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Dos obispos, dos posiciones ante el tema de religión y homofobia

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La masacre en el bar gay Pulsde de Orlando sigue haciendo reflexionar

La calificación de terrorismo (interno o externo) y de crimen homofóbico de la masacre del bar gay Pulse en Orlando (donde murieron 49 personas y 53 resultaron heridas) no solo ha enfrentado a conservadores y liberales, o a quienes prefieren o critican la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, sino también ha generado polémica entre los obispos de la Iglesia católica. Por lo demás, una polémica necesaria.

Oportunismo inútil

El obispo de San Cristóbal de las Casas (México), Felipe Arizmendi, ha escrito que, sobre este suceso, calificado como el peor en la historia de las masacres de Estados Unidos, aprovechando la circunstancia, “se oyen voces que dan a entender que la oposición de las diferentes Iglesias del país, católicas y evangélicas, a la iniciativa presidencial (mexicana) de reconocer como ‘matrimonio’ a las uniones de homosexuales, puede provocar violencia contra estos, y que nos deberían investigar si incitamos al odio y al desprecio contra quienes tienen esa orientación”.

En efecto, la “oportunidad” ha sido tomada por muchos defensores de la iniciativa del presidente de México, Enrique Peña Nieto, de homologar matrimonio con uniones de convivencia y permitir a estas adoptar a menores.

“¡No hay que ser oportunistas! Nunca incitamos a la discriminación, pues todos somos hijas e hijos del mismo Dios Padre y hemos de aprender a vivir como hermanos, aunque algunos de ellos no nos traten así”, exclamó en su escrito de esta semana Arizmendi.

Quienes defienden la homosexualidad como si fuera algo “natural”, dice el prelado mexicano, “achacan que somos homofóbicos, que somos culpables de que no se les quiera y de que algunos les insulten y desprecien”.

Y añade: “Nuestra oposición a que se llame “matrimonios” a las parejas del mismo sexo, no es homofobia; es respeto a la naturaleza humana. No es cosa de fe, sino de simple observación del orden natural. Oponernos a que se dé ese calificativo a esas uniones no es por ofender a esas personas, sino por defender lo que es propio del ser humano”.

Esto tiene que acabar

Por otro lado, el obispo Robert Lynch, de San Petersburgo, Florida (Estados Unidos), en una columna de su blog que intituló Orlando, Orlando we love you (“Orlando, Orlando, te queremos”) ha expresado que “lamentablemente” ha sido la religión, incluyendo la nuestra, “la que se dirige, sobre todo verbalmente y también a menudo con desprecio, contra los gay, lesbianas y transexuales”.

El obispo Lynch, quien en mayo pasado presentó su renuncia en orden a su edad, acusó que los ataques hoy a mujeres y hombres LGBT “a menudo plantan la semilla del desprecio y odio, que en última instancia puede conducir a la violencia”.

El prelado estadounidenses, cuya diócesis es vecina de la diócesis de Orlando, relató que cuando vio por televisión a un imán en conferencia de prensa tras los sucesos del Pulse, supo que en algún lugar en la historia habría que buscar y encontrar las raíces religiosas de este tema.

“Mientras que la gente desquiciada hace cosas sin sentido, todos nosotros observamos, juzgamos y actuamos desde algún tipo de formación religiosa. Designar personas para su victimización debido a su religión, su orientación sexual o la nacionalidad, debe ser ofensivo a los oídos de Dios. Tiene que acabar también”, apunto Lynch en su escrito.

Otros dos puntos a destacar de la carta del obispo de San Petersburgo son que si uno es “realmente” pro-vida, debe estar en contra de la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que fue concebida por los padres fundadores de la nación americana, para la defensa de las personas, pensando en pistolas y no en armas que deberían ser solamente para las fuerzas militares (y que se adquieren, fácilmente, en EE.UU.).

Y que calificar a todos los musulmanes bajo la misma idea es un gravísimo error que el país tiene que enfrentar, pues hay muchos musulmanes pacíficos y amables, al igual que entre los católicos, los metodistas, los mormones…

Y apostilló: “El diablo y las intenciones diabólicas no escapan a ninguna denominación religiosa”.

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