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Dios ante la muerte no nos dice «arréglatelas» sino «dámela»

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El papa Francisco canoniza a Estanislao de Jesús y a María Isabel Hesselblad

La Iglesia universal se engalana con los nuevos santos fundadores:Estanislao de Jesús y María y María Isabel Hesselblad, canonizados por el papa Francisco este domingo 5 de junio.

Estanislao de Jesús y María  -Jan Papczyński- sacerdote, fundador de la Orden de Clérigos Marianos de la Inmaculada Virgen María, nacido en Polonia. Y María Isabel Hesselblad, virgen, fundadora de la Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida, nacida en Suecia.

En la homilía, de la misa con el rito de canonización, el Papa subrayó que en ellos – que  «permanecieron íntimamente unidos a la pasión de Jesús», «como hizo la Virgen María, que sufriendo junto a Jesús recibió la gracia de esperar contra toda esperanza» – «se ha manifestado el poder de la resurrección» del Señor.

Con la Palabra de Dios del décimo domingo del tiempo Ordinario, el Obispo de Roma hizo hincapié en el acontecimiento central de la fe: la victoria de Dios sobre el dolor y la muerte.

«Es el Evangelio de la esperanza que surge del Misterio Pascual de Cristo, que se irradia desde su rostro, revelador de Dios Padre y consolador de los afligidos», recordó, reflexionando luego sobre la primera lectura y el Evangelio del día.

Estas lecturas de la misa de hoy presentan dos signos prodigiosos de resurrección, el primero obrado por el profeta Elías, el segundo por Jesús, en el que se revela plenamente la ternura de Dios.

«Dame a tu hijo», son las palabras que resuenan en ambos casos. Los muertos son hijos muy jóvenes de mujeres viudas – la viuda de Sarepta y la  viuda de Naín- que son devueltos vivos a sus madres.

Con la «actitud de Dios ante nuestra muerte, en todas sus formas», que no nos dice ‘arréglatelas’ sino que nos dice ‘dámela’, el Papa dijo asimismo que «una especie de resurrección es la del Apóstol Pablo, que de enemigo y feroz perseguidor de los cristianos se convierte en testigo y heraldo del Evangelio».

«Y también con los pecadores, a todos y cada uno, Jesús no cesa de hacer brillar la victoria de la gracia que da vida. Dice a la Madre Iglesia: «Dame a tus hijos», que somos todos nosotros. Él toma consigo todos nuestros pecados, los borra y nos devuelve vivos a la misma Iglesia. Y esto sucede de modo especial durante este Año Santo de la Misericordia», señaló el Papa.

Y subrayó que «la Iglesia nos muestra hoy a dos hijos suyos que son testigos ejemplares de este misterio de resurrección».

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