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Indígenas reivindican seguir escuchando al pájaro de las 400 voces

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El cenzontle y el jilguero podrían desaparecer en Santiago Tilapa a causa de una explotación minera

“Cenzontle”, vocablo que deriva del náhuatl centzontototl, quiere decir “ave de las 400 voces”. Desde la antigüedad prehispánica,ha sido una de las aves más cercanas al corazón indígena.

Los antiguos mexicanos se dieron cuenta de que los cenzontles, en especial los machos experimentados, pueden emitir de 50 a 200 melodías diferentes, además de poder imitar cantos de otras aves, sonidos de animales e incluso ruidos de maquinarias.

Su nombre científico es Mimus polyglottos, por sus “muchas lenguas” y podría desaparecer –junto con el jilguero—en las inmediaciones del milenario pueblo indígena otomí de Santiago Tilapa, en el municipio de Tianguistengo, Estado de México; en el centro del país.

La acusación la han lanzado indígenas que habitan este pequeño poblado, como resultado de la explotación de una mina que “se ha convertido en la manzana de la discordia que responde a los intereses de unos cuantos, entre ellos algunas ex autoridades y autoridades del Comisariado Comunal, Delegados Municipales y ¡hasta la Liga de fútbol!”.

Para los indígenas otomíes, el daño ambiental que está produciendo una mina habrá de afectar a varias generaciones.

Han devastado hermosos paisajes en contubernio con empresas carreteras que operan en la región a nombre del progreso; con ello el hábitat de plantas y animales de nuestro milenario Cerro Cuate que durante siglos fue orgullo de nuestros abuelos otomíes se encuentra a punto de desaparecer”.

Más adelante, explicaron que en esa región es delito y se encarcela a la persona que recoja leña para sobrevivir a causa de Delitos Contra el Medio Ambiente, “mientras que grandes autopistas, nuevas zonas habitacionales, donde se derriban miles de árboles y destruyen el ecosistema de nuestros pueblos originarios, son aplaudidos por los gobernantes como símbolo de modernidad y progreso”.

Los habitantes de esta región no han sido consultados ni han dado su consentimiento libre, previo e informado –según el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo—para construir carreteras y explotar las minas.

El canto del jilguero y el cenzontle en nuestros sagrados cerros pueden extinguirse para siempre; es tiempo de reflexionar”, terminan diciendo en su comunicado las comunidades otomíes de Santiago Tilapa, quienes recuerdan en su comunicado internacional que “la naturaleza no pertenece al hombre, sino el hombre pertenece a la naturaleza”.

Fuente: Red Latina sin Fronteras

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