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Vademecum del perfecto pastor

©MASSIMILIANO MIGLIORATO/CPP

Isabelle Cousturié - publicado el 14/06/16

Cómo convertirse en un buen sacerdote en 10 lecciones del papa Francisco

Para un sacerdote, tener el corazón del Buen Pastor requiere “acogida”, “inclusión” y “consideración” hacia su rebaño. Este corazón, a semejanza del de Jesús, le dice que “su amor no tiene límites”, que “no se cansa y nunca se da por vencido”, sintetizaba el papa Francisco el pasado 3 de junio durante la celebración de la misa del Jubileo de los sacerdotes y seminaristas, venidos por miles a revitalizarse unidos del 1 al 3 de junio.

El vademécum del perfecto pastor

Después de tres meditaciones en tres lugares distintos –en las basílicas de san Juan de Letrán, santa María la Mayor y san Pablo Extramuros– sobre “El sacerdote, ministro de la Misericordia”, la voluntad del papa fue la de imprimir un auténtico vademécum del perfecto pastor en los corazones y las almas de los casi 6.000 siervos de Dios en la fiesta del Sagrado Corazón –instituida hace 160 años– y que también estuvieron presentes en la Jornada mundial de la oración para su santificación.

El Papa ofreció varios consejos prácticos para que los ministros del sacerdocio no pierdan el rumbo entre las “muchas iniciativas, que los ponen ante diversos frentes: de la catequesis a la liturgia, de la caridad a los compromisos pastorales e incluso administrativos”. Aquí están algunos de esos consejos. Un buen sacerdote…

  1. Mira en el corazón de los fieles

Los sacerdotes están llamados a llegar “al corazón”, es decir, “a la interioridad, a las raíces más sólidas de la vida, al núcleo de los afectos, en una palabra, al centro de la persona”. El sacerdote es como “una brújula” que apunta “tenazmente” hacia nosotros, sobre todo hacia “el que está lejano”, con la inquietud de “llegar a todos” y con el cuidado de “no perder a nadie”.

  1. Va a buscar a sus ovejas

Dios mismo sale a buscar a su rebaño de ovejas (Ez 34: 11-16). El Evangelio dice “va en busca de la oveja perdida” (Lc 15: 4), sin acobardarse por los riesgos; sin demora se aventura fuera de los lugares de pastoreo y fuera de las horas de trabajo. Y no busca el pago de las horas extra. No deja para más tarde su búsqueda, no piensa “hoy ya he cumplido con mi deber”.

  1. No tiene miedo a ser molestado

“¡Ay de los pastores que privatizan su ministerio!”. Un buen sacerdote “no es celoso de su legítima tranquilidad —legítima, digo; ni siquiera de esa—, y nunca pretende que no lo molesten”.

  1. Está abierto a las críticas

El pastor que sigue el corazón de Dios “no defiende su propia comodidad, no se preocupa de proteger su buen nombre, aunque sea calumniado como Jesús”. No teme las críticas y estará “dispuesto a arriesgar con tal de imitar a su Señor”.

  1. Es todo para todos

El Pastor según Jesús deja su corazón disponible a los asuntos de los demás: “No vive haciendo cuentas de lo que tiene y de las horas de servicio: no es un contable del espíritu, sino un buen Samaritano en busca de quien tiene necesidad. Es un pastor, no un inspector de la grey, y se dedica a la misión no al cincuenta o sesenta por ciento, sino con todo su ser. (…) Y como todo buen cristiano,  y como ejemplo para cada cristiano, siempre está en salida de sí mismo. (…) No es atraído por su yo, sino por el tú de Dios y por el nosotros de los hombres”.

  1. Conoce a su rebaño, a cada una de las ovejas

“Cristo ama y conoce a sus ovejas, da la vida por ellas y ninguna le resulta extraña (Jn 10: 11-14). Su rebaño es su familia y su vida. No es un jefe temido por las ovejas, sino el pastor que camina con ellas y las llama por su nombre (Jn 10: 3-4).

  1. Guía hacia la santidad

“Con mirada amorosa y corazón de padre, acoge, incluye, y, cuando debe corregir, siempre es para acercar; no desprecia a nadie, sino que está dispuesto a ensuciarse las manos por todos. El Buen Pastor no conoce los guantes”.

  1. Es humilde y respetuoso

“Ministro de la comunión, que celebra y vive, no pretende los saludos y felicitaciones de los otros, sino que es el primero en ofrecer mano, desechando cotilleos, juicios y venenos”.

  1. Es un artesano de la paz

Escucha con paciencia los problemas y acompaña los pasos de las personas, prodigando el perdón divino con generosa compasión. No regaña a quien abandona o equivoca el camino, sino que siempre está dispuesto para reinsertar y recomponer los litigios”.

  1. Transmite alegría

La alegría de un sacerdote “no es para sí mismo, sino para los demás y con los demás, la verdadera alegría del amor”. Es una alegría fruto de su transformación por la “misericordia que, a su vez, ofrece de manera gratuita”. El sacerdote está “sereno interiormente” y “feliz de ser un canal de misericordia, de acercar al hombre al Corazón de Dios”. La tristeza para él no es algo habitual, sino meramente transitoria. “La dureza le es ajena, porque es pastor según el corazón suave de Dios”.

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