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El hambre afecta todavía a 800 millones de personas en el mundo

Vatican Insider - publicado el 15/06/16

La visita de Papa Francisco al PMA, el Programa Mundial de Alimentos (World food program, Wfd), ha encendido los reflectores sobre grandes problemas conectados entre sí: la desnutrición que afecta a millones de personas en los países pobres, la distribución de los recursos, los problemas relacionados con la agricultura, con el desperdicio de comida, con la especulación sobre los alimentos… La directora ejecutiva del PMA, Ertharin Cousin, acogió a Papa Francisco como «un defensor de la dignidad de la humanidad». «La verdad», dijo, «es que el mundo tiene el conocimiento, la capacidad y las habilidades» para derrotar el hambre y la desnutrición. Pero lo que necesita, subrayó, es «la voluntad pública y política del mundo».

Revisando los datos que han difundido las diferentes agencias de la ONU que se ocupan de estos temas, la FAO y el PAM entre otras, surge un marco en el que todavía 795 millones de personas sufren el hambre. Sin embargo, hay que decir que la desnutrición absoluta está disminuyendo, aunque el problema siga teniendo dimensiones gigantescas y afecte principalmente a las poblaciones de algunas zonas del planeta. Con respecto a 1990, efectivamente, el número de las personas que no tienen suficiente comida ha disminuido (alrededor de 216 millones), pero esto todavía significa que más o menos una de cada nueve vive con hambre.

Por otra parte, si el hambre está perdiendo terreno, hay que indicar que esta disminución no se verifica uniformemente. Los números indican que Asia sigue siendo el continente con el mayor porcentaje de personas que sufren el hambre en el mundo, mientras que el África Subsahariana es la región en la que el hambre tiene una mayor incidencia (en porcentaje sobre la población), pues una de cada cuatro personas sufre la desnutrición. Y el hambre no afecta a todos de la misma manera: la infancia paga un precio elevadísimo: en los países en vías de desarrollo, uno de cada seis niños (que son alrededor de 100 millones) pesa menos de lo que debería, y un niño de cada seis en todo el mundo sufre un déficit de desarrollo. En los países pobres este porcentaje aumenta hasta llegar a uno de cada tres niños, mientras que 66 millones de niños en edad escolar (que son 23 millones solo en África) van a la escuela con el estómago vacío.

La noticia positiva es que, como sea, en el arco de 25 años (de 1990 a 2015), en los países en vías de desarrollo la desnutrición (que mide el porcentaje de personas que no logran consumir bastante comida para una vida activa y saludable) ha disminuido al 12,9% de la población, una disminución de 23,3%. Estos datos aparecen en el último informe de las Naciones Unidas sobre la inseguridad alimenticia en el mundo. Hay que recordar que la mayor parte de los países monitoreados por la FAO (72 de 129) ha alcanzado el Objetivo del Milenio de reducir a la mitad la desnutrición antes de 2015. En conjunto, los países en vías de desarrollo casi alcanzaron el objetivo por un pequeño margen. Además, 29 países alcanzaron el objetivo más ambicioso de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996: reducir a la mitad el número total de personas desnutridas antes de 2015. Sin embargo, el objetivo final, que fue también evocado por Papa Francisco, es el de «hambre cero».

Por otra parte, en este panorama caracterizado por claroscuros, hay que subrayar también el peso que tienen en relación con la disponibilidad de recursos alimenticios el cambio climático, los problemas medio-ambientales, las catástrofes naturales y los conflictos. Se trata de un conjunto de cuestiones que fueron planteadas por Papa Francisco en su encíclica «Laudato si’», dedicada al cuidado de la casa común. Las Naciones Unidas indican que los eventos meteorológicos extremos, las calamidades naturales, la inestabilidad política y los conflictos civiles también han obstaculizado el progreso económico y social; son 24 los países africanos que están afrontando crisis alimenticias, es decir el doble con respecto a 1990. Alrededor de una persona de cada cinco que sufre hambre vive en ambientes de crisis caracterizados por estabilidad política débil y por una extrema vulnerabilidad a las enfermedades y a la muerte.

Según la ONU, durante los últimos 30 años las crisis han pasado de eventos catastróficos de breve duración, intensos y muy visibles, a situaciones que se extienden temporalmente provocadas por una mezcla de factores, sobre todo por la frecuencia de las catástrofes naturales y de diferentes conflictos (con el cambio climático y las crisis financieras y de los precios como factores que empeoran la situación). Las tasas de la desnutrición y del hambre en los países que sufren crisis prolongadas son tres veces más elevadas que en otros lugares. En 2012, alrededor de 336 millones de personas vivían en situaciones de este tipo (de estos, 129 millones estaban desnutridos), es decir alrededor del 19% de todas las personas que sufren la inseguridad alimenticia en el mundo.

Y es importante la relación entre el hambre y la agricultura: en este ámbito, la FAO calcula que alrededor de la mitad de las personas hambrientas en los países en vías de desarrollo (conformada por el 50% de familias campesinas) sobrevive en territorios desolados y particularmente vulnerables a los desastres naturales como la sequía o las inundaciones. Una de cada cinco personas pertenece a familias de agricultores sin terrenos propios y que dependen completamente del trabajo en el campo. Alrededor del 10% vive en comunidades que dependen del pastoreo, de la pesca y de los recursos naturales. El resto 20% vive en las periferias delas mayores ciudades de los países en vías de desarrollo. El número de personas hambrientas que viven en las ciudades está aumentando con mucha velocidad, paralelamente a la población urbana en el mundo. 

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