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Las 3 preguntas que toda mujer quisiera que le hiceran

Cara Meredith - publicado el 20/06/16

Si quieres conocer a alguien en un nivel más profundo tienes que saber qué preguntar

Estábamos sentadas sobre una manta fuera del comedor, con los pies descalzos fuera del borde de la tela.

Camilla tenía 13 años, y en un mes habría comenzado el octavo grado en la Escuela Media de Mount Vernon. Yo tenía 26 años y guiaba un ministerio local para las escuelas medias en un campamento de verano, y en esa semana iba ser su consultora y para un puñado de otros estudiantes.

A pesar de mis intentos de preguntarle algo sobre ella, su familia y sus mascotas -preguntas de las que por lo general recibo respuestas de los adolescentes que conozco, porque los niños son menos cautelosos que los adultos-, ella permanecía en silencio.

Estaba desconcertada.

Mi único trabajo para ese día era a hablar con las chicas de mi grupo, pero nada parecía funcionar con ella.

Anna era una apasionada de su trabajo con los estudiantes de la escuela media que dedicaba su vida profesional al cuidado de sus necesidades, primero como guía juvenil, luego como consultora y después como terapeuta de adolescentes.

Si había alguien que sabía cómo llegar a Camilla en este mundo era Anna. Yo suspiraba por saber cómo hacer lo mismo.

«Tengo tres preguntas para ti», le dije, y respiré profundamente. Si esto no hubiera funcionado, nuestra conversación habría sido completamente unilateral.

¿Quién eres? ¿Quiénes son tus amigos? ¿Dónde estás yendo?

Las preguntas no se plantearon en rápida sucesión. Las afrontamos una por una, lentamente. Y con gran placer despertaron el interés de Camilla.

Si bien no me ofrecía largas explicaciones, como lo habrían hecho algunos de sus compañeros, sus respuestas -aunque de una palabra- eran de todas maneras un paso en la dirección correcta.

Esa tarde cambió algo en nuestra amistad. Tal vez empezó a creer que ella me podía importar. Quizás empezó a confiar en mí.

Desde entonces, desde mi experiencia con Camilla, empecé a hacer estas tres preguntas a cada estudiante de escuela media que conocí, porque cuando a una persona joven se le pregunta sobre su identidad, su comunidad y lo que quieren llegar a ser de mayores, sucede algo en lo más profundo de su ser.

Se siente conocida. Se siente comprendida. Se siente escuchada.

Y apuesto a que es lo mismo para los adultos.

Trate de hacer estas tres preguntas después de llegar a una nueva comunidad.

Hace aproximadamente un año, mi familia y yo nos trasladamos de un lado al otro de la bahía de San Francisco.

Moverse 25 millas puede no parecer un gran salto, pero sabíamos que no podíamos contar con las mismas amistades. Sabíamos que tendríamos que abrirnos paso en una nueva serie de calles y barrios. Tendríamos que encontrar nuevas farmacias y una nueva iglesia, y una nueva zona de juegos para nuestros hijos.

Y sabíamos que al final tendríamos que encontrar nuevas personas. Pero recomenzar es difícil, especialmente cuando usted no sabe cuál va a ser la respuesta de los demás.

Fue entonces cuando mi vecina Julie entró en mi vida.

Había oído hablar de varias personas de nuestro bloque. «¿Has conocido a Julie?», «Julie te encantará, tienes que conocerla!», «Tiene hijos más o menos de la edad de los tuyos. Conoce a Julie!». Pero no fui lo suficientemente valiente para ir a llamar a su puerta, al menos no todavía. Y entonces ella tomó la iniciativa.

Llevé a mis hijos al bar de barrio.

«¡Hola!», dijo la extraña.

«Hola …», dije, sin tener idea de quién era.

«Eres Cara, ¿verdad? Soy Julie, tu vecina …». Se detuvo, con la esperanza de que habría reconocido su nombre antes de tener que proporcionar otras explicaciones.

«¡Sí! Julie, ¡sí, sí!». Sentí una extraña excitación. Intercambiamos números de teléfono y me invitó a su casa la semana después.

Mientras estaba sentada en su sala, bebiendo té aromatizado, me hizo una variación sobre el tema de las preguntas que yo representaba a las chicas de la media hace diez años.

Quería saber quién era en realidad. Quería averiguar lo que me dio la vida. Quería conocerme. Entendía que una mudanza no era fácil. Entendía lo que se experimenta al sentirse atrapado en la propia casa, a merced de las siestas del niño.

Entonces me preguntó sobre mis sueños, sobre lo que quería hacer y lo que ya había hecho en la vida.

«Me gusta», dijo al final de nuestra conversación, «y no veo la hora de llegar a ser amigas.»

Le sonrié, impresionada por esta mujer que me hacía sentir interesante, que me hacía sentir conocida. Quería construir una amistad. Quería saber quién era realmente, y lo había hecho haciéndome las tres preguntas que, sin saberlo, me moría de ganas de que me hicieran:

¿Quién soy yo? ¿Quiénes son mis amigos? ¿A dónde voy?

Porque tengamos 13 o 30 años, queremos todavía ser conocidos. Queremos ser entendidos.

¿No están de acuerdo?

____

Por Cara Meredith, escritora y oradora de la bahía de San Francisco. Es miembro de la Asociación de Escritores de BSD y alberga el podscat del club literario de Shalom en la ciudad. Está escribiendo su primer libro sobre el viaje en el aprendizaje de ver los colores. Tiene una maestría en Teología y puede ser contactada a través de su blog, Facebook y Twitter. Está casada con James y tienen dos hijos.

Tags:
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