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El decálogo del matrimonio, según expertos

Pareja matrimonio feliz noviazgo

Wavebreakmedia | Shutterstock

Felipe Aquino - Redacción de Aleteia - publicado el 17/06/16 - actualizado el 20/12/23

Especialistas en terapia conyugal reunieron 10 reglas que cualquier matrimonio debería seguir para cuidar el amor que se tienen

Al matrimonio todaa las parejas llegan convencidas, motivadas, emocionadas y dispuestas a sacar adelante la relación; sin embargo, en la convivencia diaria comienzan a presentarse situaciones que pueden desgastar ese amor sagrado que hay en la pareja.

Los católicos saben que, al casarse, asumen un compromiso inquebrantable, pero muchas veces -por la misma inexperiencia- no saben cómo mantener ese compromiso y cuidar del amor de pareja que se ve amenazado por vicios y malas decisiones.

Para ellos, Aleteia rescata los diez mandamientos del matrimonio que el Profesor Felipe Aquino expone en su libro Familia, santuario de vida. Estas 10 reglas fueron elaboradas por un equipo de psicólogos y especialistas americanos que trabaja en terapia conyugal.

Beautiful couple hugging and looking at each other

1
Alguien debe buscar la calma

Hay que evitar a toda costa la explosión. Cuanto más complicada es la situación, más necesaria es la calma. Entonces, será preciso que uno de los dos accione el mecanismo que asegure la calma de ambos ante la situación conflictiva. Es necesario convencernos de que la explosión no traerá nada bueno. Todos sabemos bien cuáles son los frutos de una explosión. Por tanto, conviene anticiparse y evitar que la explosión llegue a producirse.

2
No gritarse el uno al otro

A no ser que la casa esté ardiendo, no es necesario gritar.

Quien tiene buenos argumentos no requiere alzar la voz, pues -irónicamente- entre más grita una persona, menos escucha le brinda su interlocutor. Muchas veces gritamos porque necesitamos imponer aquello que no conseguimos con los argumentos y la razón.

3
Si alguien tiene que ganar, que sea el otro.

Perder una discusión puede ser un acto de inteligencia y amor. Dialogar jamás será igual que discutir por la simple razón de que la discusión presupone un vencedor y un derrotado. Por tanto, si por descuido nuestro, el diálogo se transforma en discusión, permite que el otro «venza», para que esta situación termine más rápidamente.

La discusión en el matrimonio es sinónimo de guerra; una lucha sin gloria. «La victoria en la guerra debería ser conmemorada con un funeral», decía Lao Tsé. ¿Qué ventaja hay en ganar una disputa contra aquel que es nuestra propia carne? Es preciso que el matrimonio tenga la determinación de no provocar peleas. No podemos olvidar que basta una pequeña nube para esconder el sol. A veces una pequeña discusión esconde por muchos días el sol de la alegría en el hogar.

4
Si es inevitable llamarle la atención, hazlo con amor

La otra parte tiene que entender que la crítica tiene el objetivo de sumar y no de dividir. La crítica solo tiene sentido cuando es constructiva; y esa es amorosa, sin acusaciones ni condenaciones. Antes de apuntarnos un defecto esaconsejable presentar dos cualidades del otro. Eso funciona como un anestésico para que se pueda hacer la cura sin dolor.

Y lo más importante: reza por el otro antes de abordarle en un problema difícil. Pide al Señor y a Nuestra Señora que preparen su corazón para recibir bien lo que tienes que decirle. Dios es el primer interesado en la armonía del matrimonio.

5
Nunca echar en cara los errores del pasado

La persona es más que sus errores y a nadie le gusta ser caracterizado por sus defectos.

Toda vez que acusamos a alguien de sus errores pasados, estamos trayéndolos de vuelta y dificultando que se libre de ellos. Es preciso que esto no ocurra en los momentos de discusión. En estas horas lo mejor es mantener la boca cerrada.

En los tiempos horribles de la «guerra fría», cuando pendía sobre el mundo todo el peligro de una guerra nuclear, como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas, el Papa Pablo VI avisó al mundo: «la paz se impone solamente con la paz, por la clemencia, por la misericordia, por la caridad».

Tomás de Kempis, en la Imitación de Cristo, enseñó: «primero consérvate en paz, después podrás pacificar a los demás». Por tanto, para haber vida en el matrimonio, es preciso que haya paz; y 3sta tiene un precio: nuestra madurez.

6
Prohibida la falta de atención

La felicidad nace de las pequeñas cosas. La falta de atención para con el cónyuge es triste en la vida del matrimonio y demuestra desprecio por el otro. Sé atento a lo que el otro dice, a sus problemas y aspiraciones.

7
No aplazar la creación de acuerdos

Al día siguiente, a la semana siguiente, al mes siguiente, el problema podría ser mayor.  No se puede dejar acumular problema sobre problema sin plantear y trabajar en una solución.

¿Tú usarías la misma jarra que usaste el día anterior para poner la leche, sin antes lavarla? La leche ciertamente se volverá ácida. Lo mismo sucede cuando discutimos sin resolver los conflictos de ayer.

Los problemas de la vida conyugal son normales y exigen atención y valor para enfrentarlos.

8
Cariño al menos una vez al día

Muchos tienen reservas enormes de ternura, pero olvidan expresarlas en voz alta. No basta amar al otro, es preciso decirlo también con palabras. Muchos hombres tienen dificultad en este punto, algunos por problemas de educación, pero la mayoría porque aún no se han dado cuenta de su importancia.

«Te amo», «eres muy importante para mí»,  «sin ti no habría conseguido vencer este problema», «tu presencia es importante para mí», «tus palabras me ayudaron mucho», «gracias»… Di esto al otro con toda sinceridad y experimentarás lo importante que es.

9
Admitir y pedir perdón

Admitir un error no es una humillación, sino un acto de madurez y respeto. Cuando nos equivocamos no tenemos dos alternativas honradas, solo una: reconocer el error, pedir perdón y procurar remediar lo que hicimos mal, con el propósito de no repetirlo. Esto es ser humilde.

Cuando tenemos el valor de pedir perdón, venciendo nuestro orgullo, eliminamos casi en seguida el motivo de conflicto en la relación, y la paz vuelve a los corazones.

10
Para pelear se requieren dos

Es la sabiduría popular la que enseña esto. Tomar la iniciativa de poner un alto a la discusión será siempre un gesto de grandeza, madurez y amor. Y la mejor manera de lograrlo será no alimentar la discusión. Muchas veces es por el silencio que la calma vuelve al corazón; otras veces será por un abrazo cariñoso, o por una palabra amiga.

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