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Fernández: «El pueblo de Dios ha recibido bien ‘Amoris laetitia’»

Vatican Insider - publicado el 13/06/16

«Hay que invitar a los pastores y a los laicos a que lean y discutan sobre todo los capítulos 4 y 5 de ‘Amoris laetitia’. El capítulo sobre la doctrina, el tercero, es muy clásico. Pero pide que toda la enseñanza sobre el matrimonio sea interpretada a la luz del kerygma, y eso debemos hacerlo nosotros. La mayor parte del pueblo de Dios ha recibido bien el documento». Lo afirmó el arzobispo Víctor Manuel Fernández, rector de la Universidad Católica Argentina y teólogo muy cercano al Papa

Usted formó parte de la comisión encargada de escribir el documento final del Sínodo. ¿Qué tanto tuvo en cuenta el documento papal los trabajos del Sínodo?

El texto de ‘Amoris laetitia’ está lleno de citas de las relaciones finales de los dos Sínodos. Pero hay que comprender el Sínodo como un recorrido, que incluye las respuestas de todo el mundo que llegaron a Roma, muchísimas cartas que recibió el Papa a lo largo de esos años, y, sobre todo, la escucha personal del Papa que recibía cada palabra de los padres sinodales. Muchas de esas ideas tal vez no acabaron en las dos relaciones finales, pero para el Papa eran muy importantes. Así, el Papa se creó ese ‘poliedro’ que no se comprende si se toma en consideración cada una de las opiniones por separado. Como sea, es cierto que el Papa añadió algo muy personal en ‘Amoris laetitia’. Su comentario a 1 Corintios 13, por ejemplo, o su insistencia tan fuerte sobre el crecimiento del amor, que estaba presente en los dos Sínodos, pero no con la fuerza que encontró en ‘Amoris laetitia’.

Según su opinión, ¿cuáles son las partes más significativas y más importantes de ‘Amoris laetitia’? ¿Y cuáles serían sus novedades?

Sin duda, como lo dice el mismo documento, los capítulos centrales son los que están dedicados al amor, porque, como afirma el subtítulo, este es un documento ‘sobre el amor’. Por ello se puede decir que el texto más importante es el himno a la caridad de san Pablo. Hay que invitar a los pastores y a los laicos a leer y discutir sobre todo los capítulos 4 y 5, que el Papa ha escrito con particular cuidado. El capítulo sobre la doctrina, el tercero, es muy clásico. Pero pide que toda la enseñanza sobre el matrimonio sea interpretada a la luz del kerygma, y eso debemos hacerlo nosotros. Y después, en ese capítulo se afirma que la vida sexual del matrimonio también es un camino de crecimiento en la gracia. Esto supera definitivamente cualquier dualismo. Otra cuestión que hay que subrayar es que sobre las cuestiones pastorales se delega ampliamente la reflexión a las Iglesias locales y a los obispos. Así continúe y sigue adelante una descentralización. No se dice desde Roma: ‘Esta debe ser la pastoral famiiar’. Se dice: ‘Cada diócesis encontrará sus caminos pastorales’».

En muchas partes se escucha que habrían sido oportunas indicaciones más claras sobre el discernimiento (en referencia al capitulo octavo). ¿Puede explicar el sentido de este recorrido que ha propuesto el Papa?

Hay que aclarar dos cosas. La primera: lo que dice el Papa en el capitulo octavo no se debe reducir a la cuestión de los divorciados que se han vuelto a casar. Es muy importante, para abrir nuevas puertas tanto a la teología moral como a la pastoral, que se vuelvan más misericordiosas, que sean más transformadas por el primado de la caridad y que estén más cerca de la realidad concreta de las personas. Y luego, el Papa no quiso desarrollar más la cuestión de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, porque quería que fuera solo una pequeña alusión que abriera una puerta pastoral, y no una cuestión fundamental. La mayor parte de las páginas de ‘Amoris laetitia’ se dedican a promover el crecimiento del amor, y es lo que ha propuesto el Papa. Claro, se trata de un paso importante después de ‘Familiares Consortio’. Pero es mejor dejar que los obispos, en diálogo con el Papa, reflexionan sobre este tema. Para la Iglesia entera, los temas principales son otros. El tiempo pondrá las cosas en su lugar, y así lo cree el Papa: ‘el tiempo es superior al espacio’. Algunos cambios harán demasiado ruido, pero luego todo se arregla.


