGES/NATIONAL GEOGRAPHIC)
Cerca de 400.000 manuscritos fueron salvados de ser destruidos, algunos de ellos del siglo XI (PHOTOGRAPH BY BRENT STIRTON, GETTY IMAGES/NATIONAL GEOGRAPHIC)

Al Qaeda se hizo con el poder en Mali. Cuéntenos sobre su ascenso y su líder fanático, Abou Zeid.

Abou Zeid fue uno los miembros de un triunvirato de yihadistas, probablemente el más brutal de ellos, que tomó el norte del país entre enero y abril de 2012 (…).

En el caos del levantamiento contra Gadafi, los yihadistas allanaron las armerías de Libia, llevaron las armas a Mali, y rápidamente se extendieron por todo el norte del país, ocupando todas las principales ciudades de la región, incluyendo Tombuctú.

Impusieron la Sharia y comenzaron a destruir todos los símbolos del islam moderado y sufí que profesan casi todos los habitantes de Tombuctú.

Destruyeron los santuarios de los santos sufíes; flagelaciones y amputaciones se llevaron a cabo en las plazas públicas de la ciudad; por supuesto, los manuscritos estaban en peligro.

Los manuscritos no fueron conservados en un archivo, sino por familias y otros particulares. Explique cómo esta inusual práctica ayudó a preservarlos.

Tombuctú era una ciudad universitaria durante su época de oro. Muchas de las universidades funcionaban fuera de las mezquitas, por lo que había una cantidad impresionante de libros y manuscritos escritos para y por los académicos de la ciudad.

Al mismo tiempo, tenías estas familias ricas que valoraban el trabajo académico, financiándolo.

Gracias a esta larga tradición escolástica, Tombuctú también tenía una gran tradición literaria: las familias poderosas de la ciudad medían su estatus social dependiendo de sus colecciones de libros: la filosofía griega, poesía, historias de amor, guías y manuales sexuales, astronomía, medicina tradicional, y libros religiosos.

Estos textos eran copiados por escribas y se coleccionaban tanto en las universidades como en las casas particulares. Así se crearon enormes bibliotecas, que albergaban miles de volúmenes.

Nadie sabe cuántos manuscritos había en la ciudad en su apogeo, pero es seguro que se trataban de cientos de miles.

El héroe de su libro es un hombre llamado Abdel Kader Haidara. Denos una descripción básica de su personaje y de sus extraordinarios esfuerzos para conservar los manuscritos.

Abdel Kader Haidara es el hijo de un erudito de Tombuctú. Su padre tenía una escuela islámica en el barrio más antiguo de la ciudad. Así, Abdel Kader creció rodeado de estos manuscritos.

Cuando tenía 17 años, su padre murió. Tenía una docena de hermanos y hermanas y, por voluntad de su padre, se convirtió en el heredero de la colección de libros de la familia, que se contaban por miles en ese momento.

Su padre apreciaba la erudición e inclinación por la vida académica de Abdel Kader, quien, además, hablaba y leía árabe perfectamente, lo que es esencial si se va a estar a cargo de estos manuscritos, todos escritos en árabe.

Unos años más tarde, el curador de la Biblioteca Nacional de Tombuctú llamó a Abdel Kader y le preguntó si querría tomar un puesto de trabajo, viajando por el campo visitando aldeas y campamentos nómadas, tratando de localizar algunos de los antiguos manuscritos que habían ido a parar al desierto.

Tombuctú fue conquistada por los marroquíes en la década de 1590 y muchos de los libros fueron sacados de la ciudad, para preservarlos de una posible destrucción.

Abdel Kader tomó el trabajo de mala gana (quería ser un hombre de negocios, en lugar de un académico trabajando en una biblioteca) y comenzó caminando por el campo en caravanas de camellos o tomando barcos a lo largo del Níger, tratando de persuadir a estos aldeanos para que renunciaran a su preciada herencia familiar, con el fin de llevar los textos a la biblioteca nacional en Tombuctú.

Abdel Kader tuvo un éxito inesperado en su empresa, y descubrió que le gustaba el trabajo.

Así, no sólo convirtió la biblioteca nacional en una gran institución, sino que además hizo de la colección de su propia familia una biblioteca pública en Tombuctú, consiguió patrocinadores y donaciones, e implicó a otros bibliotecarios en el proyecto.

Para el año 2000, Tombuctú se había convertido en una ciudad en medio de un auge cultural que había recuperado algo de la gloria de su apogeo en el siglo XVI, cuando era el centro escolar del norte de África.

En el momento de la invasión yihadista de 2012, ya había reunido una colección de 377.000 manuscritos.

Oficiales del ejército francés reunidos con el alcalde de Tombuctú, Dravi Mega, a inicios de 2013 (PHOTOGRAPH BY NOEL QUIDU, PARIS MATCH/GETTY IMAGES)
Oficiales del ejército francés reunidos con el alcalde de Tombuctú, Dravi Mega, a inicios de 2013 (PHOTOGRAPH BY NOEL QUIDU, PARIS MATCH/GETTY IMAGES)

El envío de los manuscritos por vía fluvial a la capital, Bamako, fue una operación encubierta increíble. Por favor, explíquenos la escena.

La operación se llevó a cabo en tres etapas. La primera, fue después de que Abdel Kader se preocupó porque los yihadistas podrían hacer de los manuscritos un blanco de alguna operación de destrucción.

Así que mudaron las grandes bibliotecas de Tombuctú a casas en las que pudiesen estar seguras, en la ciudad.

Lo hicieron de noche, guardando los manuscritos en cajas y llevándoselas en carretas tiradas por burros a los sótanos y áticos de personas aliadas.

En la segunda fase, un par de meses más tarde, los sacaron de la ciudad en automóviles: un vehículo tras otro, en constante movimiento, a menudo acompañados por jóvenes guías, a través de más de 600 millas de desierto, pasando por puestos de control, disfrazando la carga en cajas hasta llegar a Bamako, la capital, en el sur.

La tercera fase, después de que el ejército francés invadió la región, y ya era demasiado peligroso trasladar los libros por carretera, implicó llevar los libros en barco a través del río Níger hacia Bamako, para, después, descargarlos de barcos y ponerlos en taxis que los llevarían a destino seguro.

Fue un proceso elaborado y peligroso que se prolongó durante meses, justo bajo las narices de los yihadistas.

Para leer la entrevista completa (en inglés), puede hacer clic en este enlace a la página de National Geographic. 

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