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Un tratamiento del siglo XII para perder peso

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La Trotula, un tratado medieval de medicina femenina, incluye ciertos consejos para bajar de peso que quizá no querríamos aplicar hoy

Comúnmente se ha llamado Trotula a un compendio de tres libros sobre medicina femenina –precisamente lo que hoy llamaríamos ginecología- escritos en el siglo XII, en Salerno, por la que quizá fuese la galena más célebre de la tardía Edad Media: Trota de Salerno, médico y escritora.

Como suele pasar en estos casos, sólo uno de los libros es de su autoría, y los demás le han sido atribuidos.

El texto –cuyo nombre real es Condiciones de la mujer, tratamientos para la mujer y cosmética de la mujer, correspondiendo cada título a cada uno de los tres libros- se hizo tan popular que, incluso, se confundía el nombre del texto con el de su autora, llamándola “domina Trotula”, en lugares tan distantes de su Sicilia originaria como Polonia e Irlanda.

Comúnmente se ha llamado Trotula a un compendio de tres libros sobre medicina femenina –precisamente lo que hoy llamaríamos ginecología- escritos en el siglo XII, en Salerno, por la que quizá fuese la galena más célebre de la tardía Edad Media: Trota de Salerno, médico y escritora.
Comúnmente se ha llamado Trotula a un compendio de tres libros sobre medicina femenina –precisamente lo que hoy llamaríamos ginecología- escritos en el siglo XII, en Salerno, por la que quizá fuese la galena más célebre de la tardía Edad Media: Trota de Salerno, médico y escritora.

Uno de los textos contenidos en el tercer libro, De ornatu mulierum, sin embargo, también contiene consejos para ambos sexos. Por ejemplo, este tratamiento para perder peso, que tiene especificaciones dependiendo del sexo del paciente:

“Si la mujer es gorda y aparentemente hidrópica (esto es, que retiene líquidos) vamos a mezclar estiércol de vaca con muy buen vino la untamos con esta mezcla. Luego, la hacemos pasar a un baño de vapor cerrado hasta el cuello, que debe estar muy caliente, con un fuego hecho de madera vieja, y en él, mientras ella permanece dentro, le permitimos emitir una gran cantidad de sudor. A los hombres gordos los tratamos de otra manera. Hacemos para ellos una tumba junto a la orilla del mar, en la arena, y de la manera descrita (esto es, con una mezcla de buen vino y estiércol de vaca), los ungimos, y cuando el calor es muy intenso los enterramos, hasta la mitad, en la tumba abierta en la arena. Estando allí, los cubrimos con la arena caliente y allí los dejamos sudar mucho. Después, los lavamos muy bien con el agua del baño anterior”.

 

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