¿No parece, a veces, que la Diócesis de Roma termina identificada con las estructuras de la Curia romana?

Una cosa es la Diócesis de Pedro y otra cosa son las estructuras de la Curia vaticana, que tiene importancia sólo en la medida en que es una ayuda al Papa y al Colegio de los Obispos. No es parte esencial de su misión. Es sólo una ayuda «para el ejercicio» de su ministerio, que puede estructurarse de maneras muy diversas a lo largo de la historia. Es más, podría ser una estructura mínima.

Que algunas oficinas de la Curia puedan estar fuera de Roma creo que es algo que se podría discutir. Por ejemplo, el Pontificio Consejo para la Cultura o la Pontificia Academia de la Vida, o la Congregación para las Causas de los Santos, podrían estar en otros lugares del mundo. Con el avance creciente de las comunicaciones esto no obstaculizaría la tarea del Papa. De hecho, hay Cardenales de la Curia romana que viajan con mucha frecuencia a distintos lugares del mundo, y también es un hecho que hay Cardenales y Obispos que colaboran con el Papa a la distancia, sin necesidad de habitar en la ciudad de Roma. Sería algo que podría discutirse sin dificultad y quizás, en algún caso, ayudaría a una «saludable descentralización.

Usted participó el año pasado, en octubre, en un Simposio que reunió a importantes teólogos en la sede de «La Civiltà Cattolica», para reflexionar acerca de la reforma de la Iglesia. ¿Se podrá acceder a las conclusiones?

Pronto se editará una obra que recogerá las distintas conferencias. Desde un profundo espíritu de comunión con el Papa Francisco, allí se intentó recoger su propia propuesta de reforma de la Iglesia, su invitación a pensar en un estilo más sinodal, y el pedido que hizo en ‘Evangelii Gaudium’ -que no parece haber tenido eco- de otorgar mayores atribuciones a las Conferencias Episcopales, incluyendo alguna autoridad doctrinal. Los avances son muy lentos, no porque el Papa no los aliente sino porque los teólogos y pastores no parecemos reaccionar con generosa creatividad.

¿Cómo cree que se está realizando la recepción de Amoris Laetitia?

En algunos lugares se está realizando con mucho entusiasmo, generosidad y responsabilidad. Particularmente, muchos se han tomado felizmente en serio los capítulos centrales -el 4 y el 5- que son los que el Papa quiso destacar. Otros se entretienen excesivamente -a favor o en contra- en la cuestión de la comunión a los divorciados vueltos a casar. Pero sabemos que el Papa, si bien ha abierto esa puerta a partir del discernimiento especial de algunas situaciones, lo ha considerado un tema secundario, como lo muestra el escaso lugar que ocupa en el documento en comparación con el resto de los temas. Llama la atención la reacción de algunos grupos católicos que se resisten a aplicar el documento, con toda la riqueza que contiene, sólo porque están molestos con el modo de tratar lo referido a las situaciones irregulares.

¿Ha sido diferente la recepción de los documentos anteriores?

En realidad no. Si bien algunos grupos minoritarios reaccionaron con especial virulencia ante ‘Amoris ‘aetitia, tampoco habían sido entusiastas con ‘Evangelii gaudium’, y menos con ‘Laudato si’’. Se han expresado frente a ellos con ironía y desprecio. La mirada sobrenatural hacia la función del Papa en la Iglesia parece ausente en estos grupos. Pero gracias a Dios no es ésa la actitud de la inmensa mayoría del Pueblo de Dios.

Por ejemplo, en los últimos meses en Argentina hubo fuertes movimientos mediático-políticos tendientes a ridiculizar a Francisco, pero una encuesta reciente organizada por el poderoso periódico «Clarín» muestra que el Papa tiene un 75% de imagen positiva y sólo un 4% de imagen negativa. Así se confirma la discreta y silenciosa fidelidad del Pueblo más allá de los ruidos y de las críticas. Por otra parte, el testimonio que Francisco está ofreciendo al mundo, ha ayudado a que la Iglesia sea tomada más en cuenta, sea escuchada con más atención y se produzca una nueva receptividad frente a la persona de Jesús. Los frutos de este don del Espíritu comenzarán a verse con el tiempo, pero no podemos negar que se han abierto para la Iglesia nuevas posibilidades evangelizadoras que deberíamos aprovechar mejor.

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